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La ciudadela fantasma de Causarano

El proyecto ciudadela es un buen ejemplo de cómo el dinero del contribuyente paraguayo se esfuma en emprendimientos fantasmas
Luis Agüero Wagner
miércoles, 9 de octubre de 2013, 06:25 h (CET)
Dijo Ferdinand LaSalle que para la burguesía, el único deber del Estado consiste en proteger la libertad y la propiedad personales del individuo. Ello porque la burguesía considera el Estado como la imagen del policía, cuyo único deber teóricamente impedir el robo.

En Paraguay, donde hace tiempo las teorías duermen el sueño de los justos, sucede exactamente lo contrario, pues los mismos centinelas del gallinero abren los portones al zorro. Lo más frecuente es que se propicien los robos encargando proyectos fantasmas a las nunca bien ponderadas ONG.

Visitando Internet, uno puede constatar que en el mundo  existen casi tantos casos de ONG que malversan fondos como número de estas organizaciones, y tantos proyectos inconclusos como programas encargados a ellas.

En ese mismo contexto fue que en el año 2011, la Secretaría de Cultura de Paraguay destinó la suma de Gs. 1.214 millones por una consultoría en el marco del programa “Ciudadela Cultural”. Varias investigaciones periodísticas desnudaron luego manejos poco claros de la actual ministra de Cultura de Paraguay, Mabel Causarano, cuando se desempeñó como coordinadora del Programa , que supuestamente se abocaría a desarrollar de un modelo virtual de Asunción en el siglo XIX(?) y a crear el espacio cultural “Vive Paraguay”.

Nada de eso se concretó, y solo quedaron como recuerdo de tales hechos fotografías de menores participando de eventos con travestidos en medio de un abigarrado jolgorio sin significado alguno. Con el mismo criterio con el cual estos aprovechadores mantienen a los pueblos originarios del país alejados de la modernidad y viviendo en la edad de piedra, fomentan este tipo de expresiones en los cuales exhiben como en un zoológico a los seres humanos, so pretexto de promover tolerancia y diversidad cultural.

En el caso de los indígenas, hay fotografías que los muestran degradados a simples lienzos pintados y emplumados, donde supuestos artistas dan rienda suelta a su inspiración.

La realidad es más perversa, dado que de ser los indígenas asimilados a la modernidad, o los gays asimilados a la sociedad, tendrían que buscarse otros pretextos para recaudar fondos para sus “loables” emprendimientos.

Lo peor del caso es que estos grupos han establecido una verdadera dictadura sobre las escuálidas arcas fiscales del país, trepados en su refulgente pedestal de seres impolutos más allá del bien y del mal.

De acuerdo a la denuncia que atañe a Causarano, la Fundación Barcelona Media de la Universidad Pompeu Fabra fue “contratada” por excepción para realizar el trabajo. El contrato entre Cultura y la consultoría se firmó el 14 de marzo de 2011 y el trabajo debía entregarse en diciembre del mismo año. Sin embargo, el 31 de octubre de 2011 firmaron una adenda para ampliar cuatro meses más el plazo, es decir, hasta el 30 de abril de 2012.

El espacio “Vive Paraguay” se fijó en un principio en un galpón de Puertos de Asunción. Pero ante la oposición de los funcionarios,  se cambió al viejo galpón del ferrocarril, ubicado en Artigas y Perú. En este sitio el Ing. Enrique Javier Palma Martínez debió construir un auditorio, una cafetería, galerías, mirador, etc. Nada de esto se concretó, aunque el “Técnico” en cuestión recibió un adelanto de G. 700 millones de un total de G. 1.335 millones.

Influyentes legisladores oficialistas hoy  cuestionan a Causarano estas irregularidades, y sobre todo su presencia en el gobierno de un partido por el cual ha expresado incontables veces repugnancia.

Pero la mujer en cuestión se aferra al cargo más allá de toda honorabilidad, a pesar de haber suscrito documentos en el cual los antagonistas del partido que ganó las elecciones paraguayas del 21 de abril instaban a no votar por el actual presidente Horacio Cartes.

La desesperación de estos personajes por conservar su pedazo de torta, sólo nos lleva a reflexionar cuánta razón tenía el escritor paraguayo Helio Vera, cuando afirmaba que  el zoquete no sólo es un cargo en la administración pública que se concede en recompensa de adhesiones políticas, conversiones repentinas o alianzas inexplicables del agua con el aceite. También es un lenitivo para calmar impaciencias, apaciguar crisis de almorranas, eliminar insomnios, disipar dispepsias y apagar el stress. Todo bajo el principio siguiente: el zoquete nos une, nada nos separe.

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