|
|
|
Andrés Aberasturi |
FIRMA DE OPINIÓN |
|
|
|
Columna de opinión | |
|
|
|
Andrés Aberasturi nació en Madrid en 1948 y estudió Periodismo en la Escuela Oficial. Empieza a trabajar en Información de Alicante en el 68 como 'meritorio'. En 1969 entra en diario Pueblo hasta su cierre y en 1976 se incorpora a la redacción de Informativos de RNE. Sucesivamente, dirige y presenta diversos programas en RNE, Onda Cero y Radio Voz. En televisión ha dirigido y presentado programas en TVE, Antena 3, Tele 5, Canal Sur, ETB y Telemadrid. En prensa ha sido columnista en El Mundo, Colpisa y El semanal TV, entre otros. Ha sido profesor de la Mississippi University y ha escrito los libros 'Sincronía en tiempo de vals', 'Las soledades de Carancanfunfa', 'Dios y yo', 'Un blanco deslumbramiento', 'La leyenda Continúa' y 'Hola, ¿de dónde eres?'. Actualmente trabaja en RNE en los programas 'El ombligo de la luna', 'No es un día cualquiera' y 'Fiebre del sábado'.
|
| |
|
| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
|
|
| ¿Pero qué está pasando? |
|
| Caminamos los ciudadanos entre la acera de la perplejidad y las del miedo, un miedo que ya no es al futuro sino al presente y una perplejidad fruto de que todos los problemas nos los iban a resolver, como siempre, los gobiernos. Y no. Ni la media nacionalización de bancos y entidades financieras en los EEUU, ni las reuniones de los expertos europeos, ni -por fin- las inyecciones de dinero del Gobierno de España, parece que son capaces de frenar el desplome global de la economía. ¿Qué está pasando? Esa es la pregunta que nos hacemos desde hace tiempo y las respuestas -ay- van variando a la misma velocidad que la caen las bolsas. |
|
Caminamos los ciudadanos entre la acera de la perplejidad y las del miedo, un miedo que ya no es al futuro sino al presente y una perplejidad fruto de que todos los problemas nos los iban a resolver, como siempre, los gobiernos. Y no. Ni la media nacionalización de bancos y entidades financieras en los EEUU, ni las reuniones de los expertos europeos, ni -por fin- las inyecciones de dinero del Gobierno de España, parece que son capaces de frenar el desplome global de la economía. ¿Qué está pasando? Esa es la pregunta que nos hacemos desde hace tiempo y las respuestas -ay- van variando a la misma velocidad que la caen las bolsas.
Porque los ciudadanos sólo vemos lo que hay a nuestro alrededor y el panorama diario de ese paisaje pone los pelos como escarpias: vemos que el país mas poderoso de la tierra (mal que le pese a nuestro presidente) entra en una crisis que ni su propio gobierno puede detener y, cuanto más dinero recibe, más y más se hunde. Y vemos que los intereses de esta amplia Unión Europea son muy distintos porque muy distintos son los países que la formas y aunque la crisis nos toca a todo, no parece que desde Bruselas pueda llegar una solución ni mágica ni dolorosa.
Vemos como al fin, el Banco Central Europeo baja los tipos pero la bajada (nada menos que de medio punto) ni siquiera se refleja en el euribor que es la referencia que marca lo que pagamos por nuestra hipoteca. Vemos mas cosas, claro y no hace falta ser Solbes ni Montoro para darse cuenta de que el paro va a resultar insoportable porque es una pescadilla que se muerde la cola: menos cotizantes y más a pagar y que la crisis que también vive Alemania o el Reino Unido, puede repercutir muy seriamente en el turismo de la temporada que viene diga lo que diga el ministro Sebastián y compare nuestra economía de servicios con los barriles de petróleo.
Pero los ciudadanos tenemos una especie de intuición que la dicta el propio sentido común: el mundo entero no puede quebrar porque es definitivamente absurdo. ¿Entonces que puede pasar y quien tiene el dinero que falta? Pues es hora de advertir que vamos a vivir peor, que el estado del bienestar no va a ser lo que era y que el despilfarro que hasta ahora hacíamos en los grandes almacenes y en las farmacias, es posible que no se pueda sostener. Las palabras de los políticos pueden llevar el mensaje que quieran, pero lo cierto es que el llamado "gasto social" tendrá que resentirse por mucho que les duela porque no hay dinero.
Y esa verdad tan elemental que "no hay dinero" para todo, es la única realidad a día de hoy y habrá que acostumbrarse. ¿Culpables? Pues un poco todos porque todos nos hemos empeñado en vivir por encima de nuestras posibilidades reales y muy especialmente los bancos que o no ha previsto o no han querido prever que estaban tocando fondo mientas nos escandalizaban a todos con sus sueldos multimillonarios y su inmorales blindajes. Yo no sé si aún se está a tiempo de exigir responsabilidades a los que más directamente nos han llevado a esta situación, me temo que no y me temo que cuanto han hecho ha sido escrupulosamente legal. Por eso, pese a que mi buen amigo José Antonio Segurado se llevara las manos a la cabeza, mi absurda idea de nacionalizar la banca, va siendo hoy un hecho aunque debidamente encubierto y vergonzante. Pero eso es lo que está ocurriendo por ahí fuera y no sé cuando ocurrirá aquí dentro. Tiempo habrá.
| | Viernes 10 de octubre de 2008 |
| | |
| Historia de una lapidación |
|
| Conviene advertir que esta columna, salvo imprevistos de última hora, no va a resultar políticamente correcta. Porque cuando se nos llena la boca defendiendo altos valores ético/morales, asistir al linchamiento de un ser humano en televisión, con premeditación y alevosía, resulta algo despreciable y hasta un poco repugnante. Y eso pasó el otro día en "La noria" de Tele 5 con la novia del agresor de Neira, una muchacha desbordada por los acontecimientos que -y esto debe quedar claro- nunca debió aceptar acudir al programa previo pago, como tampoco debió la cadena pagar semejante espectáculo y menos aun repetir un par de semanas después en vista de los buenos resultados de audiencia. Pero dicho esto, la entrevista con la señorita Violeta (que así se llama) fue una lapidación dialectica y mediatica en toda regla donde se llegó a proponer como jurado al público para que opinara si la creían o no, sabiendo, claro, que el resultado era que no. Por sorpresa -eso parece al menos- se sacó el testimonio de un ex compañero de cárcel del agresor "que se puso en contacto con Tele 5" y la cadena o el programa, riguroso con las fuentes, se aseguró de que efectivamente el ex convicto lo era y, efectivamente, había compartido patio con el agresor, lo cual presuponía ya para el colmo de la verosimilitud. Nada se dijo de lo que el ex convicto, cuando se puso en contacto con Tele 5, cobró o dejo de cobrar a cambio de semejantes declaraciones. |
|
Conviene advertir que esta columna, salvo imprevistos de última hora, no va a resultar políticamente correcta. Porque cuando se nos llena la boca defendiendo altos valores ético/morales, asistir al linchamiento de un ser humano en televisión, con premeditación y alevosía, resulta algo despreciable y hasta un poco repugnante. Y eso pasó el otro día en "La noria" de Tele 5 con la novia del agresor de Neira, una muchacha desbordada por los acontecimientos que -y esto debe quedar claro- nunca debió aceptar acudir al programa previo pago, como tampoco debió la cadena pagar semejante espectáculo y menos aun repetir un par de semanas después en vista de los buenos resultados de audiencia. Pero dicho esto, la entrevista con la señorita Violeta (que así se llama) fue una lapidación dialectica y mediatica en toda regla donde se llegó a proponer como jurado al público para que opinara si la creían o no, sabiendo, claro, que el resultado era que no. Por sorpresa -eso parece al menos- se sacó el testimonio de un ex compañero de cárcel del agresor "que se puso en contacto con Tele 5" y la cadena o el programa, riguroso con las fuentes, se aseguró de que efectivamente el ex convicto lo era y, efectivamente, había compartido patio con el agresor, lo cual presuponía ya para el colmo de la verosimilitud. Nada se dijo de lo que el ex convicto, cuando se puso en contacto con Tele 5, cobró o dejo de cobrar a cambio de semejantes declaraciones.
Violeta -a cambio del dinero que le diera la cadena, por supuesto- se convertía así en un ser indefenso frente a las acusaciones que le llegaba por todos lados. Es muy posible que la chica mienta o que se equivoque en su actitud, pero el juego tenía trampas: el presentador y la "narradora" que le acompañaba en la entrevista, se manejaban frente a la cámara con la soltura, y por tanto las superioridad, de dos profesionales ante una muchacha envuelta en una vorágine dramática que claramente la supera. Pero si esa superioridad dialéctica no era ya bastante, la sucesión de vídeos que se guardaban en la manga y fueron soltando para arrinconar aun más a la "invitada" -incluidas las declaraciones del ex convicto- dejaron a Violeta en una situación de indefensión e inferioridad tan manifiesta, tan evidente, que aun sin compartir en absoluto su interpretación de los trágicos hechos -como es mi caso- me volvieron radicalmente en contra de lo que a todas luces era un abuso evidente.
No pretendo esta columna ser una crítica a un programa de televisión sino trascender la anécdota para poner de manifiesto hasta qué punto somos capaces de pasar por lo que sea con tal de que el espectáculo continúe aun habiendo un hombre entre la vida y la muerte. El respeto que se le pide a Violeta para ese hombre es también el que todos deberíamos tener y no utilizarlo como coartada para generar lapidaciones de ningún tipo. Se me volverá a decir que la solución era sencilla: que no se hubiera prestado a ir; y es verdad, lo dije antes. Pero también vuelvo a repetir que si la cadena no la hubiese llamado y pagado la primera vez, el escándalo no se habría producido y, una vez producido, ¿por qué se la vuelve a invitar y a pagar -me da igual cuánto- pese al rechazo teórico que produjo su primera aparición? Que cada uno se responda como quiera.
Me da pena por Jordi, el presentador, pero sé que no faltarán voces que defiendan, justifiquen y hasta ensalcen este programa. No será la mía. No puede valer todo, pero ya es inútil repetir esta frase; la información es la información, te dicen, y bajo ese paraguas parece que cualquier cosa es válida. Bueno, ellos sabrán, pero aunque sé que les importa un bledo, humildemente ya les digo desde aquí que yo, al menos, me bajo de esa "Noria".
| | Martes 7 de octubre de 2008 |
| | |
| Bromas, las justas |
|
| No está el horno para bromas y las ironías de los políticos, que en tiempos mejores resultan tan atractivas, chirrían hoy en los afligidos bolsillos de los ciudadanos. Contestaba el otro día el presidente del Gobierno al portavoz del PP en el Senado y cerraba su respuesta con la gracieta de que en Wall Street estaban deseosos de escuchar las recetas de Rajoy para salir de la crisis. Vale. Es un recurso dialéctico que funciona pero que en boca del señor presidente puede resultar peligroso. |
|
No está el horno para bromas y las ironías de los políticos, que en tiempos mejores resultan tan atractivas, chirrían hoy en los afligidos bolsillos de los ciudadanos. Contestaba el otro día el presidente del Gobierno al portavoz del PP en el Senado y cerraba su respuesta con la gracieta de que en Wall Street estaban deseosos de escuchar las recetas de Rajoy para salir de la crisis. Vale. Es un recurso dialéctico que funciona pero que en boca del señor presidente puede resultar peligroso.
Por supuesto que en Wall Street ni saben quien es Rajoy, pero eso no es del todo preocupante; más duro es que se celebre una reunión de mandatarios europeos para afrontar la situación económica y ni se acuerden de avisar al señor presidente del Gobierno de España. Eso es mas chungo. Casi tan chungo como asegurar en EEUU que el sistema financiero español es el mejor del mundo para luego, al día siguiente, empezar a estudiar qué se podría hacer si algunos bancos de este mejor preparado país se fueran a pique. Las bromas y las ironías tiene un límite y por desgracia ese limite lo marcan los hechos de cada día, la terca realidad que obliga al señor presidente del Gobierno a agradecer a Obama su detalle con España, cuando en realidad la anécdota (repetida en el debate de aspirantes a la vicepresidencia de los EEUU) lo que ponía de manifiesto era el desconocimiento casi absoluto sobre España de buena parte del los políticos "made in USA" y lo exóticos que les debemos parecer cuando usan a nuestro país como un quesito del Trivial.
A mí, sinceramente, no me preocupa nada que en Wall Street no esperen a Rajoy y por el contario si me da un cierto recelo las fotos de un presidente del Gobierno de mi país solo en su soledad mientras el resto de los líderes dialogan entre ellos. Y me preocupa que el PSOE se burle del internacionalismo de Rajoy cuando su número dos, el inefable Pepe Blanco, aseguró en su momento que su candidato preferido era Obama, pero que no lo había dicho para no desestabilizar la campaña electoral. No creo que Rajoy sueñe con dar consejos en Wall Street, pero parece que Pepiño Blanco si cree que su opinión puede inclinar la balanza de las elecciones en USA. Todo es ponerse, claro, pero a ver si les sale mejor que los innumerables intentos de foto de Bush y Zapatero hablando sobre lo que fuera más allá de un lacónico y protocolario apretón de manos en una recepción multitudinaria.
Nuestra gran aportación al mundo ha sido sin duda el "diálogo de las civilizaciones" -que Turquía sigue muy de cerca- pero no contamos ni para "Sarko" a la hora de reflexionar sobre la crisis económica. Igual es el miedo que nos tiene Francia o lo asustada que está Italia con nuestra pujanza -ambas cosas según ZP en foros internacionales- lo que ha hecho que no inviten a España; también es posible que los que se reúnen sí consideran que están viviendo realmente una crisis y como nosotros solo tenemos desaceleración... Sea por lo que sea, ni estamos allí ni se nos espera. Y por dentro más de lo mismo: piden que tengamos confianza y exigen a la oposición -además de que se vaya con sus consejos a Wall Street- que no genere desesperanza. Y no lo debería hacer el PP, pero, por mucho que digan unos y otros, ni sólo con confianza se crea un puesto de trabajo ni semejante sentimiento nos los puede inyectar Gobierno ni oposición con palabras: hay hechos, familiares en paro, hipotecas, cesta de la compra, expedientes de regulación de empleo y tiendas de toda la vida que se van cerrando en el barrio entre lágrimas y débitos; hay autónomos que no duermen, contratos precarios que dejan de ser precarios para no ser nada y pequeños ahorradores que se plantean muy seriamente sacar el dinerillo del banco "por si acaso". Esto no desconfianza ni catastrofismo, señor presidente: es mi barrio, mi familia y yo, que no pienso ir a explicar nada a Wall Street porque el viaje me sale por un pico pese a la debilidad de dólar. Comprenderá que en un ambiente así, bromas, las justas.
| | Viernes 3 de octubre de 2008 |
| | |
| Insultos y debates |
|
| Antes o después tenía que pasar y ya ha pasado; tal vez aun nos queda por ver la guinda final que sería la agresión física, poco probable pero que no descarto del todo. Me refiero al espectáculo que ofrecieron dos compañeros en el programa "La noria" de Tele 5. El espectáculo fue bochornoso para todos y hasta hubiera sido doloroso para quienes compartimos esta profesión si la mayoría no estuviéramos ya curados de espantos. |
|
Antes o después tenía que pasar y ya ha pasado; tal vez aun nos queda por ver la guinda final que sería la agresión física, poco probable pero que no descarto del todo. Me refiero al espectáculo que ofrecieron dos compañeros en el programa "La noria" de Tele 5. El espectáculo fue bochornoso para todos y hasta hubiera sido doloroso para quienes compartimos esta profesión si la mayoría no estuviéramos ya curados de espantos.
Pero ahí está el espectador, el ciudadano que teóricamente asiste a un debate para escuchar opiniones, interpretaciones de la realidad, la explicación que cada debatiente puede tener sobre unos hechos. Pues no. Eso tal vez era antes, Hoy muy pocas tertulias y casi ningún debate televisivo -y hasta radiofónico- se libran de la necesidad de ofrecer ese ingrediente al parecer indispensable que es el espectáculo. Es malo generalizar, pero lo cierto es que es así y hay que buscar con lupa en la amplia oferta de las cadenas algún debate político donde los invitados hablen y escuchen, no se griten ni se interrumpan y, naturalmente, no se insulten.
La pregunta que me hago es si merece la pena -como espectador- asistir a estos combate dialécticos. Si las televisiones los programan es porque dan audiencia y muy probablemente la próxima "Noria" será vista por mucha más gente que la anterior. Debe ser la condición humana, ese punto morboso que todos llevamos puesto y que nos hace desear incluso lo que luego sabemos que nos resulta indigesto y lamentable. No hay mejor llamada de atención que advertir que las imágenes que se avecinan pueden herir la sensibilidad de algún espectador.
Miserables, machista repugnante, cabrón e imbécil. Esas fueron algunas de las lindezas del otro día entre Miguel Ángel Rodríguez y Maria Antonia Iglesias (para ser justos, MAR concluyó llamado imbécil a Maria Antonia después de que esta le dedicara el resto de los calificativos) momento en el que el presentador del programa dio por finalizado el debate. Leo las reacciones de muchos televidentes en los foros de Internet y me quedo con una: "qué espectáculo, tuve que tomarme un trankimacín para dormir". Yo también.
¿Hasta dónde vamos a llegar? Pues hasta donde las televisiones quieran. Ya sé que lo políticamente correcto es defender la libertad de expresión y la pluralidad, pero no estoy dispuesto a callar que reniego del insulto como tampoco estoy dispuesto a no exponer por qué, creo yo, pasan estas cosas. En esta país nuestro se ha llegado a unos extremos pintorescos: a los periodistas los dividen las empresas televisivas en dos bandos: los el PSOE y los del PP y así "equilibran" las mesas de debate. Dentro de los dos grupos los hay más o menos exaltados y depende de la tertulia o el debate que se quiera hacer, invitas a unos o a otros.
Estoy tan lejos ideológicamente de Maria Antonia como de Rodríguez y no me refiero directamente a ellos cuando hablo de "exaltados" aunque la vehemencia de los dos está largamente demostrada. Pero cómo puede sorprendernos que se pongan a bajar de un burro cuando en sede parlamentaria una ministra reta a un diputado a que "eso me los diga usted en la calle". ¿Qué estamos haciendo y a dónde nos lleva este camino? ¿Justifica la audiencia cualquier cosa? Es curioso, pero a esa ultima pregunta -tan vieja como la propia tele- todos los responsables de las cadenas te contestan muy dignos con un "no" rotundo. El problema es que ya no les creemos.
| | Lunes 29 de septiembre de 2008 |
| | |
| Tiempo muerto |
|
| No son buenos estos espectáculos, no son buenos para nadie; prueben a juntar todo lo ocurrido esta semana y verán como sienten ganas de darse de baja. Solbes que sin pestañear -va sin segundas- afirma que nunca ha negado la crisis, doña Magdalena retando en plan vaquero del viejo Oeste a que "eso me lo dices en la calle", el pobre juez Dívar (ay si lo hubiera presentado la derecha, lo que habría que oír) vapuleado por sus creencias religiosas y elegido contra natura porque la "disciplina de voto" llega incluso a una institución tan teórica -y necesariamente- independiente como el CGPJ, Garzón, que en vista del revuelo, dice ahora que también va a investigar los muertos del otro bando, el presidente del Gobierno regañando en las américas del Norte (que las del Sur ya tiene a Chaves para esos menesteres), Ibarretexe que califica de alambrada la decisión del Constitucional cuando la única alambrada son los atentados de ETA, el ministro Sebastian que no ve "anómalo" que no haya bajado ya la gasolina cuando ha bajado el petróleo porque dice que tampoco sube tan rápido cuando sube el precio del barril (jo, que no), Rajoy que invita a comer al que gane un concurso de videos (dentro de poco le vemos en "Mira quien baila"), los del PSOE de Madrid que ponen el grito en el cielo por unas obligaciones del Ayuntamiento tomadas por Leheman pero no se enteran que están colocados en otros bancos, la pobre ministra de Vivienda a la que todo el mundo quiere echar (no a ella, a su Ministerio entero) y la CEOE que aprovecha el lío para colar de matute el despido barato que ellos -tan finos- llaman creo que "flexibilizar la extinción del contrato". Y se me quedan cosas en el teclado. |
|
No son buenos estos espectáculos, no son buenos para nadie; prueben a juntar todo lo ocurrido esta semana y verán como sienten ganas de darse de baja. Solbes que sin pestañear -va sin segundas- afirma que nunca ha negado la crisis, doña Magdalena retando en plan vaquero del viejo Oeste a que "eso me lo dices en la calle", el pobre juez Dívar (ay si lo hubiera presentado la derecha, lo que habría que oír) vapuleado por sus creencias religiosas y elegido contra natura porque la "disciplina de voto" llega incluso a una institución tan teórica -y necesariamente- independiente como el CGPJ, Garzón, que en vista del revuelo, dice ahora que también va a investigar los muertos del otro bando, el presidente del Gobierno regañando en las américas del Norte (que las del Sur ya tiene a Chaves para esos menesteres), Ibarretexe que califica de alambrada la decisión del Constitucional cuando la única alambrada son los atentados de ETA, el ministro Sebastian que no ve "anómalo" que no haya bajado ya la gasolina cuando ha bajado el petróleo porque dice que tampoco sube tan rápido cuando sube el precio del barril (jo, que no), Rajoy que invita a comer al que gane un concurso de videos (dentro de poco le vemos en "Mira quien baila"), los del PSOE de Madrid que ponen el grito en el cielo por unas obligaciones del Ayuntamiento tomadas por Leheman pero no se enteran que están colocados en otros bancos, la pobre ministra de Vivienda a la que todo el mundo quiere echar (no a ella, a su Ministerio entero) y la CEOE que aprovecha el lío para colar de matute el despido barato que ellos -tan finos- llaman creo que "flexibilizar la extinción del contrato". Y se me quedan cosas en el teclado.
Todo junto es mucho para siete días; Gobierno y oposición deberían pactar el número de espectáculos más o menos bochornosos que se pueden ofrecer por semana porque este aluvión es excesivo incluso para los medios. Meno mal que siempre nos quedará el "YouTube" donde, por cierto, empieza a ser reina indiscutible la ministra de Fomento (su comparecencia en la comisión del Congreso asegurando que "Barajas es muy grande", es una pieza de mueso).
Pero esto es lo que hay y no parece fácil cambiar la cosa. Tal vez lo que tantas veces hemos sugerido algunos, no estaría demás: que pidan tiempo muerto, como en el baloncesto, y que mediten si este pueblo no se merece algo más de seriedad y de educación y algo menos de cinismo y verdulería.
| | Viernes 26 de septiembre de 2008 |
| | |
| |
|
|
| |
|