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Esta semana me despierto aplicando un traductor mental que convierte el 1 de septiembre en el 15 de marzo, y así sucesivamente. Casi nadie sabe a ciencia cierta si esta noche toca esto o lo otro, o si se reparte tal premio aquí o allá, o si el toque de queda se queda únicamente en el toque. Anochece media hora más tarde que en marzo y durante la mañana hay unos 10 grados más de temperatura.
Ha entrado el buen tiempo y es una pena estropearlo escribiendo sobre las cosas que nos pasan y que no está en nuestras manos resolverlas ni siquiera influir en ellas.
Se acerca la primavera, los campos se transforman para darnos lo mejor. Los poetas y escritores hablan de la primavera sin importar que ella se asocia con el amor, con la naturaleza, tal vez con lo cursi, si a cursi suenan algunos versos. Muchos han sido y serán los que se atrevan a escribir sobre la primavera, no en vano se celebra con ella un Día Internacional de los Bosques, y de la Poesía, es el comienzo de la estación florida y reflexiva.
‘El despertar de la primavera’ –título del famoso musical inspirado en la obra homónima del dramaturgo alemán Frank Wederkind– le viene como anillo al dedo a una estación del año en la que Formentera se ofrece al visitante ávido de experiencias que van más allá del dolce far niente veraniego en sus paradisíacas playas.
Durante los meses de marzo y abril se produce un aumento rápido de la temperatura y de las horas de luz. Para que nuestro organismo pueda adaptarse a esta nueva situación es necesario un ajuste de nuestros procesos internos
La primavera llega pisando fuerte. Las características propias de esta estación, tales como el aumento de las temperaturas, el incremento de las horas de luz o la floración de un gran número de plantas pueden influir positivamente en el estado de ánimo gracias a la secreción de feromonas, oxitocina, dopamina o noradrenalina, pero también es posible que traigan otro tipo de consecuencias menos positivas para la salud y bienestar integral.
Que el cambio de estación lleva aparejados cambios en nuestra rutina y en nuestro cuerpo es una realidad sobradamente conocida. Nuestro refranero lo plasma a la perfección con una muy concreta: “la primavera, la sangre altera”
Se acerca la primavera, esa estación del año en la nos despedimos de los abrigos, el color vuelve a las calles y se respira alegría en el ambiente. Pero con la llegada de esta vibrante época también reaparecen la congestión nasal, los estornudos y el picor de ojos propios de las alergias estacionales.
Con la llegada de la primavera, las alergias aumentan. Las más habituales son las ambientales, sobre todo aquellas que son producidas por el polen. En concreto, el de las gramíneas es el responsable de la gran mayoría de alergias primaverales, sobre todo en el norte y centro de España. En la cuenca mediterránea, sin embargo, la principal responsable es la parietaria y en el sur se ven también muchos casos de alergia al olivo.
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