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Ducharse en abril con un impermeable

Resultan llamativos, por insondables, los recovecos mediante los cuales la cultura se cuela a través de las manifestaciones artísticas
Manuel Rebollar Barro
miércoles, 2 de abril de 2025, 09:44 h (CET)

Atrapados cada día entre las noticias producidas por las causas y efectos de lo que decide Donald Trump (ahora los aranceles), así como la concatenación de borrascas potentes con nombres alfabéticos en nuestro país (Nuria es la próxima), ha pasado inadvertida la llegada de la primavera, así como el día mundial de la poesía, el pasado 21 de marzo. Como cada año, puntuales a su cita, nos traen la promesa de un tiempo mejor. Tras ellas, también, ha llegado el mes de abril, el mes más cruel, según T. S. Eliot, en el comienzo de su poema más emblemático “La tierra baldía”.


Resultan llamativos, por insondables, los recovecos mediante los cuales la cultura se cuela a través de las manifestaciones artísticas. Una canción titulada “El fin del verano”, del grupo malagueño Danza invisible, muy popular en los 80, hizo que descubriese a este poeta. En el estribillo se entonaba un “abril es el mes más cruel, alguien lo dijo antes”, que llamó mi atención y me permitió conocer la obra que revolucionó la poesía inglesa el siglo pasado, poema que leí traducido y que me impactó.


“Leer poesía traducida es como ducharse con un impermeable” es una frase que se dice en Paterson, la recomendable película de Jim Jarmush sobre un conductor de autobús poeta, y que muestra la dificultad de representar imágenes en una lengua que no es la tuya. Si traducir ya de por sí es complejo, hacerlo con la poesía multiplica la dificultad del asunto. Ritmo, sonoridad, metáforas, musicalidad,… se pierden o difuminan de un idioma a otro y, en el caso de Eliot, se complica más, dado el carácter hermético de una obra que precisó de una especie de notas aclaratorias del autor para decirnos cómo descifrarlo, algo de lo que más tarde se arrepentiría porque cerraba demasiado el punto de vista e impedía que pudiéramos extraer una respuesta acorde a nuestra propia e intransferible interpretación.


Pero la traducción es lo que nos queda a los que no somos bilingües, una aproximación al pensamiento de los poetas foráneos de la mano de la versión que nos parezca más fiable. Léanlo. A Eliot o a cualquiera. Es el momento. Lorca decía que “la poesía llegaba donde la filosofía y la matemática daban la espalda al silencio” para mostrar el carácter catártico de un género que no necesita explicar cómo es el mundo, que le vale con reproducir las emociones, que son la esencia de la vida.


En tiempos convulsos como los que vivimos, mientras se aproxima la nueva borrasca o llega el último sinsentido desde el otro lado del océano, es un plan inmejorable para abonar la tierra baldía de nuestro pensamiento.


Y, si esto no los convence, siempre podrán recurrir a Sabina y su “¿Quién me ha robado el mes de abril?”. La respuesta a esta pregunta, viendo la angustia que nos genera el presidente norteamericano, al menos este año, parece clara.

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