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Esta semana se presenta como un punto de inflexión en el panorama financiero, donde múltiples frentes nos invitan a replantear nuestras estrategias de inversión. Mientras el mercado sigue siendo un reflejo de emociones en constante conflicto, donde el miedo a perder dinero y la avaricia por no quedarse fuera se disputan el protagonismo, se vislumbra un cambio de mentalidad.
En muchos de mis artículos y libros he mostrado que la independencia de los bancos centrales que estos reclaman como algo fundamental para las economías es un mito. O, mejor dicho, un fraude que nos cuesta mucho dinero a los contribuyentes. Hoy voy a poner un nuevo y reciente ejemplo que lo demuestra.
Con un mercado laboral estadounidense sorprendentemente saludable y un crecimiento económico sólido, el riesgo de un retorno de la inflación está infravalorado y en aumento. Los factores que contribuyen a esta opinión son el rendimiento de los bonos a 10 años, el aplazamiento de los recortes de tipos por parte de la Reserva Federal y el hecho de que el dólar estadounidense sea la divisa más rentable del año.
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