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Cada palabra cumple un orden lógico y necesario

Daniel Sánchez
Daniel  Sánchez
lunes, 4 de abril de 2011, 10:28 h (CET)
El microrrelato que analizamos hoy pertenece a Maite, escritora en progresión imparable dentro del género que cada día alimenta el blog Historias Mayúsculas en Porciones Minúsculas.

Necedad demográfica

A Ramiro todo el mundo le tomaba por tonto. Hacía cosas extrañas como sentarse en un banco que tuviera un cartel de “recién pintado”. Se mofaban de su torpeza y a veces, esperaban largo rato a que Ramiro se levantara para ver las rayas de pintura decorando su ropa, pero él nunca les daba ese gusto. Cuando nadie le veía, regresaba a casa con su cartel bajo el brazo, a sabiendas de que mañana tendría, sin duda, el mejor banco del parque.

Lo he seleccionado porque creo que es un visual ejemplo para mostrar todo lo que cabe dentro de un microrrelato. Concretamente, en este caso, cabe una perfecta composición que ni mucho menos nace de la arbitrariedad, sino de algo ya premeditado anteriormente. Ahí, reside precisamente una de las máximas del microrrelato: nada queda al azar porque el argumento de un microrrelato siempre se sostiene sobre una base compositiva estable que genera a posteriori ese cercano encuentro con el lector.

Por ello, la narradora, presenta a un personaje que parece “el tonto del pueblo” y que después, resulta ser, sino el más listo, uno de ellos, porque se mofa tanto de los personajes como del lector.

La palabra cartel es la que aglutina ambas historias contradictorias que terminan convergiendo en esa misma palabra.

El presentar un argumento y luego convertirlo en lo contrario suele ser un eficaz recurso a la hora de elaborar un microrrelato. Son muchos los ejemplos que se pueden leer por la red, si bien es el uso preciso de la palabras (en este caso, yo no quitaría ni añadiría nada en el microrrelato) el que lo convierte en una obra cerrada, completa y perfectamente esculpida. De ahí, la grandeza de este texto.

Engañar a nuestro cerebro no es tarea fácil, quien lo logra, por méritos propios, merece estar en olimpo de este género.

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La noche acariciaba suavemente los rostros de las personas que merodeaban por los alrededores del parque. Estaban sentados frente al quiosco, donde se posa en la cúspide estatua de una mujer desnuda, que señala con dedo índice hacia el universo, parte suroeste. Variedad de luces, de diversos colores, rodeaban el quiosco, la pileta del mismo absorbía la luminosidad de la luna, que la hacía más bella y refulgente.

Wafi Soraida Salih Mucharrafie (Trujillo, Venezuela, 5 de junio de 1965) es una escritora nacida en Venezuela de ascendencia libanesa educada en la Universidad de los Andes y con un posgrado en Magister en Literatura Latinoamericana. Sus obras más notables son Discípula de Jung, Huésped del Alba, e Imágenes de la ausente.

Están siempre dando leña, pretendiendo hacernos daño. ¿Si es parte de nuestra seña, porqué interfieres, extraño?

 
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