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Dice mi hija Anapi que cuento en estas páginas todo lo que me pasa. En parte lleva razón. Hace muchos años que quedó grabada en mi mente la frase del Evangelio de San Lucas que dice: “de la abundancia del corazón, habla la boca”. A lo largo del día mi mente se va llenando de ideas y de sensaciones, que se suceden de forma que, apenas has digerido una, aparece otra. De eso es de lo que escribo.
Hoy, en Cantabria, hay convocada una huelga en la educación pública. La secundaré por principios, porque la reivindicación es justa –hace 17 años que nuestros sueldos no se actualizan con el IPC, las ratios siguen siendo elevadas, se prioriza la inversión en la enseñanza concertada frente a la pública…– y porque, a pesar de que no soy muy optimista, necesito convencerme de que las cosas pueden mejorar.
El objeto de esta columna es expresar una reflexión sobre la Iglesia católica, ya que a menudo es actualidad y motivo de fuerte polémica. Mucho de lo que leo sobre la Iglesia católica podríamos afirmar, a mí modo de ver y desde siempre, que es «signo de contradicción».
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