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Las realidades se contemplan, se palpan y arañan y sonríen... “depende del cristal con que se miren”. Las realidades siempre tienen un aspecto subjetivo; la historia, la cultura, el entorno e incluso “la necesidad” modifican, normalmente, los hechos objetivos. No todo lo que existe es como cada uno de nosotros lo percibe.
Las tertulias alimentan el morbo de la audiencia. La claridad y la objetividad, engranajes exigibles, se evaporizan, según los tertulianos, según los temas y, sobre todo, según las consignas “recibidas”. Todas las tertulias tienen tres problemas: “la limitación del tiempo”, “la independencia o no del profesional que dirige el coloquio” y “el nivel técnico de los participantes”.
La casualidad puede ser ilustrativa.Casualmente me topé hace poco con unas tertulias de “El País”, con grandes expertos, importantes cargos, responsables diversos, gerentes de salud y periodistas que manipulan la información. El cuadro es colorista, a falta de ideas. Con temas muy en “cartelera”, preocupantes, pero desenfocados.
Hace muchos años descubrí las dificultades que tenemos los seres humanos para dialogar. Estamos tan pagados de nuestros propios conocimientos y del control de nuestras emociones, que desdeñamos la opinión de los demás, la cual ignoramos mientras preparamos nuestro propio discurso que intentamos hacer prevalecer sobre el de los contertulios.
Fue un placer volver a disfrutar de sus siempre afinadas glosas a las obras y al tenor de los poetas de quienes penden estas, máxime cuando a uno mismo es a quien le toca ser glosado, ya que hay tanta o más poesía en sus deliciosos opúsculos que en sus neoclásicos versos, de imparangonable limpidez.
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