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Todos los días, un ensordecedor estruendo de bronca política ciega nuestra conciencia. No es casual. Esconde la imposición de un mayor grado de saqueo sobre la mayoría de la población española. Parece que todo lo que sucede en nuestro país son disputas entre políticos -gobierno y oposición-, y entre instituciones del Estado. Pero el estruendo es confusión, que -silenciosa pero cruelmente- da pasos para robarnos aún más las riquezas que producimos.
Había recortes, ahora habrá más. Había escudo social, ahora habrá menos. ¿Por qué no redistribuir la riqueza? En 2020, debido a la pandemia, la Unión Europea (UE) no tuvo más remedio que aflojar el dogal que exigía apretarse el cinturón para reducir deuda y déficit. Se necesitaba una enorme inyección de dinero público para paliar las consecuencias más graves sobre la mayoría de la población, en especial, la más vulnerable. Esos tiempos, para la UE, ya se han acabado.
En los últimos años, muchas aerolíneas han decidido llevar a cabo recortes en distintas áreas, toallitas refrescantes que ya no se reparten, revistas a bordo en papel que ya no están disponibles y menús de avión con una calidad ligeramente inferior en algunos casos o que directamente han desaparecido.
Vivimos una situación internacional convulsa, con dos guerras simultáneas en Ucrania y Palestina, y el anuncio de una agudización de los recortes a partir de 2024. El proyecto principal del hegemonismo estadounidense para nuestro país es intensificar el saqueo, bajo la inflación, y la subida de hipotecas y préstamos.
Si hay algo venenoso en los medios de comunicación monopolistas -salvo honradas excepciones- es la colaboración en la persistente confusión creada para que la gente nos miremos el ombligo, para que no seamos conscientes del verdadero peligro, del auténtico enemigo. Y sin embargo los centros de poder estadounidense y europeo vienen anunciado, a bombo y platillo, las ineludibles exigencias esenciales a las que tendrá que responder el nuevo gobierno, sea del color que sea.
El cateto de La Moncloa, con su palabrería hueca y mentirosa creerá que nos engaña a todos y no es así. ¿Por qué? Pues porque, aunque él piensa que somos unos inocentes e indocumentados, se equivoca de parte a parte. Afortunadamente la gente lee y no solo El País.
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