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José Enrique Centén
sábado, 18 de enero de 2014, 12:49 h (CET)
Dudas, dudas, dudas, tiene la ciudadanía de la honradez de sus representantes políticos en todos los órganos de poder, ya sea parlamentario, senado o ayuntamientos, no solo en lo personal, sino política. Este gobierno, la sembró hacia el anterior por su incapacidad de afrontar la situación económica en España, todo era culpa de él, cuando era general en el mundo occidental. Crisis que provocó el revés económico que sufrieron la grandes multinacionales por la Globalización, Globalización que sirvió para su enriquecimiento y a su vez al enriquecimiento de los países que ahora llaman emergentes, emergentes en muchos casos producto de la corrupción, del trabajo sin condiciones laborales, explotación infantil, horarios cercanos a la esclavitud, hacinamiento, sin cobertura sanitaria, ni jubilación, en definitiva, solo por poco más de un plato de comida para subsistir. Ahora están tratando y consiguiendo la equiparación de los trabajadores del sur de Europa, para que lleguen a los mismas condiciones de laborales que las emergentes, con la intención de evitar la competencia de estas.

Están intentando acercarnos a sus mismos costos de mano de obra, aún estamos por encima de los 30 € al mes, de los países emergentes asiáticos y africanos, y de los 300 € de los países del este de Europa, los nuevos incorporados a la UE. Pero mientras los trabajadores cada vez ganan menos, los directivos abren más la brecha en diferencia de salario gracias la Reforma Laboral y subvenciones que reciben directamente, como el beneficio fiscal tanto de ellos como de sus empresas, incluso inyectándoles dinero directamente por medio de los bancos o cajas rescatados y nunca devueltos, debida a la desaparición de muchos de ellos. La merma del poder adquisitivo hace que el hambre llame a las puertas de muchos hogares, porque la desnutrición de los más pequeños es un hecho en muchas ciudades.

El gobierno actual llegó al poder con el 37,53% de votos de la ciudadanía, ciudadanía que confió en un programa político, no solo incumplido, sino empeorando al de su predecesor. Hablan de la herencia, pero la única herencia de estos gobernantes, es la contraria al Bienestar Social conquistada por decenas de años de reivindicaciones de los trabajadores de este país, fruto de la lucha sin cuartel contra la patronal y sus diferentes dirigentes políticos. El gobierno anterior empezó a socavarla con una Reforma Laboral, llamada mileurista, esa reforma y la falta de miras, le costó el gobierno, no por el trasvase de votos, sino por el 33,77% de abstención, prácticamente la misma cantidad con la que obtuvo “mayoría” el gobierno actual. La herencia que reclaman el actual gobierno, es la del principio de la Revolución Industrial del siglo XIX, defendida por dictaduras de todo tipo y por la burguesía que las apoyaron, principalmente en:

Educación, con la merma presupuestaria a lo público y subvenciones a los privados, en la primaria y secundaria, beneficiando a los pudientes, logrando que la enseñanza superior solo esté al alcance de pocas familias y algunas con mucho esfuerzo.

En Sanidad, se tiende a la privatización total, quedarán hospitales de beneficencia, algunos conocimos las casas de socorro, dependiente de los ayuntamientos, estas desaparecieron por la aparición de los ambulatorios, que están empezando reducirse y a cerrar en determinadas horas nocturnas. Volveremos a las iguales hoy Sociedades médicas, en manos de los de siempre, la patronal y miembros notorios de gobiernos actuales o anteriores.

Con las pensiones, ocurre lo mismo, cada vez será menor su poder adquisitivo, limitado al 0,25%, y el repago farmacéutico se incrementa 6 veces más esa cantidad, sobrecoste en gasto de fármacos necesarios, en detrimento de los mayores por años de trabajo y desgaste físico propio de la edad. Mientras los futuros jubilados, tendrán cada vez menos pensión, debido a la Reforma Laboral, porque será habitual los trabajos por horas, días o semanas, disminuyendo su cotización para la jubilación futura, algunos podrán pagarse un Plan de Pensiones, si pueden afrontarlo.

Ante el malestar creciente y su posible e inevitable respuesta, que tarde o temprano ocurrirá, se prepararon de antemano, primero califican las huelgas o manifestaciones parciales de algunos sectores como en limpieza, personal sanitario, profesores, funcionarios…, tachándolas de políticas, claro que lo son, porque la política no es coto de los representantes en las instituciones públicas elegidos por la ciudadanía. Política, en su origen etimológico viene del latín “políticus” y éste del griego”πολιϮιс” (políticos), que significa “de los ciudadanos”, y según la RAE: actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. También, técnica y métodos con que se conduce un asunto.

La segunda medida cuando las huelgas y manifestaciones se han sucedido, es la promulgación de Ley de Seguridad Ciudadana, paso previo al Estado policial que teníamos superado desde la muerte del último dictador. Pero aun así, al igual que con él, la conciencia colectiva volverá a recuperar los derechos pisoteados por estos nuevos atilas. No dudemos, “vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes. Porque se ha consentido el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar”. (1)

1.- Antonio Gramsci (1891-1937), “Odio a los indiferentes”, Publicado en La Città futura, 1917

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En el contexto actual de tambores de guerra, desconozco si de este lado se la prefiere o no a la paz. Me viene al recuerdo “Elogio de la locura”, la obra que Erasmo pergeñó a principios del siglo XVI, hace ya más de quinientos años. La traducción textual sería “elogio de la estupidez”, aunque, sea como sea, no es fácil desentrañar las intenciones de su autor al escribirla.

Con la historia suele ocurrir como con otras muchas entidades, menudean los intentos de servirse de sus propiedades sin miramientos; aunque progresivamente se comprueba su complejidad y su desvirtuación cuando se la quiere manejar caprichosamente.

Con la actualidad en la mano, convendría templar el ambiente y evitar dejarse llevar por el siempre tentador camino de las emociones, con sus “pásalo” y sus típicas espontaneidades. Nadie tiene la obligación de sentir simpatías por éste o por cualquier otro Gobierno, pero la justicia y la verdad, grandes palabras que ahora son ingredientes de todas las salsas, no tienen nada que ver con los afectos y desafectos.

 
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