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Siendo conscientes, y respetuosos, de las leyes de la física y sus derivados químicos y biológicos, ya que además determinan nuestra existencia y nuestra práctica, ¿podemos ignorar alocadamente las leyes del materialismo histórico que condicionan nuestra vida social como miembros de una clase social en una formación social concreta?
La vida no es como una caja de bombones. La frase de Forrest Gump, tan famosa (¿?), presupone un mundo feliz en el que no hay bombones rellenos de hiel. Sin embargo, el propio Gump debe saber que no es así en cuanto su vida no es precisamente afortunada.
El sistema económico son los ladrillos; la cultura, la argamasa que los une. A la cultura, como elemento de poder, no se la suele considerar importante. Sin embargo, las élites privilegiadas sí la valoran; saben que las ideas y las convicciones tienen un gran potencial.
La tendencia general de nuestro tiempo actual es la superficialidad en la vida. Es triste que sea así, pero es la realidad. La sociedad de la diversión y el espectáculo en la que estamos instalados, queramos o no, pretende influir en los pensamientos de los ciudadanos para que sigan patrones de consumismo desaforado y materialismo desenfrenado. Si bien ante el pensamiento crítico y reflexivo el hedonismo insustancial no tiene nada que hacer.
Indudablemente, los imperios tienen fases de crecimiento, florecimiento y decadencia por efectos del tiempo y de las transformaciones en los sistemas productivos. También están sujetos a invasiones de otros pueblos y a la propia dinámica de los cambios sociales e históricos y a los nuevos inventos y descubrimientos.
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