sábado, 11 de octubre de 2008 Actualizado a las 04:58 (CET)
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Antonio Casado FIRMA DE OPINIÓN
Columna de opinión
Desde sus inicios profesionales en el viejo diario Pueblo de Madrid, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a Radio Nacional de España, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y en 1990 ejerció como redactor jefe del semanario Tiempo hasta 1992. En estos últimos años desempeñó el puesto de corresponsal político en dicha revista. Actualmente es comentarista político de elconfidencial.com, Onda Cero, Antena 3 TV y Canal Nou.
    






ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
Indolencia bursátil
Las bolsas no se dejan seducir fácilmente. Eso ha quedado claro tras las intervenciones de los Gobiernos y bancos centrales de los países industrializados para reanimar la economía, con masivas inyecciones de liquidez en los circuitos financieros norteamericanos y europeos. Los recientes batacazos en los mercados bursátiles sugieren que éstos no se han creído el plan Bush (rescate de activos tóxicos) y las imitaciones consiguientes en países de la Unión Europea, España entre otros.
Las bolsas no se dejan seducir fácilmente. Eso ha quedado claro tras las intervenciones de los Gobiernos y bancos centrales de los países industrializados para reanimar la economía, con masivas inyecciones de liquidez en los circuitos financieros norteamericanos y europeos. Los recientes batacazos en los mercados bursátiles sugieren que éstos no se han creído el plan Bush (rescate de activos tóxicos) y las imitaciones consiguientes en países de la Unión Europea, España entre otros.

El estupor sigue aumentando. Algo mucho más grave de lo imaginado está ocurriendo si las generosas inyecciones de liquidez, la bajada concertada de tipos de interés, la caída de los precios del petróleo y la elevación de los umbrales de garantía sobre los depósitos de los ahorradores, dejan indiferentes a las bolsas de todo el mundo. Y no creo que se pueda endosar sin más, como se ha dicho, a la ausencia de un verdadero liderazgo mundial en la cruzada contra una crisis económica ya comparada a la gran depresión de 1929.

Tampoco pasa de ser una simpleza atribuir la indolencia bursátil al hecho de que estas operaciones de rescate patrocinadas por los poderes públicos han sido diseñadas en Estados Unidos por los mismos gobernantes irresponsables que permitieron el suflé financiero, los mismos que se tomaron vacaciones mientras crecía la burbuja inmobiliaria con la profusión de las llamadas hipotecas basuras con muy escasos elementos de control, regulación y supervisión.

Según los expertos, pero no todos, las bolsas se están absteniendo de apostar por una economía real que, según el FMI (Fondo Monetario Internacional), está en recesión o va a estarlo en 2009. Eso explicaría la desconfianza de los inversores, como causa remota de los desplomes. Pero las causas más cercanas de la insumisión bursátil habría que buscarlas en las propias medidas adoptadas por los gobernantes y los bancos centrales. Porque las consideran cuantitativamente escasas o porque las consideran cualitativamente inadecuadas.

Si nos atenemos a la lógica económica en los países de libre mercado, habría que inclinarse por la segunda de las hipótesis como causa más probable de la falta de reacción de las bolsas ante dichas medidas. En ese caso estaría fallando la receta, más próxima al intervencionismo socialdemócrata. Las bolsas estarían diciéndonos que ese no es el camino.

Es la hipótesis más razonable. Que las bolsas se están encomendando a la mano invisible del mercado, cuya tarea consistiría en permitir la purga del sistema y que luego las leyes de la oferta y la demanda vuelvan a fijar el precio real de las cosas. Estaríamos, pues, ante un largo y penoso proceso de reajuste. O de limpieza, para no dejar nada debajo de la alfombra cuando vuelva la recuperación.



Viernes 10 de octubre de 2008
Periodistas non gratos
Inesperada novedad en la tradicional recepción de los Reyes con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, este domingo en el Palacio de Oriente. Prohibido el paso a los informadores que, año tras año, encontraban en este acontecimiento un verdadero filón de noticias. El portazo ha dado origen a una polémica de grandes y pequeñas palabras, según la mayor o menor disposición de los afectados a mirarse el ombligo.
Inesperada novedad en la tradicional recepción de los Reyes con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, este domingo en el Palacio de Oriente. Prohibido el paso a los informadores que, año tras año, encontraban en este acontecimiento un verdadero filón de noticias. El portazo ha dado origen a una polémica de grandes y pequeñas palabras, según la mayor o menor disposición de los afectados a mirarse el ombligo.

Los más propicios a rasgarse las vestiduras creen estar ante un ataque a la libertad de expresión como primer efecto visible del portazo. Hombre, no es para tanto, En todo caso, un pellizco de monja de la Casa del Rey a la libertad de información en el trasero de los colegas que, año tras año, acudían en acto de servicio a la tradicional recepción del 12 de octubre.

En acto de servicio, digo. El matiz es importante, pues lo cierto es que la presencia de periodistas, en cantidad y calidad, está asegurada en la recepción del domingo que viene a mediodía. Lo que pasa es que irán -iremos- en calidad de invitados. Eso nos obliga a aceptar el espíritu del encuentro y las reglas de los anfitriones, don Juan Carlos y doña Sofía. Consisten en mantener el tono festivo de la recepción.

La Fiesta Nacional es un motivo gozoso para convocar a las personas más representativas de la vida institucional, política, cultural, etc. Y es lo cierto que últimamente ese tono de concelebración junto a los Reyes y su familia había cedido al protagonismo de los políticos, cuyos comentarios "informales" reinaban en las portadas del día después.

Alegan en Zarzuela que los famosos "corrillos" ya se habían convertido en ruedas de Prensa. En ese caso los informadores acreditados no deberían pagar los platos rotos. Si esa es la causa de la pérdida de protagonismo de la Corona en la tradicional recepción del 12 de octubre, la carga de la prueba debería recaer en los gobernantes o dirigentes políticos, que siempre aprovecharon la ocasión para deslizar sus mensajes. y satisfacer la insobornable curiosidad de un periodista.

No consta oficialmente ningún otro motivo para justificar que se declare non gratos a los informadores acreditados ante la Zarzuela por sus respectivos medios para acudir a la fiesta con el bloc abierto y el boli afilado. Aún así, nos maliciamos con fundamento el propósito de evitar que la recepción se convierta este año en caja de resonancia de los problemas matrimoniales de la infanta Elena y don Jaime de Marichalar. Sin embargo, el riesgo seguirá siendo alto si los periodistas invitados tienen el mal gusto de preguntar a los anfitriones por los problemas personales de la infanta en día tan señalado.



Miércoles 8 de octubre de 2008
Despertar al piloto
Si la patera se hunde nos ahogamos todos. Zarandearla puede acabar siendo el consuelo de algunos y el mal de muchos. Es la carga de los mensajes del Gobierno cuando acusa a los dirigentes del PP de generar desconfianza. Rajoy y su gente siguen denunciando el síndrome del piloto borracho. Y mientras el Gobierno y el PP disputan sobre cuál de los dos tiene razón, la patera puede irse a pique.
Si la patera se hunde nos ahogamos todos. Zarandearla puede acabar siendo el consuelo de algunos y el mal de muchos. Es la carga de los mensajes del Gobierno cuando acusa a los dirigentes del PP de generar desconfianza. Rajoy y su gente siguen denunciando el síndrome del piloto borracho. Y mientras el Gobierno y el PP disputan sobre cuál de los dos tiene razón, la patera puede irse a pique.

En la patera, insisto, vamos todos. No solo Zapatero y Rajoy. De ahí la importancia de remar juntos, en la misma dirección. Al menos hasta que hayamos doblado el cabo de las tormentas. Tiempo habrá luego para cobrarse facturas pendientes y dirimir la contienda en las urnas. Hasta entonces apliquemos el sentido común. Si hay un único ocupante que no duerme a bordo de un avión automatizado pero en peligro, en pleno vuelo, a quienes despertará en primer lugar es a los tripulantes. No por salvar su vida sino la de todos.

En esa clave se entiende bien el argumento esgrimido por los patrocinadores del plan Bush -rescate de activos tóxicos con un fondo de dinero público de hasta 700.000 millones de dólares-, cuando se defienden de quienes les acusan de acudir en ayuda de los banqueros. Los Paulson, Bernanke y Cox, impulsores del plan aprobado por el Congreso norteamericano, dicen que no se trata de salvar a los banqueros sino de proteger los ahorros de los ciudadanos. Bingo. Ahí estamos.

En definitiva. Primero, despertar al piloto. Y luego, pedirle actuaciones rápidas en defensa de los ahorradores. De eso se trata, desde que a principios de la semana pasada un país de la Unión Europea, Irlanda, decidió actuar unilateralmente con una sorprendente medida, por la que el Estado garantiza durante dos años los fondos depositados por los ciudadanos en las seis principales entidades bancarias del país. A Irlanda le han seguido otros, con distintas formas de garantizar los ahorros de la gente. El más contundente, Alemania, que ha decidido garantizar "hasta el último euro", cinco minutos después de haberse comprometido con Sarkozy a no actuar unilateralmente.

Ahora le toca a España. A la hora de escribir este comentario desconozco el desenlace del encuentro de Zapatero con los máximos ejecutivos de nuestras seis mayores entidades bancarias y cajas de ahorros. Es perturbador que otros países europeos hayan tomado medidas unilaterales porque, a efectos de garantizar la seguridad de nuestros ahorros, parece crear áreas de confianza y áreas de desconfianza. Motivo suficiente para justificar algún tipo de sindicación entre el Estado español y las entidades bancarias.

Entretanto, este fin de semana Rajoy descalificó de nuevo al Gobierno por engañar a los españoles y seguir paralizado ante la crisis económica. Debería saber el principal partido de la oposición que no resuelve nada estar denunciando a todas horas la somnolencia del piloto. Si el PP tuviera razón en eso, sería una razón de más para centrar sus esfuerzos en la tarea de despertarle.



Lunes 6 de octubre de 2008
Las orejas al lobo
El puesto de trabajo y los ahorrillos del banco. Eso es mentarle la bicha a los españolitos. La crisis económica tomará cuerpo y alma en el hombre de la calle, el español medio, cuando esas dos cosas estén en peligro. Entonces la cantinela del telediario dejará de ser un galimatías de cifras y palabras ilustradas con imágenes de Wall Street para convertirse en lo más parecido a las orejas del lobo del viejo refrán. Hasta aquí llegó la broma.
El puesto de trabajo y los ahorrillos del banco. Eso es mentarle la bicha a los españolitos. La crisis económica tomará cuerpo y alma en el hombre de la calle, el español medio, cuando esas dos cosas estén en peligro. Entonces la cantinela del telediario dejará de ser un galimatías de cifras y palabras ilustradas con imágenes de Wall Street para convertirse en lo más parecido a las orejas del lobo del viejo refrán. Hasta aquí llegó la broma.

La semana que termina se cerró con los ecos inquietantes de unas declaraciones del vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, asegurando que no corren el menor peligro los ahorros depositados por los ciudadanos en bancos y cajas de ahorro. Eso por un lado. Por otro, supimos que el paro registrado alcanzó una cifra tan alta que hemos de remontarnos a 1997 para encontrar otra similar. Y con tendencia a seguir subiendo.

Lo de Solbes sonó como lo de la soga en casa del ahorcado. Sobre todo cuando en los medios de comunicación se empezó a hablar de máximos garantizados en caso de quiebra y de la remota posibilidad de que los ahorradores quieran retirar sus depósitos todos a la vez. Por remota que sea, a muchos se les habrán puesto los pelos de punta sólo de imaginar la posibilidad de que un día vayan a retirar su dinero y en la ventanilla les digan que se han agotado las existencias.

Coincidiendo con la entrada en detalles sobre lo que podría ocurrir si empezasen a quebrar los bancos, los gobernantes de diversos países se apresuraron a ocupar espacios mediáticos esta semana para asegurar, como hizo Solbes en España, que no hay ningún peligro de que los ahorradores se encuentren sus cuentas bloqueadas de la noche a la mañana por falta de liquidez en los bancos. Peligrosa dinámica. La gente tiende a mosquearse si de repente todos los gobernantes empiezan a recomendar calma porque, en efecto boomerang, se puede sembrar la alarma donde antes no la había.

El otro punto sensible en la percepción de la crisis es la pérdida del puesto de trabajo. Se trata de un golpe bajo a la autoestima de un hombre, o una mujer, que de la noche a la mañana recibe una carta de despido porque su prestación laboral ha dejado de ser necesaria. Es el principio de una secuela de males a escala individual, familiar y social. Y su alcance lo podemos rastrear en las cifras del desempleo, que no han parado de crecer durante los últimos seis meses.

Más de dos millones seiscientos mil (2.625.368) de parados y con tendencia a subir. Para encontrar una cifra parecida hemos de remontarnos al año 1997. Y no es lo peor tener que mirar once años atrás. De momento, once. Lo peor de todo es esa abrumadora coincidencia de las inequívocas señales que anuncian el empeoramiento. Solo dos consuelos. Uno, el mal de muchos. Y dos, estamos mejor que dentro de un mes, mucho mejor que dentro de dos meses, e infinitamente mejor de lo que estaremos a principios de 2009.



Viernes 3 de octubre de 2008
Pendientes del Capitolio
Todo el mundo vuelve a estar pendiente a esta hora del Capitolio de Washington, sede del Poder Legislativo de Estados Unidos. Apenas han trascurrido setenta y dos horas desde que, en el tramo final de esta Legislatura en la Cámara de Representantes, cuyo mandato terminó formalmente el viernes 26, los parlamentarios norteamericanos frenaran el plan de saneamiento financiero apadrinado por Bush.
Todo el mundo vuelve a estar pendiente a esta hora del Capitolio de Washington, sede del Poder Legislativo de Estados Unidos. Apenas han trascurrido setenta y dos horas desde que, en el tramo final de esta Legislatura en la Cámara de Representantes, cuyo mandato terminó formalmente el viernes 26, los parlamentarios norteamericanos frenaran el plan de saneamiento financiero apadrinado por Bush.

Con la inclusión de algunos retoques como una revisión más realista de los activos, de las compensaciones al contribuyente, o el propio control público del plan, éste vuelve a someterse a votación, primero en el Senado -la renovación electoral de noviembre solo afectará a un tercio de esta Cámara-, y luego, una vez más, en la Cámara de Representantes.

De nuevo, las espadas en alto, aunque esta vez parece que la reacción alcista de Wall Street anticipa la fumata blanca. Ahí estamos a la hora de escribir este comentario, pendientes del resultado de la votación en la Cámara baja, que es la realmente decisiva. En el ambiente, muy cargado en este septiembre negro que acaba de caerse del calendario, aún persisten los ecos del angustiado discurso de George Bush explicando a los ciudadanos del mundo que si los diputados norteamericanos no dan luz verde al proyecto (operación rescate de activos tóxicos), las consecuencias serán "largas y dolorosas".

El presidente de EE. UU. tiene razón, según las propias instituciones económicas del país alineadas en defensa del proyecto, los gobernantes europeos y, en general, los expertos de todo el mundo. Pero no habrá nada que hacer si el pueblo soberano, por boca de sus representantes parlamentarios, vuelve a hacerle un "soberano" corte de mangas a su Gobierno en el país donde el dogma de la separación de poderes (Montesquieu vive) todavía no se ha convertido en un alarde retórico.

El elogio de la democracia americana nos permite constatar la impopularidad del plan propuesto por Bush y apadrinado por el Tesoro, la Reserva Federal y los dos candidatos a la presidencia, Obama y McCain. Es la derivada lógica de la votación del lunes (228 no, 205 sí), en la que el vínculo representante-representado se impuso al clamor de los agoreros ¿Hubiera ocurrido si no estuviéramos en vísperas de unas elecciones? Se trata de unos parlamentarios que se juegan la reelección al decidir su voto atrapados entre los dos extremos de la pinza. Por un lado, el votante, el americano corriente, rico en sentido común pero no en conocimientos técnicos. Por otro, los gobernantes, los expertos, el stablishment, donde habitan las mayores reservas de información pero sobre un pavimento de intereses creados.

El sentido común se rebela contra la idea de pasar al ciudadano la factura de una fiesta que estuvo reservada a los ejecutivos de Wall Street. Pero los técnicos y los gobernantes dicen que es imprescindible esa lluvia de 700.000 millones de dólares para fertilizar los circuitos financieros, so pena de males mayores. El desenlace, en las primeras horas del jueves. Como diría un brillante corresponsal españo en Nueva York, nos estamos comiendo las uñas pero sin llegar a los nudillos.



Miércoles 1 de octubre de 2008
     
 
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