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Gabriel Ruiz-Ortega FIRMA DE OPINIÓN
Crítica literaria
Gabriel Ruiz-Ortega nació en Lima, Perú. Tiene 28 años. Ha pasado por las aulas universitarias pero siente que ha aprendido más de los libros, el rock y el cine. Y sobre todo, de la incertidumbre. Como escritor tiene la inquietud de presentar a la memoria de los lectores una novela por año. Pese a los malévolos hackeos a sus cuentas electrónicas y su computadora, sus ganas siguen intactas y el desánimo está muy lejos de menguar sus proyectos. Es autor de la novela La Cacería, basada en los últimos meses a la caída del régimen dictatorial de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Sólo escribe de lo que le gusta.
    

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ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
“Radio Ciudad Perdida”, de Daniel Alarcón
Daniel Alarcón (Lima, Perú, 1977) nos entregó su segunda publicación, la novela RADIO CIUDAD PERDIDA, escrita y publicada, previamente, bajo el sonoro y melódico LOST CITY RADIO.
(Antes de abordar la novela, algunas cuantas palabras sobre Alarcón. Él nació en Perú, en 1977; años previos a la catástrofe económica y violenta que tapizaría al país, sus padres, al igual que muchos con posibilidades, decidieron emigrar rumbo a Estados Unidos. En otras palabras, puede decirse con mucha tranquilidad que este escritor ha hecho suyo la tradición literaria y cultural del país de norte. Sin embargo, este aspecto no es ningún óbice para que las editoriales, la crítica académica y mediática lo consideren como escritor peruano, puesto que el tema que lo ha consagrado internacionalmente le debe absolutamente todo a la violencia política peruana de los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Más allá de estas clasificaciones paralelas que distraen involuntariamente, hay que aseverar que se trata del mejor escritor joven latinoamericano de hoy y con justicia uno de los mejores en lengua inglesa, tal y como lo ratificó la prestigiosa revista Granta a la hora de dar cuenta de los nuevos escritores más representativos.)

En esta novela se explora el tópico de la violencia política, vista desde un punto imparcial que nos impide ubicarla en un contexto próximo, puesto que por ese No-las acciones contadas podrían ocurrir en cualquier país de América del Sur. Y a diferencia de su primer libro de cuentos, GUERRA A LA LUZ DE LAS VELAS, el autor se sumerge en los daños paralelos que toda guerra interna deja en quienes la viven, tanto directa como indirectamente.

Norma es una conocida locutora radial que conduce un programa con el que se encarga de reunir a las personas separadas por la guerra desatada entre las fuerzas del orden y el grupo subversivo IL. Esta guerra ha dejado a la capital en ruinas, en especial luego de la batalla final librada en su zona este, la cual dio como vencedores a las fuerzas oficiales. Una ciudad cubierta de cenizas, en donde la gente camina con mucho trauma y desconfianza en el otro. Cierta noche se le anuncia a Norma la llegada de un niño llamado Víctor, quien está acompañado de Manau, su maestro de escuela. Víctor proviene de la zona oriental del país, y este detalle hace revivir en Norma la posibilidad de poder encontrar a su esposo Rey, quien desapareció tiempo después de incursionar en el oriente como integrante de las filas del IL.

Con mucha precisión, y gracias a un narrador omnisciente, Alarcón nos ofrece un fresco de los avatares y secuelas de la guerra por medio de estos cuatro personajes, en una suerte de epifanías que privilegian los estados psicológicos canalizados por el sentimiento de culpa, ya que pese a que las fuerzas oficiales terminaron imponiéndose, ninguno puede sentirse realmente victorioso. Por el contrario, en los personajes está la sensación no expresada de que la guerra vivida en diez años fue, por demás, absurda. El autor se vale muy bien de ciertas técnicas y recursos deudores de la novelística norteamericana, como el dato escondido, los saltos al pasado, la introspección…

RCP exuda una saludable ambición que denota su logro y, a la vez, su traspié. Traspié ya que por la magnitud de la novela, de casi cuatrocientas páginas, se pierden perfiles secundarios que sostienen el hilo temático conductor de Norma, Rey, Manau y Víctor, que son “juntados” por algunos trucos técnicos que recuerdan a lo que hace Paul Auster con el azar. Pero más allá de este bajón, RCP mantiene el interés del lector a través de lo mejor que le deparó su primer libro: el trabajo con la psicología de los personajes, por el cual, y tal como me lo indicó el autor en una entrevista para este diario hace ya buen tiempo, sí es posible especular con la influencia directa en la que descansa su poética de novelista de raza: la novela decimonónica rusa, Dostoevsky en especial.

Alarcón se confirma, y con varios cuerpos de ventaja, como uno de los mejores novelistas jóvenes del mundo. Esta novela tiene todos los ingredientes para quedar en la memoria de los lectores.

Editorial: Alfaguara.

Lunes 6 de octubre de 2008
“La vida de una vaca”, de Juan Pablo Meneses
Es indudable que vivimos hoy en día un interesante boom de la crónica, tanto en Latinoamérica como en España, y también es indudable que cualquiera no puede llamarse cronista. A este escritor que reseña solamente los libros que le gustan, le revienta que se crea que la crónica es un género muy fácil de llevar, y le revienta doblemente el ninguneo que “goza” en las esferas del limbo de la crítica literaria. (Pongo el parche: la crítica jamás debe ser inmediata.) Veamos: ¿cuál es el criterio de un reseñista para valorar un libro de no ficción? Pues al parecer solo existe una sola respuesta, que por muy jalada de los cabellos, denota un fortísimo asidero prejuicioso: que el autor sea, ante todo, alguien proveniente del ambiente literario, porque solo así podría tener la oportunidad de que un “catador de libros” se ocupe de él. Son pocos los escritores de no ficción que tienen la oportunidad de gozar de la atención mediática pertinente. Cito: John Lee Anderson, Julio Villanueva Chang, Juan Villoro, Ricardo Uceda…A estos nombres debemos sumar el del chileno Juan Pablo Meneses (Santiago, 1969), quien con su último libro, LA VIDA DE UNA VACA, se ubica como el mejor cronista latinoamericano.
Meneses es autor de un par de libros también importantes: el primero, EQUIPAJE DE MANO, sobre viajes y personajes; el segundo, SEXO Y PODER, sobre un destape social y político que puso en jaque a las esferas más connotadas de la sociedad chilena. Podemos colegir entonces, que el autor no es un pipiolo en estos menesteres, digamos que tiene la suficiente experiencia como para abordar cualquier tema, porque como bien se sabe, hoy en día, las verdaderas historias, las que valen la pena contar, no están en la imaginación, sino en la misma realidad, cualquier hecho puede servir, no importa si se es un gran personaje o uno ordinario, hasta los animales pueden ser protagonistas, como es el caso de La Negra, la protagonista de LA VIDA DE UNA VACA.

El cronista basa su trabajo en un detalle no muy visto pero a la vez muy presente en la cultura argentina: la carne, el excesivo consumo de esta; sin embargo, lo canaliza a través de una sola vaca, con la que se vale para recorrer la radiografía de un país, abordando una serie de protagonistas marcados por la igualdad de opinión, ergo: no hay una sentencia absoluta, sino que esta se dispara en la variedad. Es notorio también el impresionante trabajo de biblioteca que yace en cada una de sus páginas y el reflejo del lado humano del cronista en su apego con determinados actores, como el caso del ganadero Juan Jorajuría, en quien recaen las dosis melodramáticas de la historia, sin perder en ningún instante su punto central: La Negra.

LVDUV es un libro pionero, pero no por el hecho que se hable de una sola vaca (aunque también es cierto), sino porque su germinación, desarrollo y llegada final a su edición de libro, partió del medio de comunicación que viene subiendo como la espuma de una cerveza: el medio virtual, muy en especial el blog. A diferencia de otros autores, Meneses, en su blog, hizo público la intención de comprarse a La Negra, dio a conocer a sus miles de lectores lo que pensaba hacer con ella, y escribió sobre aquello en artículos y crónicas para revistas como SOHO y Etiqueta Negra. Esto configura al libro como uno interactivo, lo cual se deja notar en el texto puesto que tiene varias páginas dedicadas a la transcripción de los comentarios de los lectores del blog del autor.

Muchas veces se ha creído que la mejor manera de abordar a una sociedad es por medio de sus visibles traumas o sus personajes más conocidos. Creo, a mi juicio, que se abusa muchísimo de las figuras encarnadas por presidentes, dictadores, narcotraficantes, sicarios y deportistas. Los nuevos cronistas deberían echar un ojo a esos grandes detalles presentes en el imaginario de sus países, no muy tomados en cuenta. Las historias, como dije, están en la misma realidad, solo hay que convertirlas en idioma, encausarlas bien, pensando siempre en el lector, tal y como lo hace Juan Pablo Meneses.

Editorial: Planeta / Seix Barral.

Viernes 19 de septiembre de 2008
“Un chino en bicicleta”, de Ariel Magnus
Fue un amigo, Leonardo Aguirre, a quien ya he entrevistado para este medio, el que me recomendó la novela que es el motivo de esta reseña. Fue tanto su entusiasmo que no tuve otra que hacerle caso, al menos por una sola vez en la vida. Es así que llegué a la que es quizá la mejor novela premiada del prestigioso concurso La Otra Orilla, versión 2007, convocado por la no menos influyente editorial Norma.
Resulta que tengo muchísimos reparos a los concursos, de toda índole, cada cual está pautado por intereses y rara vez el jurado logra calzar con el fallo de los verdaderos jueces, aquellos que terminan ofreciendo el genuino premio, pues me refiero al honesto y genuino favor del público lector. En este aspecto, el narrador argentino Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975) debe sentirse más que satisfecho.

UN CHINO EN BICICLETA es una novela que puede llevar al lector, en sus primeras páginas, a pensar que le están tomando el pelo. Todo empieza en un urinario, en donde un joven llamado Ramiro Valestra es secuestrado por Li, un chino que acaba de escaparse del juicio en el que venía siendo juzgado, el cual tenía a Valestra como principal testigo de lo que se le acusaba: quemar tiendas. ¿Cómo llega Valestra a esta situación?, pues una noche, luego de ver a su novia, se encuentra con un par de policías que tenían detenido a un chino pirómano, Li, y estos sindican al joven como el principal testigo.

Magnus demuestra tener una capacidad inventiva a prueba de balas: como “sugiero” en el anterior párrafo, parece que nos estuviera tomando el pelo, y es esa sensación de estar ante un argumento absurdo de la que se vale el narrador para sacar todo el arsenal, todos sus recursos, con el objetivo de mantenernos enganchados hasta la última página, lo cual no es poca cosa, puesto que una de las bases de la narración de esta novela es el uso que se hace del humor, tan caro este a generar más de una antipatía entre no pocos escritores cuajados, quienes recomiendan alejarse del detalle que no pocas veces es visto como un recurso insultante o lleno de facilismo. Lamentablemente se cree que el humor está ligado a la anécdota, a lo trivial, que es imposible hacer con él una novela ambiciosa. Haciendo un repaso, pues esa creencia hasta puede tener cierto asidero, pero por el hecho de que nos hayamos topado con novelas que se suicidan por la apuesta desmedida del humor, no puede meterse a todas en ese peligroso saco. Me vienen a la mente excelentes muestras novelísticas, vigorosas de humor, como las de Manuel Vázquez Montalbán o Rafael Reig, llamadas a quedar.

Y fácil las vicisitudes de los colgados protagonistas, Valestra y Li, son las columnas que terminarán haciendo perdurable esta novela de Magnus, porque, entre otras cosas, esta también tiene un componente esencial y a la vez muy olvidado el día de hoy: contar una historia, y en este caso, una muy buena historia que tiene coqueteos con los contenidos más peculiares de la tradición policial, género también muy denostado, pero que a la vez es el idóneo para dar lecturas paralelas, que solo los libros completos son capaces de impulsar, como es el caso del intercambio cultural que hoy en día se vive en Argentina entre naturales e inmigrantes chinos.

El centro de operaciones de las andanzas de Valestra es el chifa Todos Contentos, un chifa irreal, falso, que se cae por su inverosimilitud, sin embargo, este no es para nada un óbice, ya que si no fuera por ese restaurante, no terminaría de cuajar la atmósfera paródica que destila toda la novela.

Por lo demás, y por lo escrito hasta aquí, “no creo que sea necesario mencionar” que Ariel Magnus es hoy por hoy uno de los más prometedores narradores latinoamericanos, de quien esperamos más libros suyos en el futuro, igual de buenos como UN CHINO EN BICICLETA.

Editorial: Norma

Sábado 23 de agosto de 2008
“Dejen todo en mis manos”, de Mario Levrero
En estas semanas alejadas de la escritura de reseñas, he estado leyendo mucho. Como se sabrá soy un escritor que escribe de libros que le gustan, y por esas cosas cuestionables de la vida, me estaba topando con libros que bien merecían ser escanciados con gasolina para prenderles fuego con la sobra menguante de un cigarro Marlboro. Obvio que no llegué a esos extremos, quemar un libro es como quemar a un ser humano, así este encarne todas las ignominias juntas. Y en lugar de gastar mi tiempo escribiendo sobre los defectos de un libro X, así su autor sea un reputado escritor, me mantenía a la expectativa de la llegada a mis manos de un título que me llevara a lo que siempre me ha interesado, en especial cuando de reseñas se trata: proyectar mi entusiasmo, porque el verdadero compromiso que debemos tener con los libros es precisamente con aquellos que nos gustan, que nos cuestionan y que nos llevan a repasar la tradición en la que este se inscribe, ya que, y lo vuelvo a repetir, los libros no nacen de la nada.
Hace varias semanas, cayó en mis manos una novela de un escritor uruguayo del que poco o nada se sabe. Hurgando en su biografía, llego a la conclusión de que este podría ser catalogado con un “rara avis”, todos dicen que es un buen escritor, pero a la vez esos “todos” jamás lo han leído, solamente se dedican a repetir mismo loros y papagayos lo que muy pocos han dicho con conocimiento de causa.

Mario Levrero (Jorge Varlotta) nació en Montevideo en 1940 y falleció en agosto del 2004. Es autor de las novelas PARÍS, EL DISCURSO VACÍO, LA CIUDAD, entre otras. La que nos compete ahora, DEJEN TODO EN MIS MANOS, fue publicada en 1996 y gracias al buen ojo de una editorial española es que tenemos esta edición del año pasado. Todo un acierto de la casa editora porque si no fuera por su apuesta por rescatar a un autor al que no se le conocía, ni en pelea de perros, estaríamos privados de disfrutarlo, ya que por esas cosas que solo pueden darse en la literatura: Levrero estaba condenado a ser leído en círculos egoístas de letraheridos que poco o nada hacen por la difusión de su extraordinaria literatura.

Desde la contratapa se sugiere que esta no es la mejor novela de Levrero. Mi recomendación es que no hagan caso (en general para todo tipo de contratapas). Es cierto que DEJEN TODO EN MIS MANOS no es una gran novela, pero me imagino que no pocos escritores ya quisieran tener en su trayectoria una joyita como esta, porque si tuviera que dejar por sentado un concepto de esta novela es precisamente eso: que es una joyita, un canto a la más pura levedad en cuanto novela corta se refiere, siempre y cuando haya muchísimo talento y una patente intención de transgresión.

Un innominado escritor, que para variar tiene varios libros publicados y que sigue en las mismas, se encuentra atravesando una fuerte crisis económica, ante esto recibe una oferta por parte de un editor: encontrar al autor de un manuscrito de novela. En un principio, la propuesta le suena ridícula, pero cambia de opinión cuando se le dice que no solo se le va a pagar, sino que también se le publicará la novela que le acaban de rechazar.

Es así que se lanza tras la búsqueda de Juan Pérez, el supuesto autor, y se dirige al pueblo de Penurias, ubicado a varias horas de Montevideo, la capital de Uruguay. Sobre el manuscrito de novela no se dice mucho, solo que se trata de una obra que va a cambiar el devenir de la novela contemporánea, y si se ubica al autor la editorial podrá acceder a una subvención importante por parte de una entidad sueca.

A simple vista, la trama puede parecer de lo más absurda, pero si esta no tuviera dicha característica, no se podría apreciar la soltura y vicisitudes que rodean al innominado escritor metido a detective. Los personajes se cruzan con él en sus indagaciones, cada uno funge como una suerte de asociación simbólica ligada a la tradición de los viajes, y en cada encuentro prevalece la ironía, el humor y el desconcierto, canales estos que proyectan un feroz espíritu crítico a los vacíos del mundo contemporáneo.

La novela se nutre de la tradición del policial, pero carece a la vez, así suene a contradicción, de los componentes para considerarla como tal: los personajes, peculiares sin lugar a dudas y claves para todo policial, se limitan a cumplir una función decorativa, el escritor-detective no llega a interactuar del todo con ellos, solo se reduce a preguntar por Juan Pérez y a acostarse con Juana Pérez, la prostituta oficial de Penurias.

Por otro lado, el estilo de Levrero hace gala de un hechizo descomunal, llegas a creerte lo que te relata, te dices en más de una ocasión que “esto no puede suceder”, pero continúas, llegas a comprometerte del todo con la búsqueda sin lógica del escritor-detective, haces tuyas sus frustraciones, goces, inquietudes y esperanzas, y la perplejidad se apodera de ti porque crees desde sus primeras páginas que estás leyendo un intento de novela policial con devaneos metaliterarios, pero al terminar y conocer el “curioso” desenlace, tienes la certeza de que los mejores homenajes que se le pueden hacer al “género negro”, no son a través de la asimilación, sino picando piedra en las canteras de la parodia, objetivo que solo lo pueden llevar a buen puerto escritores dotados y que merecen ser leídos, como Mario Levrero.

Editorial: Caballo de Troya.

Viernes 8 de agosto de 2008
“Y de este mundo prostituto y vano sólo quería un cigarro en mi mano”, de Rubem Fonseca
Rubem Fonseca (Juiz de Fora, 1925) es uno de los más destacados autores brasileños vivos de hoy, llamado a ser una de las voces referentes de las nuevas camadas de novelistas sudamericanos, porque ese es el destino de los grandes, de aquellos que ponen con letra dura la cimiente de cualquier tradición. Fonseca es también uno de los más importantes exponentes del género policial, el cual, muchas veces no sé por qué, es tan vilipendiado por algunos novelistas de fuste que lo consideran subliteratura, un género menor, en algo que hasta un mico puede hacer. El prejuicio sobre el policial es muy fuerte, no pocos piensan que hay muchísima facilidad en su desarrollo, se cree que con tal de poner como telón de fondo un crimen, un poco de sangre, una incomprendida mujer, un sospechoso común y un criminal solapado es más que suficiente.
Si analizamos bien y detenidamente la tradición de la novela y somos un poco más abiertos de mente y espíritu, no vamos a tardar en llegar a la conclusión de que las novelas, a lo largo de su historia, se desarrollan en dos grandes bloques: las de amor y los policiales. O bien se cuenta un gran romance y la lucha por un bienestar sentimental o bien el interés por conocer o revelar un tabú en todas sus variantes. (Esta idea da para más, trataré de desarrollarla en una futura reseña de otra novela policial.)

Y DE ESTE MUNDO PROSTITUTO Y VANO SÓLO QUERÍA UN CIGARRO EN MI MANO es una novela que demuestra el por qué Fonseca es una narrador importante, conocido y desconocido a la vez. Brasil es un país del que a las justas los lectores relacionamos con algunos escritores, y uno de ellos es Fonseca. La relación, para ser justos, no pasa más de diez nombres, entonces esto nos da luces de lo mucho que falta por conocer de la tradición novelística de ese país continente. No es extraño pensar que pueden haber más escritores de la talla de quien hace no mucho fue galardonado con el prestigioso Juan Rulfo de México.

Esta novela es un policial. Sin embargo, a diferencia de títulos de Fonseca como AGOSTO, aquí tenemos el pretexto de la intriga para inmiscuirnos en uno de los grandes subtemas de Fonseca: los placeres del vicio, en este caso, exclusivamente del tabaco. El abogado Mandrake, presente en las novelas del escritor, quien recuerda las idas y vueltas de un caso aparentemente superfluo, que, de paso, trae algunas muertes que giran en la figura del exitoso escritor Eduardo Flavio y las apasionadas Amanda, Luisa y Silvia, todas ellas, a su manera, obnubiladas por los encantos de aquel hombre al que no le importa más que el vivir como todo un sibarita. Basta recorrer las primeras páginas para darnos con la casi certeza de quien puede ser la persona responsable de las muertes, y como esta historia no tiene para más, encontramos el motivo de su brevedad, te la puedes leer en el viaje al trabajo en bus o en la sala de espera de un banco. Flojísima en trama, pero que mantiene, y en gran nivel, el secreto recurrente de las más grandes novelas policiales: la fisonomía moral de los personales y las relaciones entre ellos, es este aspecto el que termina ofreciendo un plus a toda novela policial, no importa si nos topamos ante un argumento jalado de los cabellos.

Los personajes de esta novela de título largo, cuyas letras no consigno para que el lector no crea que estoy hablando de la clave de una cuenta corriente, se mueven alrededor de las conversas grababas de Mandrake a su cliente Eduardo Flavio a través de las transcripciónes de las sesiones que lindan con los métodos de los psicoanalistas. A partir de ellas es que Mandrake empieza a armar el devenir de estas mujeres enamoradas (encaprichadas) del escritor que representa para ellas el ideal de ternura, aventura y fervor sexualidad que tanto ansían.

Sin embargo, entre sesión y sesión, Flavio suelta los móviles de su poética, de su relación con la literatura. Por este lado también puede decirse que estamos ante una novela policial de espíritu metaliterario, no por el hecho de que el protagonista ancla sea un narrador, sino por las reflexiones que en torno al trabajo literario se detallan, teniendo como punta de lanza la disidencia del talento natural, de la carencia de lecturas, que en no pocas líneas puede resultar sumamente estimulantes para cualquier escritor. Y claro, como se anuncia desde el título, el inmenso amor de Flavio por el tabaco queda más que sustentado en reflexiones que recorren la historia del mismo, su uso adecuado y sus ciertos “tics” para prenderlos. Estas páginas escritas con el demonio de la nicotina pueden llegar a ser la mejor defensa para cualquier fumador de verdad, para los que el fumar es un dañino placer que no es tan mortal como algunos distinguidos despistados creen.

Fonseca, seguramente un gran fumador, hace con esta novela un buen ejercicio que en un futuro puede ser el punto de partida para un trabajo de mayor aliento, con una estructurada más cohesionada y una trama más creíble. Obviamente esta novela no está entre lo mejor de su producción, pero nadie puede negar que la misma tiene harta soltura, mucho oficio en su desarrollo escritural, sumamente interesante para animarnos a recorrer lo que aún no se ha leído de la adictiva narrativa de este extraordinario escritor.

No puedo terminar esta reseña si no saludo el acierto de la editorial que nos entrega esta segunda edición del 2007. La primera data del 2001. Si no fuera por esta apuesta sería imposible reseñar esta joyita solo para fumadores.

Editorial: Norma.

Miércoles 9 de julio de 2008
     
 
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