Hoy en día existe una gran preocupación por los distintos tipos de contaminación, -atmosférica, acústica, (...)-, del medio ambiente y los efectos nocivos que provocan para los seres humanos o el medio ambiente. Esta realidad, me ha hecho pensar en “los contaminantes” que suponen una amenaza para el ambiente familiar y sociocultural de cualquier persona. Ambientes en los que conformamos nuestra personalidad, nuestro pensamiento y, por ende, nuestra forma de vida. Por esto, me parece un buen momento para pensar en: ¿qué contaminantes afectan a nuestras principales realidades: la personal, la familiar y la social? y ¿cómo podemos reducir o eliminar sus dañinos efectos?
La contaminación de las realidades mencionadas, por distintas causas, es evidente. En el ambiente familiar, los más vulnerables son los jóvenes. Por ello, “los padres tienen que ponerse las pilas” para poder enfrentar lo que contamina a sus hijos y que les daña, tanto física, como mentalmente. A los grandes contaminantes del ambiente familiar y sociocultural de nuestro tiempo, quizá no se les ve, pero están, e influyen en nuestro modo de pensar y de vivir. Entre ellos se encuentran: el relativismo, el emotivismo, el individualismo, el hedonismo y el consumismo. Una vez identificados lo más importantes es conocer ¿cómo reducir o eliminar la contaminación que producen?
Para reducir o eliminar estos contaminantes bastaría dedicar tiempo y esfuerzo en adquirir un buen espíritu crítico, que debería ser el escudo protector de todos los ambientes del ser humano. La mejor forma de lograrlo es fomentar la curiosidad intelectual, la duda, la búsqueda de buenas fuentes de información, el estar alerta a los sesgos informativos, (...), lo que, sin duda, facilitará el encuentro con la verdad, el bien y la belleza, los tres grandes potenciales o pilares de una vida feliz. En el caso de los jóvenes, muchos educadores señalan como principales anti-contaminantes: la educación en el esfuerzo, en la solidaridad, en la responsabilidad propia y social, en la generosidad, en la exigencia, en la búsqueda de los pilares de una vida con sentido, (…). Estos logros constituyen la clave para sacar de cada uno de nuestros jóvenes su mejor versión. Por otro lado, los padres deben exigir a las instituciones educativas una enseñanza no contaminada por las ideologías, sino centrada en el perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales de sus hijos. Los padres deben hacer todo lo que necesiten para sacar a flote, con éxito, el proyecto o la aventura más importante y fascinante que tienen en sus manos, la educación de sus hijos.
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