Un miembro de la policía afgana patrullando en Paktika, provinciasituada en la frontera con Pakistán. Foto: Amador Guallar
Kabul / Afganistán: La ofensiva Talibán para la primavera y el verano de 2013 concluyó hace pocas semanas y los datos y estadísticas que empiezan a surgir son estremecedores. Iniciada el pasado marzo, la estrategia de los rebeldes ¨se ha saldado con la muerte de centenares de miembros de las Fuerzas de Seguridad afganas y de civiles,” según declaró el Jefe de Asuntos Exteriores de la Policía Nacional Afgana en el Ministerio del Interior, Mohammad Salim Ihsas.
La ofensiva, lanzada bajo el nombre de uno los acompañantes y más exitosos y crueles generales del profeta Muhammad, el general Khalid Bin Walid, tenía como objetivo “atacar a las Fuerzas de Seguridad afganas e Internacionales, a los representantes del gobierno y a las representaciones diplomáticas en el país,” según informó el portavoz Talibán, Zabiullah Mujahid, en un comunicado a principios de año.
Los datos proporcionados por los servicios de inteligencia Afganos, el temido Directorado Nacional de Seguridad o NDS, indican que desde el inicio de la ofensiva al menos “2.000 policías y 850 civiles han muerto como consecuencia de los ataques, y alrededor de 2.700 policías y 2.000 civiles resultaron heridos.”
Unos datos que varios analistas ya han tildado de incorrectos y poco veraces puesto que no incluyen las bajas del Ejército Nacional Afgano, las cuales siguen siendo un secreto en manos del presidente del país, Hamid Karzai.
“En total, los insurgentes han realizado en 30 provincias más de 6.600 ataques, a los que hay que sumar 1.700 ataques directos e indirectos, 50 ataques suicidas, 2.000 asaltos armados, 1.180 ataques con explosivos y 9.000 emboscadas,” según añadió Mohammad Salim Ihsas.
Soldado de los EEUU inspeccionando un vehículo de la policía Afgana destrozado durante un ataque de los Talibán. Foto: Amador Guallar
Estas cifras suman en total más de 20.000 ataques realizados por los insurgentes y fuerzas afines a los mismos, por lo que parece probable que la cifra de bajas ha sido reducida a propósito para conservar la imagen de una victoria que nunca parece consolidarse.
Asimismo, el desproporcionado número de ataques Talibán es una prueba contundente de que los rebeldes siguen teniendo la suficiente fuerza logística y militar para amenazar la estabilidad del gobierno Afgano y sus aliados, poniendo en evidencia, una vez más, la presencia de las fuerzas de la OTAN en el país, que desde principios de año ha perdido a 144 soldados, así como la más que dudosa capacidad de las fuerzas gubernamentales que están siendo entrenadas por la Fuerza Internacional para la Asistencia a la Seguridad (ISAF).
Si los grupos de opositores y las milicias Talibán están casi derrotados y reducidos a pequeños focos provinciales, tal y como afirman el gobierno Afgano y los representantes de ISAF, cómo se explica que aún cuenten con la capacidad para realizar más de 20.000 ataques, incluyendo objetivos altamente custodiados como las bases de ISAF en Kabul, los ministerios del gobierno Afgano, el palacio presidencial y residencia de Hamid Karzai, o los ataques contra altos cargos del gobierno y gobernadores provinciales, como el sucedido hace pocos días en la provincia de Logar en el que el gobernador de la misma, Arsallah Jamal, resultó muerto.
Si los Talibán están vencidos cómo se explica que las Fuerzas de Seguridad afganas se hayan visto obligadas ha realizar “más de 4.500 operaciones en las que al menos 2.160 insurgentes resultaron muertos, 500 heridos y 2.000 detenidos,” según datos proporcionados por Mohammad Salim Ihsas. Un número de insurgentes que dista de los llamados pequeños focos de resistencia en las provincias.
Posible nueva guerra civil
La sangría en Afganistán continúa y se espera que aumente a medida que la retirada de las tropas de las Fuerzas Internacionales empiece a ser efectiva, así como a medida que se acerquen las elecciones presidenciales previstas para abril de 2014.
Una sangría que puede acabar convirtiéndose en una nueva guerra civil ya que “durante los dos últimos años decenas de grupos paramilitares operando en la zona fronteriza entre Afganistán y Pakistán se están preparando para una guerra civil y étnica para cuando las tropas internacionales se hayan retirado por completo,” según informó el analista del Instituto FATA, Mansur Mehsud.
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