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Machismo desmedido

El machismo que humilla a las mujeres, las arremete e incluso las mata, no es una expresión de virilidad sino de personalidad enfermiza que necesita la violencia para autoafirmarse
Octavi Pereña
martes, 14 de enero de 2014, 08:51 h (CET)
Miguel Lorente, experto en violencia de género, forense y profesor de la Facultad de Medicina de la universidad de Granada es muy incisivo acerca de la violencia de genero: “La sociedad está enferma”.

El diario Segre de Lleida publica un reportaje que describe la convocatoria que se hizo en Tàrrega en protesta contra la violencia machista debido al asesinato de la joven Alba Martí de 14 años por su compañero de 18. Parece ser que la relación entre Alba y Míchel comenzó con mal pie. La pareja se fue a vivir con la madre de ella. El abuelo de Alba explica: “Al cabo de un año Míchel se fue de la casa y, finalmente Alba rompió la relación. De esto hace un par de semanas pero él no lo aceptó”. El reportaje sigue diciendo: “El lunes, al salir de clase (Alba) se fue a casa, en donde se encontraba sola. Fue entonces cuando Míchel fue a la vivienda produciéndose una discusión que acabó con la vida de Alba Martí”.

Según el abuelo de Alba, Míchel no aceptó que su nieta rompiese con él. Situaciones como ésta en que una mujer rompe la relación de convivencia con un hombre a menudo es el origen de agresiones que pueden conducir a la muerte de la mujer y a la convocatoria de manifestaciones anti violencia machista que no conducen a ninguna parte porque persiste el goteo de mujeres que mueren violentamente a manos de sus exparejas. El Dr. Miguel Lorente afirma: “No es un discurso nuevo, es el discurso de hace siglos, propio de hombres que ven a sus mujeres como un objeto sexual, que han de hacer lo que ellos digan para satisfacerlos porque sus deseos prevalecen por encima de los de ellas. Son los machistas elevados a la enésima potencia, la cara más dura y cruel de una ideología mantenida en el tiempo”.

El periodista Juan Cal comentando la muerte de la joven Alba, dice: “Quien la practica lo hace movido por atavismos culturales que se remontan al tiempo en que las mujeres pertenecían a sus hombres y eran ellos quienes lo decían todo sobre ellas…” Según Cal la violencia de género es una cuestión cultural. Esta teoría no se sostiene porque la violencia machista se manifiesta en todas las clases sociales: las iletradas y las ilustradas.

El Dr. Lorente expone: “Muchas personas mirarán de atribuirles un problema mental para explicar los delitos cometidos y buscarán en el pasado de aquellos diablos en un intento desesperado de entender”. Ante los casos de violencia machista que terminan con la muerte de la mujer, los vecinos se muestran sorprendidos de haber convivido durante tantos años junto a un monstruo. Son incapaces de entender como un hombre tan afable, educado y de comportamiento normal haya podido hacer algo tan repugnante.

El siquiatra Pere Planas Casas cree haber encontrado la causa de la violencia machista al escribir: “El maltratador como sujeto tiene unas condiciones generales de base, es inseguro, busca su afirmación, poder, seguridad, satisfacción. Resumiendo, es afirmación de su ego de la única manera que puede conseguirlo. Es el déspota. No puede dialogar, no tiene capacidad ni argumentos para convencer. El maltratador es esclavo de sus limitaciones. Su brutalidad física o síquica es el reflejo de su ignorancia. Ante sus frustración es cuando aparecen las manifestaciones más primarias y por este mecanismo recurre a la fuerza. El maltratador psíquico se mueve por las mismas coordenadas: se sustituye la violencia física por el dominio psicológico, creando el sentimiento de inutilidad , impotencia e incapacidad en la otra persona”.

En definitiva, lo que engendra la violencia machista es un trastorno de personalidad. La pregunta que nace es: ¿Qué crea el trastorno de personalidad? Según la Biblia, abandonar a Dios abre la puerta a la idolatría que es la adoración de dioses que no son Dios. La idolatría no consiste únicamente en adorar imágenes, también lo es poner en primer lugar al ego al cual se le debe satisfacer sea como sea. El resultado del egocentrismo, entre otras cosas es convertirse en personas “necias, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Romanos 1:31). El abandono de Dios puede llevar a la pandemia que se conoce como violencia machista.

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