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| Zapatero y Rajoy: el gato y el ratón |
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| Es muy posible que no se llegue a celebrar la cumbre entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. La razón es muy sencilla: cada uno sólo piensa en sacar rédito partidista de ese encuentro. Estamos en una democracia demoscópica y cada decisión se ausculta en el corazón de los futuros electores. La ecuación es la siguiente: Mariano Rajoy prioriza el desgaste que la crisis puede promover en el Gobierno. Y José Luis Rodríguez Zapatero prefiere presentar a Mariano Rajoy como un irresponsable a tener su apoyo. En este caso dos riñen porque a los dos les interesa. El gato siempre será el Gobierno, sólo porque es más poderoso. El ratón intentará comerle el queso desde las alas que la crítica intrínseca al papel de oposición le confieren. Y en ese juego se abre camino el descrédito de la política, el frentismo como norma de funcionamiento y la confrontación como tecnología. No importa. En eso llevamos más de una década. |
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Es muy posible que no se llegue a celebrar la cumbre entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. La razón es muy sencilla: cada uno sólo piensa en sacar rédito partidista de ese encuentro. Estamos en una democracia demoscópica y cada decisión se ausculta en el corazón de los futuros electores. La ecuación es la siguiente: Mariano Rajoy prioriza el desgaste que la crisis puede promover en el Gobierno. Y José Luis Rodríguez Zapatero prefiere presentar a Mariano Rajoy como un irresponsable a tener su apoyo. En este caso dos riñen porque a los dos les interesa. El gato siempre será el Gobierno, sólo porque es más poderoso. El ratón intentará comerle el queso desde las alas que la crítica intrínseca al papel de oposición le confieren. Y en ese juego se abre camino el descrédito de la política, el frentismo como norma de funcionamiento y la confrontación como tecnología. No importa. En eso llevamos más de una década.
Cada parroquia toma partido sin matices. Si se le pregunta a un militante del PP quién tiene la culpa del desencuentro, la respuesta será inmediata: "el Gobierno". No es una argumentación imposible: el presidente se ha reunido con los banqueros, con los empresarios y con los sindicatos sin informarle al PP de nada. Ahora que ya está cocinada la receta contra la crisis, ¿para que sirve una reunión con el PP? No puede tener ni iniciativa ni contenidos distintos de que el Gobierno informe lo que la oposición ya conoce aunque sólo sea por la lectura de los periódicos. Y en el otro lado, el PP se ha quedado ronco de proclamar la incapacidad del Gobierno frente a la crisis. ¿Por qué le iba a dar espacio el Gobierno a una oposición que está lastrada siempre por la querencia a la deslealtad institucional en cuanto España tiene problemas graves que le aprietan el cuello al Gobierno?
Llegados a este punto, la ventaja que puedan sacar Gobierno y oposición de su adversario es un valor supremo y que deja diluida la responsabilidad de dar una imagen de unidad frente a la crisis. El ratón y el gato están en su salsa. No pueden vivir sin bronca porque esta circunstancia es el único motor de su actividad política. En el fondo, la demoscopia tiene la culpa: generar endorfinas para satisfacer instantáneamente a los ciudadanos se ha convertido en el deporte nacional de la política.
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| Jueves 9 de octubre de 2008 |
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| Banqueros en La Moncloa |
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| Los sillones blancos de la sala de La Moncloa en donde se reciben visitas dan idea de santuario. Pero la liturgia sólo sirve cuando tiene detrás un credo; es decir, confianza. No se tiene noticia de si los banqueros tranquilizaron al presidente o fue a la inversa: foto, humo y silencio. Miguel Blesa, que es quien mejor sentido tiene del espectáculo en ausencia de Emilio Botín, ocupó el centro de la foto desplazando al presidente del Gobierno al extremo del sofá principal, con lo cual aumentó la duda de la ubicación de José Luis Rodríguez Zapatero no sólo en el contexto internacional sino en el conocimiento de lo que está ocurriendo. |
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Los sillones blancos de la sala de La Moncloa en donde se reciben visitas dan idea de santuario. Pero la liturgia sólo sirve cuando tiene detrás un credo; es decir, confianza. No se tiene noticia de si los banqueros tranquilizaron al presidente o fue a la inversa: foto, humo y silencio. Miguel Blesa, que es quien mejor sentido tiene del espectáculo en ausencia de Emilio Botín, ocupó el centro de la foto desplazando al presidente del Gobierno al extremo del sofá principal, con lo cual aumentó la duda de la ubicación de José Luis Rodríguez Zapatero no sólo en el contexto internacional sino en el conocimiento de lo que está ocurriendo.
De tanto sacar pecho, al presidente del Gobierno no le invitan a tomar el té en el Palacio del Eliseo porque los socios más importantes de la Unión Europea no están acostumbrados a las fanfarronadas: el presidente español, en poco tiempo y en vísperas de la crisis, se jactó de haber dado el sorpasso a la economía italiana y de estar a punto de hacer lo mismo con la francesa. En Nueva York fue más lejos y dijo con cara de tener los datos controlados que la banca española era la más sólida del mundo. Ahora Zapatero se tiene que reunir con sus banqueros sólo porque no estaba invitado en París.
El inquilino de La Moncloa gusta mucho de hacer gestos porque piensa -condicionado por sus asesores mediáticos- que una foto en primera es más importante que un proyecto estratégico. Pero la foto del lunes fue la equivocada. Los españoles a quien esperaban ver es al presidente del Gobierno con el líder de la oposición, pero esa reunión no se ha precisado porque los dos grandes partidos están tan a gusto en su labor habitual de degüello que no encuentran tiempo para calmar a los usuarios de la mejor banca del mundo.
Probablemente el que menos gana al año de los reunidos en La Moncloa, excepción hecha del anfitrión, ande por los cuatro millones de euros. Una distancia suficiente para ver la crisis con paraguas mientras que los aspirantes al paro observan que tanto gesto sólo es, en síntesis, una fotografía en la que Miguel Blesa, por su ubicación, pareciera ser el presidente de Gobierno.
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| Martes 7 de octubre de 2008 |
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| La gran oportunidad de Rajoy |
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| Quienes se han equivocado tienen más difícil recuperar la confianza. Mariano Rajoy ha sobrevivido a su propia historia. Contra muchos pronósticos, consiguió llevar a cabo una aparente profunda renovación de los postulados que él como nadie impulsó en el Partido Popular. Ha ganado formalmente la apuesta al conseguir revalidar su liderazgo del que apartó a quienes le acompañaron en sus momentos de mayor dureza. No queda rastro de Eduardo Zaplana o de Ángel Acebes mientras que él ha tenido la oportunidad de modificar los comportamientos del pasado. |
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Quienes se han equivocado tienen más difícil recuperar la confianza. Mariano Rajoy ha sobrevivido a su propia historia. Contra muchos pronósticos, consiguió llevar a cabo una aparente profunda renovación de los postulados que él como nadie impulsó en el Partido Popular. Ha ganado formalmente la apuesta al conseguir revalidar su liderazgo del que apartó a quienes le acompañaron en sus momentos de mayor dureza. No queda rastro de Eduardo Zaplana o de Ángel Acebes mientras que él ha tenido la oportunidad de modificar los comportamientos del pasado.
Ahora tiene una oportunidad de oro de demostrar que el cambio es profundo y que su política está adobada de sentido de estado en la actual coyuntura económica. Si Mariano Rajoy, en su entrevista prevista y no fijada con el presidente de Gobierno, escucha las propuestas del ejecutivo para paliar la crisis y ofrece su ayuda para sacar a España de este atolladero, su figura política se amplificará.
Es cierto que el sistema bancario español reúne unas características de solidez extraordinarias y superiores a la de la mayoría de los países afectados por el tsunami norteamericano. Pero en cambio el incremento del desempleo amenaza seriamente la economía española y ahí es donde hay que centrar todos los esfuerzos del Gobierno y también de la oposición.
Quedan muchas asignaturas por delante en el modelo económico español. La orientación no puede ser la misma que hasta ahora ni en la gestión de esta crisis ni en la planificación de nuestro modelo de crecimiento. La construcción no volverá a ser el referente para el futuro como puntal de la economía. Y si es indiscutible que el pacto entre los actores sociales es pieza fundamental de la reconstrucción de nuestra economía, el concierto con la oposición también es una pieza básica.
El ejemplo de la capacidad de entendimiento entre los candidatos norteamericanos a la presidencia en pleno combate electoral demuestra que en las circunstancias excepcionales y en los momentos de mayor confrontación es posible encontrar vías de acuerdo.
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| Sábado 4 de octubre de 2008 |
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| Economía, una cuestión de confianza |
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| Las ciencias exactas -y la economía que no lo es tanto- tienen dificultades para calibrar los factores emocionales. Se puede hacer logaritmos con los cálculos económicos pero no con los impulsos del corazón. Y ahora viene el miedo inundando los comportamientos humanos. Tener miedo siempre ha sido un instrumento de dominación porque el temor impulsa a buscar cobijo en quien se supone que es superior. El miedo nos obliga a conductas que no tendríamos si tuviéramos seguridad. |
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Las ciencias exactas -y la economía que no lo es tanto- tienen dificultades para calibrar los factores emocionales. Se puede hacer logaritmos con los cálculos económicos pero no con los impulsos del corazón. Y ahora viene el miedo inundando los comportamientos humanos. Tener miedo siempre ha sido un instrumento de dominación porque el temor impulsa a buscar cobijo en quien se supone que es superior. El miedo nos obliga a conductas que no tendríamos si tuviéramos seguridad.
El miedo ahora es ahora a perder un sistema de vida. Quien ingresa en las filas del paro no está seguro de poder salir de ellas. Quien tiene una casa sin pagar tiene miedo a la hipoteca y a la letra pequeña de los contratos bancarios. Quien todavía tiene trabajo tiene miedo a perderlo y todos tenemos miedo de que los sueños que habíamos construido sean aparcados para siempre.
El miedo hay que combartirlo con confianza. Y la primera señal de responsabilidad sería saber que los gestores de esta catástrofe van a pagar por ello porque eso disiparía el miedo de que el caos pudiera volver a repetirse aunque sólo fuera porque quienes tengan esa tentación se lo pensarán dos veces. El miedo se conjugaría sabiendo que nuestra clase política ha tomado nota de que la fiesta neoliberal ni siquiera consigue garantizar que la riqueza de unos cuantos sirve para la supervivencia de todos.
La confianza que disipe el miedo se podría instalar si el estado democrático volviera a recuperar el papel de garante de la redistribución razonable de la riqueza, de la extinción de las diferencias abusivas, de la creación de una sólida base educativa pública que garantice que el punto de partida va a esta más igualado. El miedo se podrá paliar si la ostentación de la riqueza excesiva volviera a estar premiada de una capa de pudor y de temor.
La crisis económica actual es una cuestión fundamentalmente de confianza pero esta labor les corresponde más a quienes han tenido una posición de privilegio durante los años de esplendor económico porque pedir paciencia, mesura, y prudencia a quienes menos tienen y a quienes más pierden sólo es éticamente aceptable si los otros dan ejemplo. Lo demás, es sencillamente inmoral.
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| Viernes 3 de octubre de 2008 |
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| El Monopoly con la soga al cuello |
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| La política norteamericana está en proceso de deconstrucción, lastrada por la inercia de unos mercados sin control público, en donde la cuestión capital es si una intervención masiva es posible sin garantías de que el estado salvador pueda tener el control de las catástrofes financieras antes de que se produzcan. Los líderes políticos norteamericanos tienen reparos en unir su suerte a la del plan que se niegan a aprobar. |
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La política norteamericana está en proceso de deconstrucción, lastrada por la inercia de unos mercados sin control público, en donde la cuestión capital es si una intervención masiva es posible sin garantías de que el estado salvador pueda tener el control de las catástrofes financieras antes de que se produzcan. Los líderes políticos norteamericanos tienen reparos en unir su suerte a la del plan que se niegan a aprobar.
La soledad del presidente George W. Bush es patética; su fracaso inconmensurable. Su herencia, difícil de gobernar. A su lado, los representantes buscan su defensa individual conscientes de que ser cómplices de la receta de salvación les puede lastrar el resto de su vida política. En el Capitolio sólo se oye un grito: sálvese quien pueda. Los ciudadanos en la calle miran desorientados el proceso por el que sus vidas serán hipotecadas por el inmenso déficit promovido por un plan de ayuda que evitara el colapso ahora pero que puede relegar a Estados Unidos como motor de la economía mundial. En Europa se observa con perplejidad que el imperio económico norteamericano se soportaba sobre papeles de crédito basura. Nada era lo que parecía.
El efecto dominó puede hacer saltar el sistema financiero global como una caída en cadena de fichas de la que nadie esta enteramente a salvo. El contribuyente, el hombre común, mira al cielo para ver si los chuzos de punta de esta economía de Monopoly le terminarán por arrastrar en un torrente que hoy día parece imparable. Si el presidente Bush, teóricamente el hombre más poderoso del planeta, no puede conseguir que los congresistas de su partido aprueben un plan que suplica con desesperación, ¿en manos de quién está la humanidad?
Sin duda lo más urgente es que el barco de la economía mundial no se hunda porque ese torbellino se puede tragar todo un sistema de vida sin capacidad de repuesto instantáneo. Pero el paso siguiente tiene que ser la reforma profunda de un sistema de mercado que necesita un panel de control político y global para que los capitanes convertidos en piratas no sigan saqueando hasta la dignidad de las personas comunes que están absolutamente indefensas en manos de ejecutivos multimillonarios que sólo miran por ellos mismos. Nada puede ser igual después del 29 de septiembre de 2008, el día que las bolsas vieron de cerca el abismo.
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| Martes 30 de septiembre de 2008 |
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