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El discurso del rey

Carlos Ortiz de Zárate
sábado, 26 de diciembre de 2015, 13:40 h (CET)
No soy monárquico o navideño, pero, este año, con la que nos está cayendo, en un solsticio de invierno iluminado por el plenilunio y en un verano que no parece querer irse, esperaba que el jefe del Estado planteara alternativas o, al menos perspectivas. No ha sido así, se ha expresado un monarca que proclama buenos deseos y una lectura partidista de nuestra historia sobre la que ha construido sus proclamaciones y “principios” que no abren vías de salida.

El palacio Real no es, de manera alguna, la representación de nuestra historia, puesto que las construcción y remodelaciones del mismo obedecían a intereses que no tenían nada que ver con la “unidad de España” o de los españoles. Por otra parte, el constructor, Felipe V quiso hacer de su residencia el consuelo por la pérdida del esplendor de Versalles y construyó un palacio real que duplicaba la superficie de Versalles o Buckingham, cuando España ya no era una potencia y que apenas había emergido de los destrozos de la Guerra de Sucesión.

Tampoco hay que olvidar que Felipe V abdicó, para activar sus derechos en la línea de sucesión a Luis XIV o que en el antiguo Alcanzar sobre cuyas ruinas se construyó el actual palacio, fue sitiada Juana la Beltraneja, legítima candidata al trono.

No, tampoco el palacio real es un lugar para hablar de ley, con las intrigas que han alimentado las guerras, como hemos sufrido, porque esas leyes tenían diferentes interpretaciones y eso sí que forma parte de nuestra historia, la razón de los más poderosos se ha impuesto a los vencidos, porque sí.

El discurso se pronunció en la Sala de Tronos, según el monarca “donde la Corona celebra actos de Estado” Era de esperar, como ya he indicado en el primer párrafo, que así fuera y desde luego no se puede construir la historia a nuestro antojo y tampoco ignorar los graves problemas que nos amenazan. No podemos sentirnos orgullosos de los resultados obtenidos en la Cumbre del Clima, cuando se ha vuelto la espalda al presente que amenaza, como es el caso del verano que no parece querer irse, cuando, los poderosos han retrasado una década la reducción de emisiones contaminantes. Tampoco se puede afirmar la unidad de España, cuando ésta está dividida por todos lados: mientras algunos gozan del AVE, los ciudadanos de otros territorios sufrimos de infraestructuras ferroviarias del XIX, somos el territorio con mayor número de aeropuertos…, se están recortando derechos ciudadanos y cada vez hay más ciudadanos bajo el umbral de la pobreza…

Eso es la unidad de España del postfranquismo, la de pagar entre todos los lujos de otros, el despilfarro, al que ya he hecho mención en la construcción del Palacio Real y del que en la actualidad tenemos una larga lista de ejemplos. Esa unidad de España, es, asimismo, un buen caldo para la corrupción, a las pruebas me remito.

Otra cosa sería si nuestro modelo territorial tuviera un modelo equitativo y coherente. El jefe del Estado debería haber hablado de eso. Es posible una unidad en esa perspectiva, ya lo creo, pero temo que a la que se refería el monarca no era esa, sino la de Susana Díaz o la del PP, esa que permite despilfarros, y corrupción con unos dineros aportados por todos los españoles cuyo objetivo es ayudar al desarrollo de los territorios más desfavorecidos.

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