Los habitantes del Enclave de Treviño tienen un gran problema, unos se sienten castellanos en medio del País Vasco. Otros, vascos en zona burgalesa. La mayoría de ellos, habitantes en tierra de nadie. Un territorio conflictivo administrativamente y cuya resolución parece que, de momento, no va llegar a buen puerto.
Y como en todo, en este conflicto entre Comunidades Autónomas, - País Vasco y Castilla y León-, pagan el pato los de siempre, los habitantes de la zona. Ni uno ni otro Gobierno Regional dan su brazo a torcer, y parece que no cederán por el momento, para dar un servicio básico a la ciudadanía como es el de la Salud.
El reciente traslado de una mujer desde el Hospital de Txagorritxu de Vitoria, donde permanecía ingresada por un problema crónico, a tan sólo 10 kilómetros del Enclave, al Hospital San Juan de Dios de Burgos (a 110 kilómetros de distancia), ha vuelto a abrir el debate político y administrativo en la zona.
Con informaciones de este tipo, muchas veces me da por pensar que estos señores que nos gobiernan, ven todo muy fácil desde su despacho y, a veces, no se percatan de que hay asuntos, como el de la Sanidad, que no son ningún capricho y no entiende de fronteras. Castellanos o vacos, todos deben tener derecho a un diagnóstico justo y gratuito.
Hay veces que nos dan a entender que sólo se atienden estos convenios puntuales en época electoral para llevarse, uno u otro partido, un buen puñado de votos. Votos, que muchas veces se cuentan sólo como eso, como números, sin darse cuenta que detrás hay personas con grandes o pequeñas necesidades.
Las Comunidades Autónomas, que son quienes gestionan las competencias de Sanidad, deberían mirar por la salud del paciente así como el bienestar de sus familias , dejando de lado intereses políticos y económicos y atender al compromiso social que un Gobierno de bienestar debe propiciar a sus ciudadanos. Ya habrá tiempo de hacer las cuentas más adelante.
En estos casos, a mi me da por pensar que toda esta gente, todos estos políticos, no saben el trastorno que supone para muchas familias su traslado desde grandes y pequeños municipios en las periferias de provincias poco pobladas, hasta la capital, donde se centralizan la mayoría de los servicios.
La duro que debe ser hacer un viaje de 200 kilómetros de ida y vuelta para una sesión de diálisis, un tratamiento de quimioterapia o una simple visita al especialista.
Quizás sea este el gran problema de los residentes en comarcas periféricas alejadas de sus respectivas capitales provinciales y muy cercanas a grandes ciudades más allá de sus fronteras autonómicas. Finalmente, estos lugares se acaban convirtiendo en territorios de nadie, al igual que pasa con Treviño.
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