MADRID, 30 (OTR/PRESS) Es sorprendente el candor del PP. Parece mentira que a estas alturas parezca que no conocen al Presidente del Gobierno, que no tengan claro quién es Pedro Sánchez y su forma de entender la política. Su facilidad para afirmar con pasión que el decreto omnibus no se puede fraccionar y días después se fracciona, exactamente con la misma contundencia con la que en su momento afirmó que la amnistía no cabía en la Constitución, y claro que ha cabido, y así un rosario continuo de lo que se denomina cambio de opinión. Si en algún momento el PP llegó a considerar que Sánchez iba en serio, que el decreto no se iba a trocear es no conocer al personaje. Su trayectoria invita a pensar que, a mayor contundencia, más probabilidades de sorpresa. Ocurre, sin embargo, que en el caso que nos ocupa no ha habido ni ética ni épica. Buscar votos debajo de las piedras como si fuera un ejercicio de titanes, sonó a broma. No necesitaba de semejante esfuerzo. Ahí estaba el PP, que de haber negociado con Génova 13 con el mismo énfasis que lo ha hecho con Junts, el acuerdo hubiera sido más que posible. Ni se ha intentado. Obvio. Pero el PP cometió el error de encelarse con el famoso palacete. Se quedó en algo discutible pero mínimo. Lo de menos en el decreto de 101 paginas era precisamente este punto. El asunto serio era el uso y abuso del decreto, el afán ya sabido de meter en el mismo saco cuestiones sin conexión entre unas y otras. Por qué no lanzó la pregunta sobre la urgencia de acordar el destino del palacete deseado por el PNV?. Era algo tan urgente?. Pero el PP se quedó con el palacete como arma arrojadiza. Error mayúsculo. Tan grande como no esperar a la respuesta al PSOE sabiéndose de antemano que en Moncloa no existe el menor inconveniente en cambiar de opinión. Siempre al borde del abismo. Ahora, ya con el acuerdo con Junts, el PP ha valorado que su voto tiene que ser positivo al decreto acordado, lo cual le obliga, además de a dar algunas explicaciones a los suyos propios, no le va a librar, como ya se he visto durante el día de ayer, de que desde la izquierda se le acuse de no querer la subida de las pensiones ni ninguna medida que vaya "a favor de la gente". Es decir, los populares están al borde de ser acusados de comerse a los niños crudos y no es eso, ni mucho menos, es simple torpeza. Ya a mediados de enero el propio Feijoo mostró su apoyo a la revalorización de las pensiones. En Moncloa están felices. Han logrado, de momento y solo de momento, lubricar sus relaciones con Puigdemont, que siempre podrá alardear de haber doblado el brazo al mismísimo presidente, que llegó incluso a comparecer en una nada habitual rueda de prensa después de tener que retrasar el Consejo de Ministros durante dos horas. Puigdemont tenía que dar el placet. Ni la estética se cuidó. Esta satisfacción va acompañada de otra mucho mayor porque nada gusta más al Presidente que llevar al PP a la esquina del cuadrilátero, como bien ha declarado Juanma Moreno. Esta satisfacción es compartida por Vox, que parece haber encontrado en la posición del PP un hueco por el que seguir tratando de minar a los populares. Y los socialistas encantados, porque un Vox fuerte en detrimento del PP es el claro objeto del deseo, y a veces parece que el PP no se entera o se le olvida.
|