El escritor hispano-argentino presentó en València ‘Hasta que empieza a brillar’, la biografía novelada de la lingüista y lexicógrafa María Moliner, autora del ‘Diccionario de uso del español’ que tantas generaciones de escritores y lectores han utilizado.

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) parecía destinado a vivir acompañado por el diccionario, ese libro de consulta imprescindible que todos hemos utilizado en muchos momentos de nuestra vida. De pequeño, Neuman jugaba con su familia al diccionario y, más tarde, su vocación literaria le condujo, inexorablemente, a manejarlo con frecuencia. En el año 2014, su afinidad y su amor hacia este tipo de libros, le llevó a escribir uno, de carácter satírico, titulado ‘Barbarismos’. «Estudié filología y lingüística y siempre me interesó pensar en el diccionario como un género literario propio. Soy amante de los diccionarios de autor y el Moliner fue para mí una fuente de sabiduría, que se transmitía de generación en generación». No le bastaba con pensar en el Diccionario de María Moliner como una herramienta de trabajo. Andrés Neuman quiso saber quién se escondía detrás de aquellas páginas repletas de palabras y significados, quién era María Moliner. Por ello durante más de diez años se sumergió en ‘Hasta que empieza a brillar’, editado por Alfaguara, donde de manera novelada escribe su biografía. «Me preguntaba cómo era posible que una mujer tan colosal como Doña María, que comenzó a escribir su diccionario a los cincuenta años, y le ocupó otros veinte, fuera tan desconocida. Por eso me puse a estudiar su vida».
Profundizar en los entresijos de María Moliner Ruiz (Paniza 1900-Madrid 1981) permitió al escritor bonaerense descubrir muchas cosas que ignoraba. «Fui de sorpresa en sorpresa, porque al contrario de lo que popularmente se ha querido transmitir, la propia autora, con una mezcla de modestia irónica y autopreservación política, contribuyó a expandir la idea de que su vida no tenía ningún interés. Y entonces descubres que es todo lo contrario. Tuvo una infancia difícil y su existencia está repleta de múltiples peripecias, adversidades e hitos importantes, como ser la primera profesora de la Universidad de Murcia y también una de las primeras funcionarias por oposición en España». En València, donde transcurre la entrevista durante la hora del café, María Moliner vivió mucho tiempo y desarrolló un trabajo impresionante como bibliotecaria. «Durante la II República, Doña María efectuó una de las aportaciones más hermosas en las bibliotecas públicas, no sólo en la ciudad de València, donde dirigió la Biblioteca Universitaria, que lleva su nombre actualmente, sino en toda la Comunidad, participando en la fundación de innumerables bibliotecas rurales». Si a eso le añadimos que su padre huyó a la Argentina cuando ella era bien pequeña y observamos la tenacidad que tuvo que desplegar para conseguir sus propósitos, es fácil darse cuenta de por qué Andrés Neuman vio que la vida de la lingüista aragonesa merecía una novela. Pero aún había más cosas. «Empecé a darme cuenta de que su Diccionario habla de su vida, por la manera cómo define las palabras y los ejemplos que da. Leído entre líneas, el Diccionario, aparte de ser una obra de arte lexicográfica, es un sutil libro autobiográfico o, por lo menos, de él se puede extraer información secretamente íntima sobre quién fue su autora, sobre cómo pensaba y sentía».
BIOGRAFÍA NOVELADA
Por nuestra curiosidad natural, o tal vez por un simple apresuramiento, apetece conocer el género al que se adscriben los títulos que deseamos leer. En este caso, ‘Hasta que empiece a brillar’, se mueve por territorios limítrofes entre el hecho histórico y la ficción. «Si yo etiquetara este libro estaría trabajando contra la literatura. La literatura que a mí me emociona trata de jugar con los límites y las fronteras, en consecuencia, no merece la pena escribir partiendo de una etiqueta. Está claro que es una novela, porque tiene mucho de ficción, de biografía novelada; pero también hay muchísima investigación y documentación previa, por respeto y amor hacia María Moliner. Además, y por encima de todo esto, sobrevuela la pregunta de cuánto de relato puede contener un diccionario y cuál es la relación entre el aprendizaje verbal de una persona, desde su infancia hasta su vejez, y el diccionario de María Moliner. A lo largo de su vida, su vínculo lingüístico es fascinante y, en ocasiones, triste». Todo eso lo vamos a encontrar entre las páginas del libro de Neuman. «La novela trata de contar cómo Doña María se enamoró de las palabras, qué tipo de estudiante fue, cómo trabajó en archivos y bibliotecas, cómo se desenvolvió como docente, especialmente en València, donde enseño lengua, literatura y gramática en la Escuela Cossío, y también cómo, al final de su vida, de manera tan trágica como poética, fue perdiendo las palabras por la enfermedad que padecía».
En la vida de María Moliner ocuparon un papel muy destacado las Misiones Pedagógicas, un proyecto de solidaridad cultural llevado a cabo por el gobierno de la II República, en el que participó de manera muy activa. Ella hubiera desempeñado con éxito cualquier actividad en la que hubiera querido estar. «María Moliner aprendió a hacer de la necesidad virtud desde su infancia, cuando se puso a trabajar. Era una superviviente. Se autofinanció sus estudios y se licenció en Historia, porque en Zaragoza, donde residía entonces, no se cursaba la carrera de filología. Sin embargo, no llegaría a preparar su tesis doctoral, que le hubiera permitido llevar una vida académica al uso, y que, paradójicamente, le hubiera impedido escribir un diccionario tan rebelde y genial como el suyo».
Durante la II República, la labor de María Moliner como responsable de la Oficina de Adquisición de Libros fue tremendamente importante. Durante esos años en España la tasa de analfabetismo disminuyó de manera muy notable, gracias a la enseñanza y a la difusión de los libros a través de las bibliotecas. «Es incuestionable que durante un tiempo los índices de alfabetización crecieron de manera espectacular y la brecha de analfabetismo, sobre todo entre las mujeres, se redujo sensiblemente. Es un dato contrastado que, en la década de los años treinta, se desplegó una campaña de culturización muy notable, que rindió buenos frutos. Pero tras la Guerra, se saquearon bibliotecas, se destruyeron millones de libros, se implantó la censura durante décadas y la educación de las mujeres fue liderada por la Sección Femenina de Falange». Sin embargo, de alguna manera todo el trabajo desarrollado durante aquellos años no se perdió del todo. «Cuando se publicó el diccionario de María Moliner, se produjo una alianza muy hermosa entre su generación, que tenía una memoria democrática educada durante la II República e incluso de antes, con las «Sin Sombrero», mujeres que trasgredieron muchos límites, y las de sus nietas, hartas ya de la Dictadura, que veían que fuera de España el mundo era diferente. María Moliner pertenece a esa generación, que se incorporó al mundo del trabajo, aprobó oposiciones y estudió carreras universitarias, algo que ahora nos parece lo más natural».
EL DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL, «EL MOLINER»
Después de trabajar tanto tiempo en su Diccionario, María Moliner parecía tener ciertos reparos en el momento de la publicación, como si la hora de la verdad le pesara mucho. «Doña María estaba muy obsesionada con su causa y, en general, con todo lo que le importaba en su vida. Ella fue una estudiante obsesiva, una bibliotecaria obsesiva, una archivera obsesiva y una lingüista obsesiva, que es como se hacen grandes obras como la suya. Después de dieciséis años de trabajo y ochenta mil palabras escritas, firmó, encantada, su contrato con la Editorial Gredos, pero tuvo miedo de no poder concluir el trabajo, porque un diccionario es una obra infinita. ¡Y poco más y no lo termina!».
María Moliner fue propuesta por miembros destacados de la RAE, como su director de entonces, Dámaso Alonso, para incorporarse a la Academia. Sin embargo, no fue admitida. «Fue nominada candidata en 1972, seis años después de la publicación de su Diccionario. En más de dos siglos y medio de funcionamiento, bajo la monarquía, la república y la dictadura, en la RAE no había entrado ninguna mujer. Era una cuestión de tradición cultural, no de régimen, una tradición misógina. Los antecedentes que tuvo María Moliner alcanzan a Carolina Coronado, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Concha Espina y, por supuesto, Doña Emilia Pardo Bazán, quizá el antecedente más ilustre de las mujeres que no consiguieron derribar la puerta de la Academia. Pero María Moliner fue la primera candidata propuesta formalmente por la propia institución, que vino a buscarla. Dámaso Alonso, Laín Entralgo y Rafael Lapesa, junto con otros académicos sentían admiración hacia ella. Alonso, tras el fracaso, quedó en una situación muy contradictoria y humanamente compleja. Por eso el libro comienza con un diálogo imaginario entre él y María». Hubo una segunda razón que, igualmente, entorpeció su acceso al sillón de la letra B, que estaba vacío. «Su pasado político no le ayudó tampoco, a pesar de que algunos académicos también procedían del período republicano. No olvidemos que Menéndez Pidal, con imagen de tradicionalista, aparte de ser un filólogo absolutamente genial, cuando fue reelegido como director de la Academia después de la Guerra, impuso como condición para aceptar su cargo que los asientos de los académicos republicanos, que vivían exiliados, permanecieran desiertos hasta su regreso o hasta su muerte. Y la Academia lo aceptó». Aún existió una última razón para impedir el ingreso de María Moliner en la Academia: su Diccionario. «El propio Diccionario era otro obstáculo para su admisión. Creo que los académicos lo leyeron detenidamente y se sintieron cuestionados en su autoridad porque, en efecto, el Moliner fue un diccionario distinto, heterodoxo, una contestación sistemática al de la RAE. En algunas acepciones se puede ver como les enmienda la plana de una manera muy atrevida y divertida. Y muchos académicos, en lugar de reconocer el valor de su trabajo, prefirieron sentirse ofendidos y reaccionaron defensivamente». Pero su derrota no fue en vano. Alguien consiguió sacar partido de ella y traspasar el umbral inaccesible de la Academia. «El revuelo que se originó con la no elección de María Moliner, propició que no mucho tiempo después, su amiga Carmen Conde, que la había apoyado mucho en su candidatura, fuera por fin la primera mujer que ingresó en esa institución. Su derrota individual consiguió derribar esa puerta para una causa colectiva». Así mismo, no podemos pasar por alto el detalle de que el Diccionario Moliner se vendía más que el de la Academia y los académicos, tal vez, pudieron sentir un cierto desdén hacia él.
Detrás de esas ochenta mil palabras, con esa fina ironía de Doña María, se percibe el reflejo de una España que, a lo largo del tiempo, evoluciona y cambia de mentalidad. «Sin duda ninguna. Pero no sólo de España, sino del mundo entero. La historia de España está muy presente en el Diccionario. Baste con ir a palabras como política, república, falange o patria, para comprobarlo. Y, sobre todo, hay un resumen cultural en sus páginas. Se observan cambios que hoy en día están muy vigentes. La definición que se da en el DRAE de la palabra madre, como una hembra que expele a sus crías para serlo, es obstétricamente aberrante. María Moliner, en primer lugar, percibe que es una definición aplicable a mamíferos, pero no necesariamente a seres humanos; y en segundo lugar y sobre todo, que no todas las madres expelen a sus crías, porque puede darse una cesárea o haber una madre adoptiva. Ella tuvo cinco partos, sabía muy bien qué era eso y proporcionó una definición que incluía a todas las madres: mujer que tiene o ha tenido hijos, con respecto a éstos».
Para una obra tan personal como el Diccionario de María Moliner, escrito por su autora a mano en incontables fichas almacenadas en cajas de cartón por toda su casa, no debe resultar fácil llevar a cabo actualizaciones. «Doña María falleció hace cuarenta y cuatro años y dejó de trabajar en el Diccionario por problemas de salud, aunque continuó durante un tiempo con correcciones al primer tomo, que se incluirían posteriormente. Sin embargo, se vio incapaz de preparar una segunda edición. Su hijo heredó la gestión de los derechos del libro, pero desgraciadamente murió joven y un equipo de la editorial Gredos continuó actualizándolo bajo la supervisión de Manuel Seco, el lexicógrafo de la RAE. Este último detalle resulta históricamente irónico, porque el Moliner es, en cierto modo, un desafío académico, pero luego, el lexicógrafo oficial de la Academia se pone a enmendar y corregir el Diccionario de María Moliner. La versión actual conserva el núcleo creado por su autora, con la inclusión de nuevos términos y de algunos cambios no siempre afortunados. Para evitarme esos problemas, mientras escribí la novela trabajé siempre con la primera edición, la original».

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