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La disolución de la Unión Soviética, al igual de lo ocurrido con Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, fue seguida de la pérdida de poder y de influencia, y de un trato humillante. Así lo perciben los rusos, una situación que día tras día se está agravando.
La Segunda Guerra Mundial enfrentó tres grandes ideas políticas: democracia, comunismo y fascismo. Naciones defensoras de estas ideas llevaron la guerra a todos los continentes y a todos los mares. El resultado para Europa fue una división de facto en dos grandes áreas de influencia: Europa Occidental, bajo la influencia de los Estados Unidos, y Europa Oriental, bajo la influencia de la Unión Soviética.
En la cinta El gran cuaderno, János Szász hace un inteligente uso de la elipsis que sobrecoge y hiela aún más que la explicitud. János Szász dirige con precisión, solvencia y contención su quinto largometraje, adaptación de la novela de la escritora húngara Agota Kristof. El director y guionista ha sabido hilar la descarnada y sórdida historia de los dos gemelos que en el tramo final de la II Guerra Mundial son abandonados por su madre en casa de una abuela alcohólica y cruel.
No por menos, el análisis de los datos vienen a arrojar una realidad clara en 1980 el PIB China era del 2,3 del PIB mundial , en 2019 su PIB ascendía al 17,4% y tras la pandemia las tendencias apuntan a que será superior al 20%, el primero en el mundo en poder adquisitivo. Datos tremendamente reveladores si la comparativa se lleva sobre el crecimiento de las economías Europea, China o de EEUU. Un elemento que de nuevo arroja un posicionamiento favorable al expansionismo asiático del gigante chino. Estará por ver sí esta lucha por la hegemonía será de convivencia o confrontación. Máxime cuando Rusia y otros países emergentes aparecen como aliados del jugador asiático en el tablero de la geopolítico.
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