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Vemos a muchas personas que permanecen en silencio ante las malas acciones de los demás. Generalmente, temerosos de imponer límites, hay personas que adoptan una postura verdaderamente sumisa o pasiva ante sus diversas relaciones. Por eso, hay quienes incluso prefieren escuchar un no antes que decir que no. Finalmente, ¿cuál es el origen de todo este conflicto?
El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, acaba de declarar que “estamos trayendo la riqueza a EEUU de nuevo”. Por lo que se va viendo, lo fundamental de la política de Trump no son sus delirios ni sus excentricidades, son expresión de los intereses del núcleo mayoritario de burguesía monopolista estadounidense -porque no hablamos de la recién descubierta “tecnooligarquía”-.
Ya en su tiempo, el novelista francés Víctor Hugo (1802-1885) decía que “el sufrir merece respeto y que el someterse es despreciable”; pues son formas que nos esclavizan, pero que están ahí en casi todos los países del mundo, como resultado de una discriminación arraigada, que también se ha globalizado, incapaz de desenmascarar a los traficantes y a los creadores de un injusto mercado.
Nos encontramos ante una nueva manifestación de la cultura machista, en la que para someter a su voluntad a la mujer se anula por completo su capacidad de defensa y de intencionalidad. Detrás de estos comportamientos, no solo está el interés sexual, sino el poder de sometimiento y de control sobre el otro sexo.
¿Nos crean una visión distorsionada para llevarnos por el camino que desean? Puede que nuestra libertad tan solo sea un espejismo y dé como resultado una manipulación tan descarada que ni los que se creen inteligentes vean.
Clase sin proyecto, país sin futuro, sólo sumisión al hegemonismo estadounidense y a otras potencias imperialistas. Esta es la clave del pasado y del presente de España, la renuncia -que la oligarquía española ha decidido- a tener cualquier proyecto de desarrollo propio, a luchar por disponer del más mínimo margen de autonomía. La clase dominante española ha decidido seguir el camino de la absoluta sumisión.
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