El considerado militar más influyente en la historia boliviana, al menos en la primera mitad del siglo XXI, curiosamente no fue un nativo sino un alemán.
Nació en Neustrelitz (Mecklenburgo, Alemania) el 28 de febrero de 1869, Hans Kundt se graduó como subteniente en 1889. En 1902 integró como capitán el alto estado mayor alemán. En 1908 llegó por primera vez a Bolivia, y para 1911 comandó una misión para reestructurar el ejército boliviano. Combatió en la primera guerra mundial en Polonia y Galizia donde fue herido y luego condecorado.
Volvió a Bolivia en 1921 ya como general. Adoptó la nacionalidad boliviana y emprendió la reorganización militar boliviana. En 1923 fue nombrado ministro de Guerra por Bautista Saavedra. En 1930 dejó Bolivia a la caída de Siles.
Convocado nuevamente retornó a fines de 1932 a los 63 años, para hacerse cargo del ejército en campaña en el Chaco, ya cuando era un hecho la guerra con Paraguay.
A las órdenes de Kundt había actuado un connotado hombre de confianza de Adolf Hitler, Ernst Julius Röhm. Homosexual confeso, sus prejuicios raciales le causaron padecimientos en Bolivia, dado que le impedían entablar relaciones homosexuales con los soldados amerindios.
Rohm no es un olvidado por la historia. Había sido fundador de los Freikorps, escuadrón fascistoide que actuó durante la República de Weimar, había actuado en el putsch de Munich de 1923 y había sido líder de las temidas SA, también conocidas como Camisas pardas.
Pronto surgió rivalidad entre Kundt y Rohm, que los encontró enfrentados en dos bandos contrapuestos durante el intento de golpe realizado por el Presidente Siles, quien deseaba mantenerse inconstitucionalmente en el poder. Todos los indicios indican que los golpistas habían ofrecido a Rohm el cargo de Kundt. Tras ese encontronazo, el primero volvió a su Alemania natal, solo para encontrar la muerte a pocos días de “La Noche de los Cuchillos Largos” de 1934.
Aunque Kundt no tenía la militancia de Rohm en el partido Nazi, había puntos de contacto entre ambos.
La arrogancia racista y exceso de confianza de Kundt en sí mismo le hizo subestimar a los paraguayos, tanto que confiaba a sus allegados que bastarían tres mil hombres bajo su mando para llegar hasta Asunción.
Al contrario de lo que muchos historiadores cuentan, las ilusorias teorías de la superioridad racial de los arios había quedado sepultada mucho antes que los soviéitcos izaran su bandera sobre el Reichstag, en 1945. Un gran momento de la historia paraguaya lo señala en el perdido paraje de Campo Vía, un 11 de diciembre de 1933, hace exactamente 82 años.
“Rafael Franco, reforzado por la división de Fernández, irrumpió desde Gondra arrollando las líneas bolivianas y cerró el camino Campo Vía-Puesto Ustares” describe escuetamente la acción el historiador militar estadounidense David Zook. Sin esa maniobra, las tropas bolivianas hubieran escapado tras la toma de Alihuatá.
Esta victoria significó para el Paraguay hacerse de más armamento del que disponía al iniciarse la guerra, en tanto la derrota fue tan abrumadora en filas bolivianas según narra el sacerdote Ernesto Pérez Acosta (Pa-í Pérez), que un prisionero boliviano junto a él en ese momento, el Teniente Coronel Araníbar, exclamó consternado: “La guerra ha terminado. Kundt nos ha traicionado”.
Sería la victoria más fulminante de la guerra, y de consecuencias morales más demoledoras.
Justamente, la debacle boliviana obligó a renunciar al general alemán Hans Kundt, y hubiera significado el final de la contienda si no se hubiera concedido un armisticio en el que los suspicaces creyeron entrever la mano de la empresa petrolera Standard Oil, acusada en el Congreso norteamericano de financiar a Bolivia. Juan Stefanich escribió sobre aquel gran momento de la historia militar paraguaya:”Desde los campos encendidos del Chaco fueron barridos de América, como en los tiempos de la emancipación, generales y técnicos europeos y otros de menor jerarquía, en forma aleccionadora”.
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