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La brevedad de la vida es un hecho sobre el que han escrito y filosofado Séneca y otros muchos. No se debe derrochar el tiempo, como si fuese infinito, algo que hacen muchísimas personas a lo largo de su existencia. El tiempo del que dispone el ser humano, de forma general, es largo y amplio, si se sabe aprovechar. Se puede afirmar que el tiempo es la esencia de la vida, ya que estamos hechos de tiempo.
Los que vuelven después de la muerte aparente tienen experiencias de una luz, del túnel, o cosas similares como campos o jardines o bosques donde encuentran la posesión de su esperanza, por ejemplo un cristiano a Jesús, a la Virgen o a sus santos preferidos.
No sería incoherente pensar al vocablo poesía como antónimo de economía. Todos preferimos, en el fondo, la primera, pero la segunda es inasequible al desaliento; nos hace descender, con frecuencia, de la nube blanca y esponjosa de nuestros ensueños o delirios, y resulta ello tan desagradable como despertarse con brusquedad de un sueño dulce.
La vida posee un valor absoluto, ya que solo tenemos una oportunidad para existir y debemos aprovecharla, con la máxima intensidad posible. Independientemente de las creencias es evidente que existen infinidad de formas de vida realizables, en función de los deseos de cada persona.
Hoy siento deseos de brindar mis manos para sujetarte y que no te tires al abismo. Suicidarse, nunca. A pesar de que interiormente sepas que las conductas de otros pueden llevarte a esa acción. La velocidad máxima permitida a la que debemos conducirnos es 120 km/h, porque si nos excedemos podemos chocar y destruirnos.
Puede que envejecer sea un asunto ineludible e irreversible, pero no necesariamente negativo. Todo tiene sus anversos y reversos. Lo significativo está en que nosotros no acortemos el entusiasmo existencial, crucificándonos a diario y olvidemos vivir, hacer familia y renovarnos.
Por desgracia, son muchas las personas que hoy día mueren en hospitales con poca presencia de su familia y sin un ambiente acogedor. Y eso es porque la muerte está proscrita en nuestra cultura. No me gustan esas colas de gente que va a ver a alguien cuando ha muerto, cuando podían haberlo visitado antes, mientras estaba enfermo.
Corre por Internet un relato: la vida es como un viaje en tren. Cuando nacemos y subimos al tren, encontramos dos personas queridas que nos harán conocer el viaje hasta el fin: nuestros padres. Lamentablemente, ellos en alguna estación se bajarán para no volver a subir más. Pero, a pesar de esto, nuestro viaje debe continuar; conoceremos otras interesantes personas, durante la larga travesía, subirán nuestros hermanos, amigos y amores.
El estrés es una enfermedad de nuestros días, que no viene de la acumulación de trabajos sino de la pre-ocupación por ellos, es decir la sensación de que hay muchas cosas pendientes por hacer. En cambio, la paz viene de que en lugar de pre-ocuparnos simplemente nos ocupemos de lo que toca ahora, del día a día, pero sin pre-ocuparnos.
Nos preocupamos de cosas superfluas porque creemos que vamos a llegar a ancianitos, y luego te dan un chupetón en el cuello y mueres, ya ni placer puede sentir uno; beber es malo, trasnochar es malo, las redes son malas, el deporte también puede causar la muerte, el sexo puede matarte al igual que el tabaco, ¿para qué queremos llegar a viejos? Ah, sí, para jubilarnos, y que el Estado no se quede con los dineros que nos corresponden.
“El buen vivir es la prefiguración de una muerte en paz”. En nuestros días nos encontramos ante diversas situaciones que nos abruman y hacen del existir una impermanencia perenne donde todo es cada vez más una levedad que se olvida como las hojas secas llevadas al espacio por el viento, sin saber cuán grande es la profundidad e inmensidad de una vida que se va.
Debemos tenerlo claro, nada se domina y todo se labra. El amor es el mejor de los laboreos. En un mundo cada día más ruidoso, urge acogerse y recogerse interiormente para cultivar el silencio y poder llenarse de savia, no de violencia; que la vida es para conservarla con mirada radiante y conversarla con abecedarios comprensivos y lenguajes entendibles.
Hace poco se me ocurrió subir un video a mi 'tiktok' diciendo frases de esas filosóficas que se me ocurren de vez en cuando, ya sabéis, uno de esos días que me siento transcendental. Un amigo me preguntó si me había ocurrido algo, más que nada, porque comenzaba diciendo que no podía afirmar que la vida fuese siempre maravillosa. A mí me sorprendió que me hiciese esa pregunta, ya que… es obvio que la vida no siempre es maravillosa.
En nuestro último artículo titulado “Discerniendo la crucial diferencia existencial entre angustia y frustración” nos enfocamos en la diferencia conceptual de “angustia” de “frustración”, indicando a grandes rasgos que la angustia se refiere más bien a un sentimiento preponderantemente de ansiedad que surge cuando nos enfrentamos a la incertidumbre propia del sentido (o de la falta de sentido) ante la certeza de la finitud y la reflexión (si es que se da).
Desde el campo de la biología se define la vida como la capacidad de nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir. Cuando se ve desde fuera podemos considerarlo como un espectáculo impresionante. Pero cuando participas de alguna forma de su nacimiento, el hecho se convierte en una vivencia maravillosa e inimitable.
Hola, buenos días, calentador. Ahí fuera, ya sabes, hace un frío que pela. He puesto la radio, pero la he quitado porque estoy hasta el gorro de estadísticas, somos una sociedad apresada por las estadísticas que el poder de las mil formas y trucos, nos da la tabarra todas las mañanas y parte del mediodía y cierra con buenas noches.
El riesgo de vivir es a la vez entrañable, azaroso y acuciante. Es intransferible, lo que vive cada uno discurre con matizaciones imperceptibles para el resto, por supuesto en cuanto a la intimidad, pero también en las actuaciones públicas. Ni qué decir en lo referente al carácter incierto de las vicisitudes, se extiende a las actuaciones propias cuyo alcance real no controlamos.
El ser humano siempre ha pretendido ser una especie de dios. Sus aspiraciones pasan por manejar a su antojo el nacimiento, el desarrollo, la vida adulta y la muerte de sus semejantes. Los que tienen el poder político también se afanan en imponer a la sociedad la forma de nacer, vivir, reproducirse o morir a su antojo.
Si hay algo enigmático en el ser humano es que cada uno de los que tenemos el privilegio de haber sido “elegidos” para la vida nos diferenciamos del “otro” física y anímicamente: “la vida que estamos llamados a promover y defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado…” (Papa Francisco).
Tenemos que comprometernos. Es tarea de todos colaborar y cooperar en mejorar la vida. No se debe ignorar la pobreza, la falta de hálito de tantos desfavorecidos y tampoco el sufrimiento de una parte grande de seres humanos. Los Estados han de ser más sociales y democráticos de derecho, sin duda. Nos merecemos una existencia decente.
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