Todas las avalanchas comienzan con el pequeño movimiento de un diminuto fragmento de nieve, hielo o roca, el cual, en su caída, mueve a otros pequeños fragmentos similares a él y todos juntos rodando cada vez más rápido pueden derribar grandes obstáculos del camino que al caer pueden a su vez derrocar otros más grandes que al desprenderse agrietarán una ladera entera.
Igualmente, un leve movimiento individual puede terminar generando un caos en una sociedad acomodada que sólo pretende perpetuar privilegios en lugar de renovar su estructura. Dicen que cualquiera que pretendiera detener esa avalancha estaría condenado a desaparecer... ¡O no!
Puede llegar el momento en que esos directores de escena que nada arriesgan personalmente pero que sacrifican a sus peones, es decir a nosotros, también pueden ser arrollados. Lo más triste de todo es que antes de que esos miserables caigan habrán “caído” miles o millones de ciudadanos que no supieron o no quisieron oponerse a sus dictámenes.
A la gente se le hace difícil aceptar cambios cuando lo fácil es acomodarse a lo conocido, aunque sea malo, como el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat de Catalunya.
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