Ha vuelto y lo ha hecho para proponer, una vez más, una medida de corte totalitario. Aunque, justo es decirlo, la cosa ha pasado bastante desapercibida y a la sociedad española parece importarle un colín. La oposición calla porque es tan o más liberticida que el gobierno. Los medios, que dependen de la voluntad política y más en tiempos de crisis, guardan silencio. A buen seguro, y esto es lo más grave del asunto porque da idea del grado de anestesia moral conseguido, buena parte de las víctimas están encantadas con la medida, puesto que las libera de una responsabilidad un tanto molesta: sus hijos.
Ana Mato, la ministra que persigue implacablemente al fumador de tabaco y los cigarrillos electrónicos por tu bien –porque eres un imbécil incapaz de saber lo que es mejor para ti- , la que quiere decirnos qué comida comer por nuestro bien, la que persigue el alcohol por nuestro bien, la que pretende adelgazar a los niños gorditos por su bien, acaba de presentar un anteproyecto de ley de corte orwelliano, redactado en perfecto politqués, mediante el cual pretende imponer el cómo educar a tus hijos, cómo deben estos de comportarse e incluso qué deben de pensar. Y lo ha llamado de “protección a la infancia”. Tanto los protege que en los procesos de adopción pretende permitir que los padres biológicos puedan volver e incordiar. El resultado será el lógico, o sea, el que no se espera el político: caerá el número de adopciones y habrá un mayor número de menores en centros de acogida.
Presume Mato de que el consejo de ministros ha aprobado un anteproyecto de ley novedoso a nivel mundial, que sigue las recomendaciones del año 2013 de esa organización en donde democracia y dictadura tanto montan y montan tanto, que es la ONU. Se equivoca. Leyes liberticidas que secuestran a los niños para entregárselos al padrecito Estado las ha habido y habrá siempre en aquellos lugares en que los improductivos vivan a costa de los eficientes. Siempre las ha habido y habrá en aquellos lugares en donde la democracia está ausente, en donde el colectivismo anula a los individuos. En nombre de la sociedad. Por tu bien.
“Los menores deben participar y corresponsabilizarse en el cuidado del hogar y en la realización de las tareas domésticas de acuerdo con su edad y con independencia de su género”, reza la normativa antijurídica. Los niños también deberán ser ecologistas por ley, asumir como propias las mandangas que les cuentan en la devastada escuela española y, no lo ha puesto pero aún está a tiempo de enmendarlo a su paso por el Congreso de los Diputados, cantar loas al Estado. Porque así lo dice su legislación, que nada tiene que ver con la Justicia. La legislación, cuando viola derechos, se convierte en despojo legal.
Lo que no aclara Mato, por cierto, es quiénes conformarán el cuerpo de inspectores que, previa corcuerina patada en la puerta, que para eso la “democracia avanzada” que propugna el consenso socialdemócrata ha ido avanzando posiciones en los últimos lustros, puedan acceder a nuestros domicilios para comprobar si el infante pone la mesa o se hace la cama. Pero todo se andará. Ya lo verán. Mientras, pueden amenazar a su adolescente rebelde: “Pepito, pórtate bien o viene Ana Mato en su Jaguar y te vas a enterar”.
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