Mi abuelo no leía periódicos. Era un intelectual pero no leía periódicos. Yo esto no lo entendía. Pero es que mi abuelo vivió la época de la censura y la ausencia de libertad de expresión. Yo no estaría escribiendo en esa época. Hoy tenemos las redes sociales para contarnos la verdad de mentira. Para contarnos que la tierra es plana porque un señor llegó al borde. O que la tierra es cuadrada y cuando se mueve hace viento y llueve. Que el cambio climático es broma. Nunca hizo más frío que ahora. Que echar toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera es bueno para las plantas y los tomates verdes También hablan del árbol con más hojas rosas del mundo. Que tienen propiedades diuréticas. O la mujer más forzuda. Qué también tiene don de lenguas. Y que la mermelada de ciruela inyectada es mejor que el bótox. Y hablan del desierto que más granos de arena tiene. Nadie lo ha pisado y está debajo del mar de Java. Y El río más pequeño. Que sólo tiene una orilla. Cuentan que la tierra es hueca y bajo nuestros pies viven muchos enanitos que se visten con palabra de honor violeta. Que la democracia trajo la caída del imperio maya y también provocó la segunda guerra mundial. Y los marcianos verdes ya lo sabían. Y también que somos culpables de la situación en Venezuela. Tengo claro que mi abuelo no navegaría mucho en las redes sociales. Era más de libros y telediarios.
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