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Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre un fenómeno inquietante para la sociedad occidental actual: la agresividad política parece correlacionarse, en ciertos casos, con un aumento de la popularidad de algunos líderes. Este acontecimiento desafía las concepciones tradicionales de la política como espacio de diálogo, negociación y consenso, y plantea interrogantes fundamentales sobre la naturaleza del poder y la ciudadanía.
“Soy una persona súper tranquila, pero con una gota de alcohol insulto y lastimo a la gente que amo y necesito dejar de hacer eso me está destruyendo”, decía una persona para quien era prácticamente imposible eliminar la agresividad sin dejar de tomar alcohol.
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