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​Dando palos de ciego no se levanta una nación

De cómo el servilismo ingenuo y pazguato, ante el comunismo bolivariano, lastra la recuperación de España
Miguel Massanet
martes, 16 de noviembre de 2021, 08:43 h (CET)

La irresponsabilidad de los actuales ocupantes de la Moncloa, su falta de un plan apropiado para dirigir al país hacia una recuperación que hiciera posible abandonar la crisis a la que nos ha llevado el Covid 19, junto a una política desajustada, a todas luces sectaria y plagada de gestos totalitarios, improvisaciones, rectificaciones, engaños y errores de gestión, parece que esta llegando a sus peores momentos que, con toda seguridad, van a seguir in crescendo a medida que se vayan acercando los nuevos comicios y cada una de las dos partes interesadas que actualmente forman el actual ejecutivo, vaya buscando su propio territorio, deje de colaborar en la política de su socio y se entre en aquella fase que, para los elefantes machos en celo,  se denomina “ must” y que consiste en un periodo caracterizado por un comportamiento altamente agresivo y acompañado por un gran aumento de hormonas reproductivas. 


Los niveles de testosterona en un elefante durante el must pueden ser hasta 60 veces mayores que fuera del período, para el mismo individuo. Salvando las distancias, yo diría que, en favor de la bestia que actúa por instinto, se puede entender que en los políticos esta fase preelectoral tiene una gran semejanza con el comportamiento de los paquidermos.

 

En efecto, ya se están empezando a advertir, en el seno de Unidas Podemos, una serie de avisos, advertencias o simbolismos que inducen a pensar que, este agrupamiento socio-comunista interesado para gobernar España, va en camino de perderse en aras a las aspiraciones de cada uno de los partidos para hacerse con el poder, de tal modo que todos estos ligámenes que, a duras penas, se han podido mantener durante lo que llevamos de legislatura, amenazan con irse diluyendo y que lo harán, cada vez más a medida que vayamos llegando al periodo preelectoral que, por lo que estamos viendo parece que está empezando a notarse.


Es evidente que la presión comunista se va acentuando, que sus exigencias al PSOE cada vez se hacen más notorias y que, en muchos aspectos de la política del país, se  están manifestando con el empeoramiento de las relaciones entre gobierno e instituciones patronales, sectores industriales, oposición y demás organismos relacionados con la justicia o municipalidades y autonomías; en muchos casos ya en un grado de pleno enfrentamiento y confrontación que puede hacer pensar que las posiciones entre unos y otro han entrado en un grado de virulencia que hace casi imposible que no acabe en algo más que en meros enfrentamientos verbales, si como parece evidenciarse lo que se intenta es llevarnos al comunismo y a sus consecuencias dramáticas para España y sus ciudadanos.


Por si no fuera poco la severa reprimenda al Gobierno y su actuación debida a tres sentencias de anticonstitucionalidad emitidas por el TC, respecto a la ilegalidad de la convocatoria del estado de alarma por parte del gobierno del señor Sánchez, que debiera de haber sido motivo suficiente para que dimitiera; le llega la bofetada de Bruselas que anuncia que España será la última de las cuatro grandes economías del euro en recuperar el nivel de PIB anterior a la crisis que deja la pandemia de coronavirus. Sus cálculos sobre la nueva actualización de las previsiones económicas del Ejecutivo comunitario, señalan que la economía española crecerá un 4,6% en 2021, lo que supondría un recorte de 1,6 puntos porcentuales en comparación con la estimación que hizo en julio. Además, incluye un aumento el nivel de precios al cierre de este año que se situará en un 2,8%. Según los cálculos de Bruselas, España será la última de las cuatro grandes economías del euro en recuperar el nivel de PIB anterior a la crisis que deja la pandemia de coronavirus.


Es obvio que aquellos pronósticos de recuperación económica, de mejora del nivel de vida, de pleno trabajo etc., no son más que unos nuevos engaños a los que parece que se está aficionando la ministra señora Nadia Calviño, en la línea de lo que se ha constituido en práctica generalizada tanto para el señor Pedro Sánchez como para todo su gabinete-. No parece que abonen sus buenos deseos o predicciones, datos como el incremento exagerado del precio de los combustibles que ya está influyendo, decisivamente, en la marcha de nuestra economía y que, de seguir en su actual desproporcionado crecimiento, es muy posible que pronto los españoles empecemos a notar sus efectos en nuestras propias viviendas y en lo que constituye, en líneas generales, nuestro modus vivendi. Y aquí el señor Sánchez tiene el primer problema que resolver con los comunistas, sus socios de gobierno.


El señor Macrón, en su país, Francia, ha decidido coger el toro por los cuernos y ha diseñado una estrategia consistente en dar prioridad a la energía atómica como la forma más práctica y efectiva, barata, limpia, rentable y que es capaz de lograr, para nuestro país vecino, la independencia energética; sin tener que depender del gas de Argelia o de Rusia. En España siempre hemos tenido la política del negacionismo de las izquierdas con respeto a este tipo de energía, prefieren los molinos, caros y antiestéticos, o el carbón de Asturias, altamente contaminante, descontando la precariedad de los recursos hidráulicos, tan poco fiables en un país donde el agua no sobra.Lo malo y lo que parece que muchos ciudadanos ignoran es que, en la actualidad, España está comprando energía eléctrica procedente de las centrales nucleares francesas por un importe que, si no estamos equivocados, de unos 90.000 euros diarios. 


El peligro, que todos reconocen que es mínimo, de que un accidente nuclear grave en alguna de estas centrales francesas, sería el mismo que tenemos en las pocas centrales nucleares que nos quedan y, de hecho, si alguna de las centrales francesas tuviera un accidente de esta categoría, España no quedaría libre de sus efectos destructivos.


La solución obvia sigue estando en la energía nuclear pero el gobierno sigue estando condicionado por sus compromisos con esta izquierda, que habla de progresismo pero que sigue encallada en las doctrinas contrarias al progreso científico, a las grandes empresas y a cualquier idea que se salga de sus obsoletas doctrinas igualitarias y contrarias a los adelantos modernos. El vicepresidente de la Sociedad Nuclear Española, Emilo Minguez, habla de que “Sin lugar a dudas. Podríamos estar hablando de 50 euros el megavatio hora, y ahora mismo estamos por encima, cuatro veces más alto” El veto de España a la energía nuclear la hace cada día más dependiente del gas con todos los problemas que su suministro está empezando a tener, con motivo de los enfrentamientos entre Argelia y Marruecos.


Entre tanto se decide como afrontar la crisis energética, el índice de Precios de Consumo (IPC) del mes de octubre pasado subió un 1’5%, hasta quedarse en el 5’4%, según los datos publicados por el INE, su cifra más elevada desde septiembre de 1992. Las causas: los precios de la electricidad, el aumento de los precios de gas, del gasóleo para calefacción, de la restauración y de los carburantes. Según se puede deducir de esta elevada cifra no parece probable que, en diciembre, pueda variar en mucho lo que nos conduce a poder estimar que el IPC de este año 2021 quedará alrededor de un 5% si no es que aumenta todavía más. Y esto nos lleva a conformar algo sobre lo que ya escribimos: las pensiones de los jubilados y sus aumentos anuales.


Recordemos que el actual Gobierno, con luces y alharacas, anunció como gran concesión de tipo social que las pensiones quedarían indexadas con el índice anual resultante. Esto y no otra cosa es lo que prometieron. No dijeron que lo que aumentarían las pensiones sería el resultado de promediar los aumentos o disminuciones de cada uno de los doce meses del año. Los que hemos estado, por nuestra profesión, trabajando en los aumentos de convenios colectivos, sabemos que lo que se discutía en cada uno de ellos hacía referencia al aumento anual y, en ningún caso a un promedio que nada tiene que ver con lo que los ciudadanos van a tener que pagar al año siguiente, que no será en modo alguno, el promedio de los aumentos mensuales sino el resultante de todo el año. 


El que sus martingalas electorales les hayan cogido en una situación complicada, debido a que nadie se imaginaba que el IPC del 2021 iba a ser un porcentaje tan elevado, no priva de que, como dice el principio del Derecho Civil pacta sund servanda, o sea, lo acordado debe ser siempre respetado y aquella sentencia de Aristóteles, que habla de que “el hombre es esclavo de sus propias palabras y dueño de sus silencios”, es aplicable totalmente al tema que nos ocupa. 


El gobierno prometió aumentar las pensiones a los pensionistas en lo que hubiese crecido el IPC anual de 2021 y todo aquello que no sea aumentarlas en lo que realmente resulte de la medición anual, no es más que actuar en fraude de ley y de los derechos de un colectivo que se ha venido caracterizando por la pérdida, durante muchos años, de su capacidad adquisitiva.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no es que estemos enfadados, decepcionados, molestos o desanimados, no, es que estamos indignados, defraudados, irritados y plenamente conscientes de que estamos en manos de una tribu de sinvergüenzas que sólo piensan en mantenerse en el poder y que, en consecuencia, no van a dejar de infringir la Constitución, reducir las libertades individuales, sojuzgar a la oposición e importar, de Venezuela, aquellas políticas totalitarias de las que el señor Maduro ha venido haciendo uso, sin que le importaran los reproches (sin efecto material alguno) de aquellas naciones que se han limitado a enseñar los dientes pero que han acabado cerrando la boca, en un silencio criminal que demuestra que, en Europa, no existe un verdadero sentido de lo que debe ser la justicia internacional y, por ello, no debiéramos extrañarnos de que naciones, como Polonia, decidan no hacer caso de las resoluciones de los tribunales europeos

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