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Evo Morales en la Opera de Viena

Los países de Europa que obstaculizaron el regreso de Evo Morales a Sudamérica en obsecuencia a Washington dejaron perplejo al mundo negando sus lamentables actos
Luis Agüero Wagner
miércoles, 10 de julio de 2013, 07:19 h (CET)
Dijo Brian Bowling que la diplomacia te saca de un problema en el que el tacto te hubiera evitado meterte, pero a juzgar por los últimos sucesos en la política internacional, la diplomacia europea parece intentar embarrarla todavía más.

En medio de toda la parafernalia que desató el accidentado regreso de Evo Morales desde Moscú a La Paz, el mundo ganó a un nuevo héroe, y Latinoamérica una nueva oportunidad de revancha ante Estados Unidos.

El nuevo héroe, a quien algunos ya proponen para el Nóbel de la Paz, se llama Edward Snowden. Harto de esperar que el presidente Obama cumpla sus promesas, el asistente informático que trabajaba para el gobierno fingió enfermar de epilepsia y viajó a Hong Kong con “información confidencial” de Estados Unidos. La información era precisamente, que no existe en el mundo información confidencial.

Entre las iniquidades reveladas por Snowden estaba que Europa ya había cedido su espacio aéreo a los norteamericanos, parte del tributo que le exigió el imperio a estos orgullosos vasallos, que otrora subyugaban a su turno a las demás civilizaciones del globo.

Un experimento controlado para demostrar la veracidad de lo que decía Snowden fue urdido en forma casi simultánea por las circunstancias y la torpeza europea.

La nave presidencial de Bolivia, con su presidente Evo Morales a Bordo, fue secuestrada en Europa bajo la “sospecha” de que transportaba al mismo Snowden.

A pesar de tener como prueba la misma información secreta de un ex espía norteamericano, los cuatro países del llamado viejo continente aseguraron ante foros multilaterales que no violaron ningún tratado internacional, obstruyeron ni cancelaron el paso de la nave por sus espacios aéreos. Tampoco aceptaron disculparse por el incidente, dijeron que no pretendían poner en peligro la vida de Morales y exigieron no sobredimensionar el caso.

España solo se excusó si hubo algún malentendido porque su embajador en Austria, Alberto Carnero, quiso subir al avión presidencial a comprobar personalmente si estaba Snowden.

Italia fue más lejos en la arrogancia y reclamó que Bolivia es la que debe disculparse por haber sido mencionada en comunicados de repudio en todo el mundo, perdón por mencionarla aquí. Vale decir, para todos estos estados de la vieja y “culta” Europa, Evo Morales estuvo varado casi un día en Viena por su propia voluntad. Después de todo, ser indígena y anti-imperialista no quiere decir que un presidente sudamericano no tenga inquietudes culturales y deseos de asistir a la Opera de Viena.

Lo que siguió fue un coro de voces pidiendo explicaciones y protestando contra Washington. La denuncia de que Alemania mantenía relaciones carnales con la CIA y la NSA, obligó a Merkel a criticar hipócritamente al espionaje global que se realizaba con su propia anuencia. Analistas advirtieron que podrían perjudicarse los tratados comerciales entre Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Hubo revuelo en la UE, MERCOSUR, UNASUR y forzadas reuniones en la OEA. La mayoría de los europeos no pudo disimular la vergüenza en el rostro.

El mismo presidente de Estados Unidos, aseguraron, deberá suspender su visita a Moscú programa para Septiembre, si Snowden decide permanecer hasta esas fechas en la zona del aeropuerto de Moscú. Eso solo para evitar un encuentro desagradable luego de aterrizar. La cancillería de Brasil se animó a protestar y exigir explicaciones a Estados Unidos, actitud que hasta hace pocos años era imposible imaginar.

Incluso en Panamá y Paraguay, tradicionalmente inclinados incondicionalmente a Washington, hubo autoridades que se solidarizaron con Evo. Las voces de protesta fueron tantas, que los disturbios que algunos políticos paraguayos y sus voceros mediáticos pretendieron crear en el MERCOSUR pasaron totalmente desapercibidos.

Todo parece indicar que el gobierno de Estados Unidos ya no es tan temido como lo fuera otrora. No solo le piden explicaciones algunos países europeos o Brasil, también Ecuador.

Sus enemigos públicos como Snowden ya no son parias en la comunidad internacional, sino que se encuentran bajo una lluvia de ofertas de asilo y solidaridad desde todas las latitudes.

Por supuesto no faltan los incondicionales que siguen defendiendo al gobierno de Washington, capaces de aplaudirlo incluso en sus errores. Afortunadamente, son cada vez menos numerosos en ese palco que, sabemos muy bien, tardará aún algún tiempo en quedar vacío debido a los enredos casi insuperables creados por el imperialismo.

Los responsables de la política internacional se encargarán de que sobrevivan no sabemos cuántos años más, pero solo porque como bien lo expresara André Maurois, para la diplomacia una cuestión aplazada ya está resuelta.

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