“El testimonio de mujeres está por delante de la presunción de inocencia” toma del fracaso Carrasco. Echando abono para que germine en el campo
Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. Y, si se me apura, en este caso, nunca mejor dicha esta frase. Uno se queda de piedra con los cambios que veremos y estamos observando en estos últimos días en el ir y venir del Partido Socialista. La voz de su amo, me refiero al incordio, machacón, mentiroso y traidor, al presidente del Gobierno comunista social que tenemos en España.
Uno de estos trueques ha sido la rústica de gobierno, donde sus palmeos a su amo y señor, sus exagerados aplausos, se le mueven hasta las axilas, activándolas de vez en cuando para gloria de su jefe. Este no los arroja ni los lanza a la calle; en vez de echarlos, los deja a la intemperie, al socaire imaginario: antes de que te marches, te doy otro trabajito. Aquí paz y después gloria. Esta tosca señora, me parece que este arrebato a Sevilla es porque su jefe está harto de ella, o la envía a un destierro para no volver.
Por ahora, en Madrid no es ni más ni menos, como dice el periodista Zarzalejo: “La purga (a la soviética) y la disciplina de los cobardes”. La purga en el Partido Socialista es la única consecuencia práctica de su último congreso. Congreso cuyo propósito era doble: blindar el caudillaje de Sánchez y ‘limpiar’ de potenciales disidentes las comunidades autónomas. Ni más ni menos.
Sobre el caso del futbolista Alves, esta rústica del Gobierno ha dicho: “El testimonio de mujeres está por delante de la presunción de inocencia”. Toma del fracaso Carrasco. Echando abono para que germine en el campo con esta otra frase: “Qué vergüenza la sentencia, después de lo que nosotras hemos luchado por la igualdad”.
Señora, está usted brusca y desabrida, con una violencia descomunal. Mire, la declaración de inocencia está por encima de la declaración de una mujer que se ha enfrentado, según ha dicho: el poder es una vergüenza. Tres señoras juezas y un juez han dictaminado esta sentencia. Las palabras de una víctima son suficientes para dictar una condena. Sí, señora. Lo que usted diga, mande y ordene. Sí, señora, el testimonio de la mujer está por delante de la presunción de inocencia. Sí, señora, lo que usted ordene, para eso es usted vicepresidenta del Gobierno y presunta candidata a la Junta de Andalucía. Además de rústica, está llena de soberbia, y sus airadas y rocambolescas le revelan sus insensatas manifestaciones. Con esta sentencia ha mezclado churras y merinas. El oro y el ordeno hacen soberbios, y la soberbia, necios.
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