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Las europeas

Carlos Ortiz de Zárate
domingo, 4 de mayo de 2014, 09:25 h (CET)
Los ciudadanos y el planeta estamos evocados con frecuencia en las proclamaciones de los objetivos y las estrategias de la UE, pero las políticas no solamente violan esas proclamaciones, sino que nos quitan derechos y violan normas ecológicas que disfrutábamos antes de los pronunciamientos. No podemos permitir que se perpetúe el modelo de los partidos de gobierno.

La complejidad del modelo de poder de la organización hace muy complicado atribuir responsabilidades. Esta el organismo que representa a los Estados Miembros, la Comisión, el ejecutivo, el Parlamento, el Consejo de Europa, la BE… ¿Para qué seguir si ya todos sabemos que es el “Cuento de la buena pipa”'?

En las elecciones de mayo se nos ofrece, por primera vez, la posibilidad de participar en la elección del presidente de la Comisión. Ya sé que no tenemos claro el poder que representa el personaje; las proclamaciones no nos valen.

Los ciudadanos y los partidos nunca nos hemos tomado en serio las elecciones europeas, como prueba el hecho de que en toda la historia común, éstas han sido marcadamente abstencionistas con respecto a las otras elecciones de los territorios de los Estados miembros y los candidatos que proponen los partidos son elegidos en función de los “restos”. Desde hace unos años, las encuestas de opinión detectan una cada vez más inquietante desafección de los ciudadanos a la UE. La última no lo oculta y tampoco oculta su incompetencia. No paran de reconocerlo y me limitaré a citar el ejemplo del reconocimiento de que la corrupción se lleva una cantidad mayor que el presupuesto de la UE.

Cada día se nos muestran cifras de desvíos de fondos, por corrupción y por incompetencia y los terribles impactos de unos recortes que no hubieran sido necesarios si hubiera habido una gestión correcta.

Menciono estos detalles para comprender la masiva abstención en estas elecciones de mayo. No es necesario, pero recuerdo a los abstencionistas y a las candidaturas que se proclaman ciudadanas, que están perpetuando la toma de decisiones por unos representantes que no solamente no nos representan, como lo prueban las encuestas y los resultados electorales, sino que nos recortan derechos.

Los candidatos deben presentar proyectos que desactiven las reticencias de unos ciudadanos cada vez más quemados por las violaciones de las proclamaciones. Sinceramente, no he visto proyecto alguno que disipe las mías. Comprendo perfectamente a los abstencionistas, pero yo no puedo callarme y dejar que hablen solamente los partidos mayoritarios, que representan el orden establecido.

Si estos partidos se arrogaran exclusivamente el poder de sus conversos, no tendrían tanto poder como el que les otorgará nuestro silencio. Podemos exigir a los partidos que se proclaman defensores de los ciudadanos que nos den garantías y están a tiempo de hacerlo. Lo hagan o no, nosotros tenemos que reclamar.

Si no lo hacen, votaré la candidatura ciudadana que me parezca más emprendedora y continuaré luchando para lograr candidaturas que sean capaces de presentar proyectos que satisfagan a los desencantados. Tenemos que estar, como siempre hemos afirmado en todos los sitios en que se tomen decisiones que nos conciernen.

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