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Tuve un profesor de matemáticas durante la primaria al que admiré como ser humano más que como profesor. Fue él quien me dio la mejor lección de vida, esa a la que recurres cada vez que hablas con tus conocidos, compañeros de trabajos, familiares lejanos o vecinos. Esa lección es muy sencilla: "no hay amigos, sino cómplices".
En una noche de tormenta, cuando el cielo parecía enfurecido con el mundo, Mileva miró a sus hijos y dio gracias por esas hermosas bendiciones que el universo le había concedido, luego miró aquel dinero que se encontraba en la estantería, ese dinero que debería haber sido legalmente suyo y que sin embargo se llevó su marido, eso y todos los reconocimientos.
Tuve la suerte de tener buenos profesores de historia, de literatura, de lengua y de matemáticas… (más tarde quise refrescar su imagen, pareciéndome a ellos). Lo primero que me enseñaron fue a “cerrar los libros”. Decían que los libros debían ser considerados como algo necesario y por eso tenían que ser buscados, solicitados, consultados y, después, guardados.
Un informe realizado por Randstad Research y difundido en 2018 por el Foro Económico Mundial, señala que durante los siguientes cinco años a la investigación realizada se crearán en el mundo un millón 250 mil empleos nuevos, de los cuales 390 mil serían para personas formadas en las STEM, carreras que son parte de los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Hoy en día estamos a dos años de cumplir esa estimación, el futuro se convirtió en presente.
La escolarización durante la etapa de 0 a 3 años tiene un impacto positivo en los resultados de los estudiantes en matemáticas y en ciencias a largo plazo, según el informe TIMSS 2019 (Trends in International Mathematics and Science Study) de la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA).
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