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Lo que mata, engorda (Apocalypto etarra)

Santiago Chiva (Granada)
Redacción
sábado, 15 de marzo de 2008, 10:23 h (CET)
Los resultados electorales en el País Vasco han sido muy favorables al PSE-PSOE. Han pasado ya varios días y pienso que ya se puede hacer una valoración en frío sobre la influencia del execrable asesinato de Isaías Carrasco, ex concejal del PSE-PSOE, en el ascenso electoral del socialismo vasco. Es más que posible que la decisión de ETA de elegir como víctima a un concejal del PSE y no del PP no haya sido aleatoria. Si algo ha demostrado la izquierda radical abertzale es el dominio de la oportunidad estratégica para lograr sus fines.

Hay antecedentes del incremento de votos como consecuencia la muerte –natural o provocada- de un líder o incluso del atentado fallido contra un político en periodo electoral. Se llamó efecto Berlinguer a la gran subida de votos comunistas que por vez primera dio el triunfo al Partido Comunista Italiano, cuando en plena campaña de las elecciones europeas de 1984, el eurocomunista Enrico Berlinguer murió como consecuencia de un infarto cerebral en pleno mitin. Cuando ETA atentó sin éxito contra Aznar en 1995, un conocido político socialista comentó –con razón- aquello de que "lo que no mata, engorda" y efectivamente el atentado benefició electoralmente al líder del PP, elegido presidente al año siguiente. El polémico político holandés fue Pim Fortuyn asesinado en 2002 en vísperas de elecciones generales, en las que su partido tuvo un notable ascenso.

No podemos dejar de considerar la posibilidad de que ETA piense que el PSOE es mejor interlocutor que el PP para lo que ellos llaman "el conflicto vasco". Y que la banda, igual que se hacía en algunas culturas amerindias, no haya tenido reparo en sacrificar a Isaías Carrasco, político municipal, trabajador, ciudadano y padre de familia en el altar de su Apocalypto etarra, para conseguir sus propósitos.

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