|
|
|
Pelayo López |
FIRMA DE OPINIÓN |
|
|
|
Micro abierto | |
|
|
|
Pelayo López nació un 3 de septiembre de 1976 y comenzó a dar sus primeros pasos de la mano de la democracia en las calles de uno de los enclaves que más ha reivindicado sus derechos a lo largo de la historia: Mieres, en el corazón de las cuencas mineras asturianas. Licenciado en Geografía e Historia, su vocación crítica con la actualidad queda reflejada en Siglo XXI todos los lunes a través de su rincón 'Micro abierto'. Se le puede escuchar, igualmente, en Oid Radio, de lunes a viernes de 12 a 14 h. en el magazine matinal 'La Radiografía' que él mismo dirige y copresenta. Se reconoce 'cinéfago' -su película favorita es 'Azul'- y publica críticas en este mismo diario. Dirige también el programa 'Cinentérate', que se emite todos los viernes en esa misma sintonía de 12.30 a 13 h.
|
| |
|
| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
|
|
| “Antes que el diablo sepa que has muerto”: la guadaña del infierno ha pasado de largo |
|
| Afortunadamente, el látigo del Doctor Jones no ha fustigado tan fuerte como parecía y ha dejado algún resquicio para que, al menos, algún que otro título interesante se cuele en nuestra cartelera. Y lo del título, a la vista salta, es una afirmación rotunda. Brillantez exquisita en ese sentido para la nueva película de Sidney Lumet, octogenario realizador que, pese a sus ochenta y tantos, vuelve a demostrar que la edad no es una tara para conservar un pulso "endiablado". No obstante, con credenciales como Serpico o Tarde de perros en su bagaje, aquí se deshace de una etiqueta habitual en su filmografía, la judicial -como por ejemplo ha conservado hasta en su anterior proyecto Declaradme culpable-, para centrarse en otro tipo de juicios morales de carácter personal y familiar con ciertos tintes de moraleja bíblica. |
|
A priori, poco o nada tienen que ver Reservoir dogs de Quentin Tarantino y El sueño de Casandra de Woody Allen. Sin embargo, la nueva película de Lumet utiliza la misma excusa que la primera, un robo que deriva en situaciones personales tensas, y la misma historia de la segunda, dos hermanos en apuros económicos deciden dar un "golpe" al negocio familiar, para construir su propio y complejo entramado, uno de los principales lastres de la historia, aparte de su injustificada duración fruto de semejante poliedro, ya que someterse a la nueva ola de montaje a cachos, pese a que no se queda atrás en este sentido aún cuando la lejanía generacional de sus habituales precursores es inmensa, lía demasiado la trama y hace mucho más difícil de seguir el argumento. Demasiados puntos de vista y un principio que, a diferencia de lo que ocurre en otras películas elípticas, aquí no es posteriormente el final sino el inicio de la verdadera catástrofe.
Philip Seymour Hoffman, en su línea aunque ciertamente repetitivo, y Ethan Hawke, maravillosa composición a la que ayuda ese rostro de eterno adulto adolescente, son hermanos y, por distintas circunstancias, se encuentran en apuros monetarios. Aunque su relación ha sido la estrictamente necesaria, de hecho las envidias entre ellos quedarán patentes en el metraje, ambos creen encontrar la solución dando un "palo" a la joyería de sus padres. Como suele ocurrir en el cine, nada sale según lo esperado y la cosa se tuerce. Entre otras contrariedades, la madre resulta herida de muerte, el padre sumido en una obsesión por encontrar a los culpables y precisamente éstos, sus propios hijos, sacarán a relucir sus propias tensiones, máxime cuando la esposa del mayor es, al mismo tiempo, la amante del primero. Ella es Marisa Tomei, que aporta las únicas dosis humorísticas del metraje y saca a relucir sus encantos, muy temprano -¿por qué no reconocerlo?- cuando podían haberse exhibido más avanzada la historia. Limitada su presencia, desde luego, pero tampoco da para más su personaje "florero". Magistral, sin embargo, Albert Finney. Una nueva lección a cargo de un maestro. Sin muchas palabras, pero con muchos matices.
En una cinta como la presente, en la que se supone que los personajes deben evolucionar de algún modo, todos y cada uno de ellos mantienen sus principios y convicciones, los que los tienen, desde el principio y hasta el final, lo que supone una especie de huída hacia adelante -fantástica escena la de la "evasión" del personaje de Hoffman cuando acude a visitar a su camello-. Este clásico moderno, que no obra maestra -por los handicaps anteriormente mencionados-, sirve de rúbrica contractual futura para confirmar que, afortunadamente en el caso de Lumet -y esperemos que por algún tiempo más-, la guadaña del infierno ha pasado de largo.
| | Viernes 30 de mayo de 2008 |
| | |
| “Chantaje”: ¿lo que pagamos es el rescate o el “peaje”? |
|
| Con todos los palos que le han caído a este título, me parece navegar contracorriente y ser uno de los pocos valedores de esta cinta de Mike Barber, un director asentado en la normalidad y alejado de las extravagancias del que aún recordamos, no sé si por la exhuberante presencia de Scarlet Johansson, A good woman. En el presente caso, una vez más, el realizador navega por las aguas de la normalidad y se acerca al thriller desde algunos clichés propios de la fórmula en los que, no obstante, incide con desigual fortuna: una equilibrada dosificación de tensiones y calmas en sucesivas escenas, un giro final nuevamente iterativo y realmente innecesario, etc. |
|
Un matrimonio perfecto, con todos los soportes básicos de dicha perfección –trabajo, casa e hija-, sufre, de repente, el asalto vital a los puntos débiles de su relación por parte de un personaje del cual lo ignoran todo y, por lo tanto, desconocen los motivos ocultos de la situación en la que se ven inmersos. El título original que se manejó, Butterfly on a wheel, podía haberse utilizado también en la traducción. Aunque más poético, su esencia aparece en una de las escenas clave, quizás la más memorable del metraje, desarrollada en la torre de un reloj. Por el contrario, es el final, uno de esos momentos que deben atrapar al espectador, el que nos hace echar por tierra la visión sobre el conjunto de la película, que, en general, nos ha entretenido y ha cautivado nuestra atención. Las pistas que nos han ido dejando, algunas bastante clarificadoras –como el trato del secuestrador hacia la mitad fememina de la pareja-, se rematan con una explicación pormenorizada e injustificable desde el punto de vista cinematográfico, hasta el extremo de hacerlas una por una.
En lo que se refiere al reparto, tampoco los críticos de turno parecen salvar a ninguno de los 3 protagonistas, y eso que estamos hablando de actores a los que, con anterioridad, más de uno de esos mismos comentaristas han aplaudido en otros papeles: a Pierce Brosnan como James Bond, a Gerard Butler como Leónidas y a Maria Bello en cintas como Una historia de violencia. Puede que la tara de mayor calibre con la que ha tenido que lidiar, supongo que solamente en nuestro país este trío, sea el doblaje, bastante nefasto si hemos de reconocerlo. Mientras que el ex agente 007 causa desasosiego –yo no lo querría como vecino con esta “fachada”-, y la madura pero enormemente atractiva exgerente de El Bar Coyote es la que defiende con creces el personaje de mayor evolución, el rey espartano defraudará a buen seguro porque no es capaz de lidiar con unas características de ciudadano de a pie, sobre todo al género femenino ocultado ahora su torso desnudo y rasurándose la barba.
En resumidas cuentas, esta mezcla de The game y Rescate, donde comparte producción también Mel Gibson, recurre demasiado a la acción y no profundiza lo suficiente en las tramas personales que, posteriormente, se constituyen como detonantes del entramado argumental. ¿De verdad alguien es capaz de montar semejante “conspiración” para enseñar una moraleja?. Con todo lo negativo que se ha dicho sobre esta película, ¿lo que pagamos es el rescate o el “peaje”?
| | Martes 6 de mayo de 2008 |
| | |
| “Todos estamos invitados”: de un compromiso meritorio a una invitación sin remite |
|
| Como no podía ser de otro modo, tengo que empezar el comentario de la última película de Manuel Gutiérrez Aragón dándole la enhorabuena al director torrelaveguense, y, además, por partida doble. Por un lado, por su cosecha de premios en el reciente Festival de Málaga, donde ha conseguido el Premio Especial del Jurado y el Premio al Mejor Actor de Reparto por la interpretación de Oscar Jaenada. Sin embargo, una vez visto el resultado final, me parece que los aciertos de esta propuesta, tan arriesgada como necesaria, no alcazan similares cotas que las auspiciadas por unas mejoras notables asequibles con otro planteamiento distinto. |
|
El argumento deriva por la amenaza terrorista a un profesor universitario, la “amnesia” de un etarra tras sufrir un accidente y el vínculo que entre ambos se establece a través del tercer vértice –la pareja del primero y psicóloga del segundo-. Sinceramente, creo que, a la hora de asumir el riesgo, debería haberlo hecho completamente. Me explico. 3 personajes, una trilogía. En esta cinta, y tal y como están abordados los distintos puntos de vista, las expectativas no se cumplen salvo a brochazos esporádicos. De este modo, los personajes podrían desarrollarse y tendríamos ocasión de acercarnos y reconocer, con mayúsculas, una situación que, no por expuesta en los medios, deja de ser “desconocida” y ajena. Pese a todo, reconozco la brillantez de algunos retazos fruto de una veteranía y solidez incuestionables. Particularmente, a ese respecto, destacar los preparativos de la primera cena de las típicas sociedades gastronómicas –la suculenta cocina vasca está muy presente-, y su desarrollo paralelo a la fermentación de la amenaza, culminado con una declaración de intenciones y, sobre todo, miedo. Contrarresta ese efecto positivo la excesiva sensiblería de otros fragmentos, como un paseo de pareja por la playa saturado de incredulidad a ojos del espectador, o locuras con reminiscencias a los dibujos animados como el sueño bipolar entre ángel y demonio. Y, a modo de responsabilidad colectiva, entre los momentos en los que entonar “mea culpa” por parte de todos, figuran las lecciones de autoprotección o el momento en el que se transmite entre rangos terroristas la orden de asesinato.
El reparto tampoco parece ser la mejor baza de la cinta, fundamentalmente si atendemos al tandem protagonista. Ni José Coronado ni Oscar Jaenada resuelven sus papeles con la solvencia requerida, en el primer caso pese a contar con las bases precisas para desarrollar su doble faceta de seductor y tipo duro y, en el segundo, porque no aprovecha los hilos cedidos para tejer mayor fuerza y duda a su personaje. No tengo duda alguna de que lo mejor del elenco lo encontramos en dos secundarios: Iñaki Miramon e Iñake Irastorza, la madre del personaje interpretado por Josu Jon. El primero temible y la segunda abnegada, protagonizando además ésta última el final de la película, puede que lo mejor de su metraje. Ambos soberbios. De Vanessa Incontrada, la chica, poco podemos decir. La belleza italiana, nada que ver con su rotunda compatriota Monica Belucci pero también con un aura seductora a través de una mirada de miel sobre un rostro pecoso, podríamos decir que prácticamente hace de sí misma. ¡Otros seguramente se identificarán a si mismos en un paisaje urbano de sobra conocido por estos lares pero ataviado con barricadas y humo!.
En otras latitudes, el terrorismo lleva abordándose mucho más tiempo a través del cine, una presencia que, aunque no ha sido abundante en nuestra cinematografía, sí nos ha dejado unos cuantos títulos de diferente calidad. De Yoyes a La pelota vasca, de Días contados a La muerte de Mikel, e incluso una película con cierto parecido filmada por otro cántabo: La playa de los galgos, de Mario Camus. En este caso, incluso la textura adelantada en el trailer desaparece de la pantalla, un aporte que anunciaba una mayor credibilidad y realismo. Como no todas las partituras cinematográficas de nuestro país son obra de Alberto Iglesias, no me queda más que aplaudir la música de Angel Illarramendi. ¡Ya entenderéis el motivo!. Confieso que, entre la última producción de Manuel Gutiérrez Aragón, me quedo con La vida que te espera. Supongo que, entre otros aspectos, por la cercanía. Su última propuesta, lo siento, pasa de un compromiso meritorio a una invitación sin remite.
| | Jueves 17 de abril de 2008 |
| | |
| "La noche es nuestra": luces brillantes ensombrecidas por cuestiones de rango |
|
| A estas alturas, posiblemente todos sepáis que el título de esta película, “we own the night” en su versión original, hace referencia al lema de la policía neoyorkina en los duros años ´80. Algo similar al “para proteger y servir”, o quizás menos oficial y más gremial entre los “micky mouses” de azul. ¡Qué recuerdos a Canción triste de Hill Street!. Nuestro desembarco semanal de cintas norteamericanas nos ha permitido, recientemente, tener la oportunidad de ver bastantes títulos de características similares a la presente, de modo que, como suele decirse, “quien golpea primero, golpea dos veces”. Eso parece haber ocurrido con Infiltrados, American gangster… y ahora La noche es nuestra, cintas de gran parecido que han ido perdiendo el interés pese a que se haya dado una relación inversa entre la fecha de llegada y la calidad que nos ofrecen. |
|
James Gray es el nombre del director de esta historia sobre dos hermanos distantes, uno policía y otro vividor –gestiona un club de éxito-, en la complicada trama delictiva y policial del Nueva York de los ´80, donde las drogas campaban a sus anchas en las discotecas de moda tipo la ya famosa Studio 54. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos acabará haciendo que ambos recapaciten sobre su estilo de vida. Y los hermanos en cuestión, y aquí también productores, son Mark Wahlberg, que curiosamente también estaba en el thriller de Scorsese, y Joaquin Phoenix. Ambos repiten a las órdenes del director después de hacer lo propio en La otra cara del crimen. La trama no es nueva en la filmografía de Gray, puesto que es su baza habitual, aunque hay que reconocerle el talento de ir ganando en firmeza y pulso en cada entrega.
Junto a ellos, uno de esos actores veteranos inconmensurables olvidado ante la fama de otros de su generación –pero actor de mayor capacidad que muchos de ellos-, Robert Duvall, y la hispana Eva Mendes. Aunque su papel se asemeja bastante al de novia de Denzel Washington en Training day, aquí tiene mayor presencia y tiempo para demostrar que no sólo es una cara y un cuerpo bonito. No es definitivo, pero sí un buen acicate para continuar en esta vertiente dramática. En esta especie de mezcla entre Promesas del este y El verano de Sam, todos los personajes tienen la gran baza de sufrir en el desarrollo del metraje una evolución y una transformación de criterios y comportamientos. No obstante, en esa tesitura entre el problema policial y el drama familiar del argumento, unos lo aprovechan más que otros. Wahlberg está justito, y Phoenix, reconozco que hasta ahora no me había parecido para tanto, desborda en un papel difícil rayando momentos de nominaciones merecidas.
Es cierto que la cinta empieza muy arriba, y que pierde ritmo, pero es una necesidad comprensible ya que las drogas son sólo un pretexto para presentar los conflictos personales de carácter familiar y en pareja. Y, no obstante, en esa segunda parte más tranquila, es donde encontramos la mejor escena de la película, una persecución automovilística bajo la lluvia, ¡esto no tiene nada que ver con Corrupción en Miami!, digna de mentes lúcidas como De Palma, Lumet o Friedkin. Y la secuencia en la que comienzan a voltearse las tornas, cuando el protagonista cruza la línea de la violencia ante la duda de vivir o morir, tampoco desmerece en absoluto. A más de uno, como curiosidad, les vendrá a la cabeza, o al menos a mi sí, la tomadura de pelo que hubo hace unas semanas con un doble de Nicolas Cage en el palco del Real Madrid. ¿el colega bromista del protagonista de esta película no tiene cierto aire a la estrella?. ¿Sería él quien se paseó por las tribunas VIP del Bernabéu?. Bromas aparte: Martin Scorsese, Ridley Scott… unos ponen el nombre y otros el talento, así que, como ocurre en casi todas las disciplinas, en el cine también hay luces brillantes ensombrecidas por cuestiones de rango.
| | Martes 1 de abril de 2008 |
| | |
| “Los falsificadores”: de borrones, cuentas nuevas y recordatorios insistentes |
|
| Estar de moda no es lo mismo, como diría Alejandro Sanz, que ponerse pesados. Además, reincidir en exceso, aunque lo ofertado tenga calidad reconocible y permita ofrecernos una nueva visión sobre los acontecimientos históricos que no conviene olvidar, no parece la mejor receta posible. Estamos hablando del cine alemán, en este caso una coproducción con Austria. A pesar de haber conseguido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y de resultar difícil echar por tierra cualquiera de los apartados que conforman una película, Los falsificadores, por mucho talante que proporcione –ya que el mensaje no parece tan claro como en otros títulos-, para muchos no parece conseguir sin embargo, utilizando el lenguaje político actual en nuestro país, aportar el carisma suficiente como para transmitir lo que otras películas de su género han hecho. |
|
El metraje en cuestión, equilibrado y comercial a diferencia de otras películas del género que exceden el aguante del espectador, refleja la conocida como Operación Bernhard, una misión germana planeada para producir libras y dólares y socavar las economías de sus adversarios en la II Guerra Mundial. Lo curioso de la misma no es el qué sino el cómo. Los encargados de semejante empresa no fueron otros que un grupo de judíos presos en un campo de concentración, liderados, eso sí, por Salomón Sorowitsch, uno de los mayores falsificadores de la Alemania de la época que también permaneció en cautiverio y que supo moverse entre dos aguas, la de los suyos y la de los nazis, para acabar salvando de la “quema” a más de uno y pasar, así, de criminal a héroe –la condición humana no es plana sino evolutiva-. Karl Markovics, premiado con la Espiga de plata en Valladolid, es el jefe de esta peculiar imprenta. Su rostro nos suena, al principio de la película, por haberle visto en la pequeña pantalla en Rex, un policía diferente. No obstante, su acertada, y por momentos emotiva interpretación –algunos incluso han llegado a comparar sus facciones y comportamientos con los de Humphrey Bogart-, hará que al término de la cinta le recordemos por este papel.
Amén, El hundimiento, El último tren a Auschwitz, La zona gris… son sólo algunos de los títulos recientes en torno al Holocausto judío. Sin acercarse, ni mucho menos, a La vida es bella, el austríaco Stefan Ruzowitzky, de quien únicamente conocíamos su doble entrega de Anatomía por la presencia de Franka Potente, nos ofrece un soplo de mentol con cierto dulzor, una condición que para unos supondrá casi un sacrilegio y para otros una aportación diferenciadora. En esta cinta no se ven cámaras de gas, ni vagones de tren colmados de personas deportadas. Por el contrario, si se muestran ropas de cama de cierta calidad, descansos dominicales incluso con ocio… El marco escénico prácticamente se limita a dos barracones, y ahí es donde tienen lugar las relaciones personales que marcan el desarrollo narrativo. Dentro de la enorme magnitud de la barbarie, cabe recordar que víctimas y verdugos eran seres humanos, y que las generalizaciones nunca son atinadas. Hay un largo y extenso campo de batalla en todas direcciones: las diferencias de criterio entre las víctimas –los colaboracionistas por supervivencia y los saboteadores por convicciones-, la “humanidad” de los verdugos –ajusticiar por expresa demanda a un enfermo terminal- y los negocios entre unos y otros –en una guerra se puede ser vencedor primero y derrotado después-.
Con una música chocante, pero para nada desacertada, a base de tangos –la cercanía con La lista de Schindler os “sonará” a más de uno-, sí que contraria ver de nuevo el recurso de ubicar al principio y al final la historia intermedia. Desde luego, el Monte Carlo relajado y de “anuncio”, en el que el protagonista descansa tras la tragedia, cansa por repetitivo e inncesario, al menos, en una de sus dos entregas. En la playa, en buena compañía y con una botella de champán, todo lo demás resulta de borrones, cuentas nuevas y recordatorios insistentes.
| | Sábado 22 de marzo de 2008 |
| | |
| |
|
|
| |
|