MADRID, 2 (OTR/PRESS) En el discurso populista en el que está embarcado el Gobierno ahora toca desacreditar a las universidades privadas señalando a las que operan en comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular y más concretamente en las de Andalucía y Madrid. Al presidente Sánchez le hemos escuchado decir que son "chiringuitos educativos" y "máquinas expendedoras de títulos" y a la vicepresidenta María Jesús Montero ir tan lejos como para decir que "perpetúan las desigualdades sociales vendiendo títulos". Es tanto como señalar que están cometiendo delitos. Delitos que quien los denuncia estaría obligado a poner en conocimiento de los tribunales. Pero no hay constancia de que la ciudadana María Jesús Montero haya presentado denuncia alguna. Desdoblada como ministra y cabeza del PSOE andaluz, trata de hacer demagogia intentando resucitar la lucha de clases. A estas alturas de la historia y en una comunidad en la que el Partido Socialista gobernó durante casi cuarenta años y se crearon allí una docena de universidades y centros universitarios privados. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Pues que ahora quien gobierna es el PP y Montero tiene que disfrazarse de mitinera dominguera y se le calienta la boca. Quien en este asunto todavía se ha deslizado más hacia el discurso podemita es Pedro Sánchez. Parece haber desarrollado una suerte de rencor retrospectivo hacia los centros educativos privados pese a qué obtuvo título en un institución privada, un colegio universitario de El Escorial y obtuvo el doctorado en Economía en otra también privada, la Universidad Camilo José Cela. En los siete años que lleva gobernando nunca se le conoció crítica a las universidades privadas. ¿Qué es lo que ha cambiado ahora? ¿Qué les lleva a iniciar esta campaña de descrédito? Para contestar a esta pregunta hay que analizar los sondeos de intención de voto. Sumar se hunde y Podemos repunta pero no lo suficiente como para en el futuro volver a estar en condiciones de apuntalar al PSOE. En ese escenario Sánchez se prepara para el futuro y compra el discurso demagógico de la extrema izquierda que, en esencia, es pura demagogia intentando captar los votos de sus socios hoy demediados. La suya es pesca de bajura.
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