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El senador Weiner y la impunidad de Lugo

El escándalo sexual sin sexo del ex congresista Anthony Weiner no llega ni a los talones de los protagonizados por el cura Fernando Lugo y algunos de sus parlamentarios
Luis Agüero Wagner
lunes, 20 de junio de 2011, 06:51 h (CET)
A la galería de políticos pervertidos integrada entre otros por Fernando Lugo y Dominique Strauss Kahn se sumó la semana pasada el senador democráta Antony Weiner, luego de conocerse que se dedicaba a distribuir sus fotos en paños menores a través de las redes sociales en lugar de legislar.

El escándalo protagonizada por Weiner estalló a finales de mayo, cuando la foto de un hombre en calzoncillos apareció en su cuenta de Twitter con un enlace a una estudiante universitaria de 21 años en el estado de Washington.

En medio de una gran conmoción para identificar al hombre en calzoncillos, el congresista negó que se tratara de él y fue más allá, al asegurar que su cuenta de Twitter había sufrido un ataque informático para desprestigiarlo.

Sin embargo, el castillo de naipes se derrumbó luego de que el propio Weiner decidió reconocer no sólo que él había sido el protagonista de la fotografía enviada a la estudiante, sino que además había sostenido relaciones “inapropiadas” con otras seis mujeres.

Las cosas se agravaron cuando la ex actriz de cine porno Ginger Lee desveló la semana pasada que mantuvo contactos con Weiner a través de la red y que a principios de junio él le pidió que mintiera sobre su relación.

A diferencia de Weiner, Fernando Lugo, quien apareció junto a Strauss Kahn en los rankings de los mayores escándalos sexuales de la historia de la BBC, que fue comparado con Marcial Maciel por varias publicaciones, cuyo bochorno recorrió cadenas noticiosas como RAI, TVE o BBC, sigue tan campante en su cargo.

El caso Weiner, uno más

Si algo ha abundado últimamente en la política norteamericana, han sido los escándalos sexuales.

El ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger, un republicano, admitió el mes pasado haber tenido un hijo con una empleada doméstica. El ex senador John Edwards, demócrata, fue instruido de cargos la semana pasada acusado de haber violado las leyes que regulan las finanzas de las campañas al utilizar fondos para ocultar a su amante y su bebé poco antes de las primarias presidenciales de 2008.

El senador republicano John Ensign renunció el mes pasado, antes de atestiguar ante un panel de ética del Senado sobre una aventura amorosa con la esposa de un alto asistente.

El representante demócrata Eric Massa renunció el año pasado en medio de denuncias de que hostigó sexualmente a miembros varones de su personal.

Después de ser arrestado por conducir en estado de ebriedad en 2008, el representante republicano Vito Fossella, casado con tres hijos, se vio obligado a admitir que había tenido una hija con una amante.

Uno de los escándalos sexuales en Nueva York involucró al ex gobernador demócrata Eliot Spitzer, quien renunció en 2008 después de haber sido identificado como el "Cliente número 9" en una redada por prostitución.

Antes de ser gobernador en 2006, Spitzer, ex procurador general del estado, se había ganado reputación nacional en parte por su represión de las bandas dedicadas a la prostitución.

Considerado una estrella en ascenso en el firmamento del Partido Demócrata, Anthony Weiner, representante por Nueva York, se convirtió la última semana en un cadáver político más.
“Hoy anuncio mi dimisión como representante. Me hubiera gustado seguir con mi labor.

Desafortunadamente la distracción (escándalo) que he creado yo mismo me imposibilita seguir adelante”, dijo el congresista en medio de los abucheos, los gritos de “pervertido” y los vivas que marcaron ayer su retirada.

Los rumores de su renuncia habían circulado desde principios de semana, cuando el propio presidente Barack Obama sugirió que debía renunciar. La sutil invitación del mandatario surtió su efecto y Weiner, un judío de 46 años casado con una asistente de Hillary Clinton (Huma Abedin) ha echado así por la borda una carrera política que comenzó hace casi 20 años, cuando se convirtió en uno de los concejales más jóvenes de Nueva York.

A diferencia de Obama, quien solicitó expresamente la renuncia de Weiner tras el escándalo, el cura Fernando Lugo se mostró “comprensivo” cuando su embajador en Chile Armando Espínola apareció en las primeras planas de los diarios paraguayos fotografiado en plena orgía sadomasoquista. El escándalo, sin embargo, acaparó los medios paraguayos y amenazó con opacar la cumbre del Mercosur que por esos días se llevó a cabo en Asunción.

Poco antes, varias mujeres aparecieron acusando a Lugo de haberlas abandonado con hijos engendrados por él, y una de ellas incluso lo acusó de violador. Las bochornosas denuncias le valieron al cura ser condenado por el Parlamento en una declaración en la que lo acusaban de atentar contra los derechos de la niñez y de las mujeres.

Lejos de reaccionar con el debido rechazo, varias de las ministras del cura, como Liz Torres o Gloria Rubin, minimizaron los hechos y justificaron la inconducta de su jefe para seguir aferradas a sus cargos.

Nunca más pertinente que en este caso la frase de Simone de Beauvoir, quien decía que lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra.

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