MADRID, 27 (OTR/PRESS) Ellos que irrumpieron en la vida política española bajo la bandera de la regeneración, al grito de los de arriba y de los de abajo, bajo la bandera del feminismo más radical, con la supuesta impronta de la máxima moralidad y arremetiendo contra todo lo que ya existía, como si el mundo, ese buen mundo que el PSOE, y por supuesto, la derecha tradicional habían prostituido con sus modos, maneras y políticas. Ellos que en algún momento creyeron que el mundo decente y justo empezaba con su casi poética rebeldía, no han necesitado mucho tiempo para entrar en barrena. En barrena política y barrena moral. Los casos, primero de Errejon y, posteriormente el de Juan Carlos Monedero, han dejado al aire los modos y formas de afrontar unas situaciones que, si bien se pueden dar en instituciones y empresas , en los casos que nos ocupan, se ha producido en formaciones -Podemos y Sumar- que durante años han ido de adalides de lo que está bien y lo que está mal. Que han marcado pautas de conducta con tal virulencia que pobre mujer la que no se atuviera a su forma de entender lo que es una mujer libre e independiente. O eres como ellos han predicado o no eres otra cosa que una mujer tonta y sometida y que han enjuiciado a los demás sin conmiseración alguna, sin presunción de inocencia ni nada que se le parezca. Ellos que pretendían representar la pureza política absoluta ha resultado que no son mejores que los que ellos han juzgado de manera sumarísima. Ellos que reclaman transparencia absoluta a los demás, resulta que son adalides del silencio, de las contradicciones, cuando no de falta a la verdad. No son mejores que los demás mortales con el añadido agravante y doloroso para sus seguidores que creyeron a pies puntillas que ellos, la izquierda a la izquierda del PSOE, estaban al margen de las miserias humanas porque ese y no otro ha sido su discurso que, en ocasiones, ha estado lleno de fiereza. Tanto Errejon como Monedero son acreedores de la presunción de inocencia que ellos han negado a más de uno, pero al margen del eventual camino judicial, en términos políticos es difícil pensar que pueden recuperar el crédito político que en su momento tuvieron entre millones de ciudadanos españoles, esos ciudadanos que no pueden disfrutar de viviendas casi suntuosas como la de quien en realidad es el que manda en Podemos y, solo por poner un ejemplo, de algo que si lo hubiera hecho algún político de la derecha le hubieran perseguido y criticado hasta la extenuación. Ni que decir si a algún líder del PP se le ocurre dar un discurso ante público de la extrema derecha, mientras Monedero, sin despeinarse, da conferencia sobre derechos humanos en el centro de tortura de Caracas. Se lo imaginan. En el fondo y no tan en el fondo, Sumar y Podemos están librando una batalla soterrada buscando el desgaste mutuo. Los dos perderán y entre los dos es posible que hagan imposible la reedición del Gobierno progresista que hoy lidera Pedro Sánchez. Cuando los cuchillos blanden no preguntan qué manos lo hacen
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