Con sorpresa, y bastante pena, seguimos asistiendo a la muerte sin piedad de niños, ancianos, mujeres y personas indefensas en general, junto a voluntarios y personal de apoyo en las guerras que hay en el mundo, especialmente en las de Palestina y Ucrania. No hay, por tanto, al parecer, mecanismos efectivos y eficientes que protejan a la infancia en pleno siglo XXI, en especial la propia ONU y su Consejo de Seguridad, así como la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, que investiga, procesa y condena a las personas por crímenes internacionales más graves.
Creo que esta terrible indolencia y falta de humanidad pone contra las cuerdas a una sociedad muy desarrollada en lo tecnológico, pero no suficientemente empática ni solidaria con los que más sufren. Una sociedad que no es madura, que no sabe arreglar sus conflictos ni terminar con las guerras.
Nos preguntamos si es que la solidaridad de uno y otro bando ¿es papel mojado? Y, en medio de una sociedad tan moderna, ¿la paz es una utopía inalcanzable y papel mojado?
Sinceramente, la diplomacia, los gobernantes y los políticos no están a la altura como garantes de esta paz social y mundial. Quizás no se está trabajando lo suficiente para conseguir dicha paz, lo que nos lleva a escenas dantescas y apocalípticas donde la incertidumbre cada día nos amenaza y devora, en este tiempo maravilloso del siglo XXI, que muchos se están encargando de descomponer y desfigurar.
A pesar de todo, debemos construir entre todos esa utopía de la paz en la realidad cotidiana, como semilla de cambio y revolución.
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