La escritura de Millás siempre está a caballo entre la realidad y la fantasía, pero sin renunciar nunca a aquélla, creando así una atmósfera surrealista en todas sus obras que sorprende siempre a sus lectores, porque le gusta diseccionar, con maestría de un cirujano manejando un bisturí, la realidad y sus entresijos más íntimos, para encontrar siempre la joya escondida entre los pliegues de cualquier situación real para demostrar que lo imposible siempre es posible y que la imaginación que crea las fantasías siempre se encuentra oculta tras la mano que escribe el destino de los seres humanos.
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La narración comienza un día significativa para el protagonista, Carlos, pues ese día es el de su cumpleaños que le otorga la mayoría de edad. Recibe un insólito regalo en forma de noticia inesperada de que su padre había muerto, y aunque nunca tuvo relación paternofilial con él, le había dejado como herencia una casa con todo su mobiliario, enseres, etc. Le pareció fascinante dicho inesperada herencia, pues le concedía la posibilidad de entrar “físicamente” en la vida de su progenitor, anterior habitante de la casa, porque los objetos le muestran claramente quién y cómo era su antiguo poseedor, con una elocuencia mayor que cualquier descripción verbal por minuciosa que fuere. A través de los libros que encuentra, advierte que su padre es un lector apasionado. En el dormitorio se encuentra al lado de la cama un libro del que le entusiasma su lectura, es una colección de cuentos de los hermanos Grimm. Los relatos los va leyendo con fruición e interés que aumenta a medida que avanzan las páginas y, a través de ellas, se va iniciando un cambio psicológico en el lector que advierte que este libro le va acercando a la figura siempre lejana de su padre, y empieza a saber moverse por las siempre sutiles fronteras que divide la realidad de la ficción y la cordura de la locura. En esta nueva novela, Millás trata de los temas que son habituales en su obra literaria como son la identidad personal, el desdoblamiento, los entresijos más recónditos de la realidad en los que se encuentra escondido el misterio que sustenta el andamiaje de lo “real”, que no es más que una simulación que percibimos por los sentidos y procesada por el cerebro de cada observador. Además, reflexiona sobre la paternidad, así como hace un elogio a la imaginación y a la poderosa imaginación y a la capacidad transformadora de la literatura, tanto para el escritor como para el lector, que pueden madurar a través de la escritura como de la lectura. Los más importantes cuentos de la historia se entremezclan con sus sueños (lo onírico no podía faltar en el estilo surrealista de este autor), sus lecturas, sus insomnios y sus propias vivencias. Como ya se indica anteriormente, el tema del desdoblamiento también lo toca, haciendo que el lector se inmiscuya en la narración, porque es lector y personaje a la vez. Los protagonistas también se desdoblan y actúan y son observadores de su actuación en un juego similar al de los espejos enfrentados que de una imagen de una persona reflejada salen multitud de imágenes multiplicadas. Como la realidad, parece querer decir Millás, en la que somos uno y muchos a la vez, en una multiplicidad que el propio sujeto no puede controlar por voluntad propia. Los elementos que utiliza Millás son muchos y variados porque no solo se vale de presencias, sino que también de ausencias, de objetos, lugares y sensaciones e, incluso, de silencios, esos que quedan después de las palabras, pero que, cuando estas callan, el silencio que las sustituye es más elocuente que aquellas Todos estos recursos les ayudan a crear una atmósfera única, irreal por momentos, pero sin dejar la realidad que es el sustrato que le sirve para crear esa atmósfera de fantasía en la que siempre subyace la realidad temida, con su rápido y tedioso discurrir de los días.
Solo humo Juan José Millas Alfaguara, 2023
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