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Trump cabalga, mientras sus detractores tascan el freno

“Nadie es capaz de hacerle frente a un trabajo si no se siente competente; sin embargo, muchos piensan que son capaces de controlar el más difícil de los trabajos: EL GOBIERNO” Sócrates
Miguel Massanet
jueves, 25 de octubre de 2018, 09:04 h (CET)

Es evidente que hay una clara distinción entre el normal de la ciudadanía de nuestro país, entre los que consideran solamente un tipo de populismo que es necesario erradicar, el de derechas, y otro populismo al que se debe respetar, propulsar y darle impulso, el de izquierdas. No es extraño que, para una parte muy importante de los españoles el nombrarles al señor Trump es tanto como hablarles de la “bicha”, de aquello contra lo que es preciso luchar y, como sucede en una gran parte de la prensa española, mentir y denigrar si es preciso para, con esta clase de demagogia, conseguir el resultado que se han propuesto: descalificar, sin concederle la menor oportunidad de defensa, ni siquiera para la duda, la figura del mandatario estadounidense, pese a que ganó limpiamente las elecciones, con una ventaja considerable sobre la señor Clinton, cuando esta dama figuraba como favorita en todas las encuestas lo que, por cierto, contribuyó a que, la decepción por su sonoro fracaso enervara el sentimiento de rencor, revanchismo, incredulidad y, finalmente, como suele suceder en estos casos, el propósito de amargarle la victoria al vencedor, poniendo en su contra a todos aquellos que están tan imbuidos de orgullo y prepotencia que no pueden consentir haber apostado públicamente por un caballo perdedor. Entre toda esta larga lista de decepcionados hemos encontrado el foco principal entre los artistas americanos, todos o casi todos multimillonarios, pero que esto de militar entre los demócratas, presuntamente más inclinados a la izquierda, teóricamente más inclinados a las clases menos favorecidas y prácticamente porque, aunque se sea millonario siempre resulta más rentable, más favorable para su carrera y más impactante ante la ciudadanía este toque de caritativo o defensor de los pobres ( más propaganda que otra cosa) con la que gustan presentarse ante sus seguidores.


Que el señor Trump es imprevisible, que en ocasiones se equivoca en su manera de expresarse, que como político no debiera de darles gusto a sus adversarios hablando tan claro sobre los problemas que afectan a su nación, puede que sea así. Otros, más cautos, menos de fiar y más atrabiliarios, prefieren presentar una cara simpática y amable ante el gran público, lo que no evita que en cuanto algo pueda afectar a sus intereses no sean capaces de obrar con la máxima ruindad. Pero el señor Trump no ha engañado a nadie, ni ahora ni cuando se presentó como candidato a la presidencia de sus país por el partido Republicano pese a que, desde el momento en el que anunció su candidatura, fue considerado como un garbanzo negro por el resto de sus adversarios, incluso por los de su propio partido aunque, y esto quedó patente, ninguno de ellos pudo derrotarlo en los caucus de su candidatura ni, más tarde, cuando se enfrentó a su adversaria, la señora Clinton.


Sin embargo, habló claro sobre sus objetivos y lo primero a lo que se comprometió fue a cumplir con aquella vieja consigna, atribuida al presidente James Monroe, en la que se pedía una cosa muy simple: “América para los americanos”. Con una clara visión de algo que es vox pópuli, el presidente Trump se percató de que los EE.UU se habían convertido en lo que podríamos calificar de “paño de lágrimas” de todos los que se llamaban sus aliados, especialmente los europeos que, si bien no les importa competir comercialmente con el gigante americano, cuando se han encontrado ante problemas que han afectado principalmente al continente europeo, siempre han acabado recurriendo a los EE.UU para que con sus hombres, sus armas y su potencial económico les sacara las castañas del fuego. Y esto sucedió en las dos grandes guerras calificadas de mundiales, y sucedió en Corea, en la malograda aventura del Vietnam y, recientemente, en los conflictos de Oriente medio en los cuales el peso de la guerra siempre ha radicado mayoritariamente, pese a no ser el directamente afectado, sobre el Ejército de los norteamericanos. Y Trump decidió, y fue mal aceptado por todas las cancillerías del viejo mundo, que ya era hora de que cada cual se ocupase de su defensa y de poner sus soldados para que defendieran a los suyos. Hay periódicos que dedican páginas y páginas criticándolo y criticando su política aislacionista que, al final, no es tal porque acaba de firmar un tratado con Canadá y México, por el que se establece un libre comercio entre las tres naciones.


Pero demos algunos datos. Mientras Europa está sumergida en un mar de problemas como el brexit de la GB o el problema de Italia que amenaza con desestabilizar a la CE al no aceptar modificar unos presupuestos claramente contrarios a las normas de Bruselas. España, una de las más críticas y, digámoslo todo, más intransigentes y demagogas respecto al gobierno de Trump, está en una situación que se puede calificar de la peor desde que el señor Aznar abandonó la presidencia del Gobierno para dejar paso a su sucesor, el señor Rajoy, una persona que, a medida que pasan los días, queda patente que dejó que asuntos, como el del separatismo catalán o la irrupción del comunismo bolivariano, se malearan debido a su falta de iniciativa y a su galleguismo que, al final de todo, se le volvieron en contra.

Barack Obama llegó al poder en medio de una gran crisis y decidió aplicar “planes de estímulo” para sacar a su país que, sin embargo, fracasaron porque el desempleo siguió en aumento hasta alcanzar cotas del 10%, algo que llevaba sin suceder varias décadas. Fueron los congresistas del partido Republicano los que en el Congreso pusieron fin a las políticas expansivas de Obama y fue desde entonces que mejoró el empleo hasta que, en el 2016. alcanzó la cota del 5%. En el mes de septiembre pasado, ya en el mandato de Trump, se dieron datos de empleo que nunca antes se habían producido, alcanzando la cota del 3´7%, el nivel más bajo desde diciembre de 1.969. ¿Es bueno o es malo para los EE.UU que, desde que Trump se alzó con la presidencia, la creación de puestos de trabajo haya alcanzado la cifra de 4´2 millones de nuevos empleos? Y los que hablan del supuesto mal comportamiento con los hispanos, se puede decir que, en este sector de población, el paro cayó en un 4´5%.


La reforma fiscal del 2.017 por la que se redujeron los impuestos sobre la Renta y Sociedades, sufrió las críticas de propios y extraños, pese a lo cual una de las modificaciones que consistía en la rebaja de los fuertes recargos que se les imponían a quienes quisieran repatriar los ingresos obtenidos en el extranjero, algo que generaba importantes problemas de doble tributación. Pues bien, bajo el mandato de Trump la tasa aplicable se redujo, oscilando entre un 8% y un 15¨5%, dependiendo del tipo de rentas repatriadas. Consecuencia: la Oficina de Análisis económico de Estados Unidos ha publicado los datos oficiales en los que figuran repatriaciones de capitales por un monto de 370.000 (primer trimestre del 2.018) millones de dólares. Una fuerte inyección que, sin duda, habrá sido bien recibida por el pueblo americano debido a que servirá, sin duda, para ayudar a reducir el endeudamiento de las empresas y aumentar la inversión financiada, en este caso, con fondos propios.


Es posible que algunos no tomen en consideración estos aspectos de la política de Trump y se quieran quedar con algunas de sus excentricidades, sin embargo, desde el punto de vista de un ciudadano español, poco ducho en cuestiones económicas, se tiene la impresión de que quizá, en España, más que tener que soportar a este Gobierno presidido por el señor P.Sánchez apoyado por Pablo Iglesias, que se dedican a sacar leyes aboliendo delitos contra la Corona, o contra la apología del terrorismo o, algo que indigna a cualquiera que quiera ser demócrata y respetar todas las ideas de los demás, dejando de penalizar los actos sacrílegos en contra de la Iglesia católica cometidos impunemente y, a partir de ahora, bendecidos por nuestra legislación, con toda seguridad los insultos y ataques se van a incrementar en proporción geométrica, especialmente por todos aquellos que, a falta de saber rebuznar como lo hacen los jumentos, pobres, porque no saben hablar, se dedicarán a convertir a los católicos en un pim, pam,pum de sus vejaciones. No lo harán, sin embargo, con los islamistas por aquello de que son unos individuos que no les cuesta nada emitir una fatua que condene al blasfemo a ser degollado por cualquier fiel que se preste.


Pero se nos ocurren algunas preguntas respeto a la carta blanca que se les ha dado a los sujetos que, en lugar de lengua tienen un apéndice bífido propio de las víboras, si esto va a significar que, los que opinamos en contra de lo que legalmente se ha reconocido, como es el caso del matrimonio de gays o de las asesinas que matan a los fetos por no incomodarse teniendo que atenderlos; la absurda Ley de Memoria Histórica, también se podrán descalificar, hablar mal de ellos o, inclusive, insultar a quienes forman parte de semejantes colectivos, con la mismas facilidades que aquellos que lo hacen con nuestros sentimientos religiosos. ¿Podremos seguir hablando de Franco y mofándonos de aquellos que pretenden reescribir la historia desde una posición evidentemente de izquierdas? ¿Estarán despenalizadas las invectivas expresando una opinión en virtud de esta libertad tan amplia que nos han querido dar las izquierdas o va a resultar que, en los casos en que los insultos, los pitorreos o los comentarios vayan en contra de aquellas materias que los comunistas han convertido en tabúes porque, naturalmente, les afectan directamente, lo de la pretendida libertad de expresión u opinión va a resultar una filfa?


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que denunciar estos atentados manifiestos en contra de lo que debe ser una democracia, en la que es obligado respetar todas las ideas, las religiones, opiniones etc. según queda recogido en nuestra Constitución. Se deberá ver si, cuando estas leyes salgan del Congreso de Diputados, no contendrán motivos suficientes como para ser recurridas ante el TC. En lo que respeta al señor Trump, al menos para los americanos, lo que estamos viendo es que, a diferencia de otros estados, el que está bajo su mandato está pasando por uno de sus mejores momentos, pese a que a algunos les produzca alferecía.

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