 Entre prácticas heredadas y búsquedas contemporáneas de sentido, el agua florida mantiene su fuerte presencia como recurso habitual en rituales espirituales y de purificación. Su fórmula original data del siglo XIX en Estados Unidos y combina esencias naturales de flores, cítricos y especias. Con el paso del tiempo, su uso trascendió fronteras y contextos, para arraigarse fuertemente en América Latina, donde se integró en diversas ceremonias de origen indígena, afrodescendiente y mestizo.
En países como Perú, México o Cuba, el agua florida es comúnmente empleada por curanderos y practicantes de tradiciones sincréticas, en limpiezas energéticas, bendiciones y hasta rituales de protección. A menudo se esparce en el ambiente, se aplica sobre la piel o se utiliza en baños espirituales, bajo la creencia de que ayuda a purificar la energía negativa y atraer armonía. Aunque estos usos no están respaldados por la medicina científica, forman parte de un entramado cultural profundamente enraizado.
Hoy en día, el agua florida sigue siendo muy popular y no ha quedado relegada solo al continente americano. Las Velas de Mariano, reconocida por ofrecer velas y productos vinculados a lo esotérico y lo ceremonial, creó hace más de 30 años una receta única basada en los principios alquímicos de la receta original de agua florida. Además, se ofrece en formato de 150 ml en spray que hace que sea fácil de aplicar, ideal para llevar a cualquier lugar y usar en cualquier momento. Este elemento cobra en la actualidad una relevancia especial como herramienta de purificación y armonización, utilizada tanto en rituales esotéricos como en prácticas de bienestar personal.
En Las Velas de Mariano, conscientes de la importancia de los aromas y el bienestar, saben que el agua florida puede convertirse en una poderosa herramienta para aquellos que buscan hacer limpiezas energéticas y protegerse contra la mala suerte.
Más allá de su perfume característico o sus efectos energéticos, el agua florida representa un puente entre el pasado y el presente. Su permanencia en la cultura popular no solo responde a modas pasajeras, sino a una necesidad persistente de significado y ritualidad en la vida cotidiana. En este equilibrio entre tradición y renovación, radica buena parte de su vigencia.
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