Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Tienda Siglo XXI Grupo Siglo XXI
21º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas | Reflexión | Pensamiento | Política

​Póker del Joker

La política del algoritmo arrebata al pensamiento su protagonismo en el debate y el consenso
Augusto Manzanal Ciancaglini
lunes, 30 de diciembre de 2019, 08:38 h (CET)

Los medios hablan de una ola de protestas que sacude el mundo, pero es difícil afirmar que haya conexión entre ellas; para hablar de algo generalizado habría que adentrarse en cada manifestación y especificar las causas que la amplifican. Como sea, es cierto que en cuatro continentes se han producido movilizaciones, y algunas, como las feministas y ecologistas, son claramente transnacionales.

En Europa, los chalecos amarillos marchan por Francia y la huelga vuelve a ser una medida de presión importante. Entretanto, la corrupción congrega en las plazas a checos y rumanos, el nacionalismo callejea desde España hasta Reino Unido, y tanto las “sardinas” como los “leghisti” desbordan Italia.

Es en Latinoamérica donde las manifestaciones se han hecho más frecuentes: luego de la gran conflictividad social que se ha ido arrastrando por las calles de Venezuela, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico o Haití, el descontento ha ido bajando, territorialmente y también en cuanto la urgencia de los reclamos, por Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia. La insuficiencia democrática de algunos se entrecruza con el estancamiento económico de otros y se solidifica en desigualdades bastante comunes que se vuelcan en las ciudades.

En las protestas de Asia se vierte más sangre: las penurias políticas y económicas empujan a los iraquíes, iraníes y libaneses a las calles. Con todo, es China en donde la tensión política se cronifica; Pekín encuentra uno de sus mayores desafíos en las calles de Hong Kong.

Por último, en África la violencia estalla en Guinea y Etiopía, mientras que la presión callejera ayudó a hacer caer gobiernos enquistados en el poder por décadas en Argelia y en Sudán.

Hay una cara de este fenómeno que representa un instrumento fundamental para la democracia actual. Sin embargo, la política en la calle también tiene un rostro más oscuro.

La globalización, entre otras cosas, está siendo una coctelera para una desvaída pócima de bilis que aturulla. La sonrisa cínica de la máscara de V de Vendetta bebe de esa fuente y emprende su lucha desde la clandestinidad de las redes sociales a la manera de Anonymous. No obstante, la multiplicidad de causas y las contradicciones han atorado los circuitos con improperios y panfletos de un párrafo.

El paradójico resultado es el borboteo de un culto a lo binario que vuelve la realidad más ambigua que nunca; el encandilado ciudadano común, harto de una distopía imaginaria, se arranca la anónima mascara de la retroalimentación iracunda y se maquilla para unirse a la procesión enfurecida de un nuevo líder: el Joker ya está aquí sufriendo sus propias carcajadas.

El apocalíptico príncipe de la confusión se ha aposentado en su trono y decreta la nostalgia de una historia ignorada que se da la mano con utopías silvestres de Juanas de Arco mercadeadas. El enemigo aparece tanto en cada esquina nunca atravesada como en todos los propios reflejos de esa marcha efímera.

La política del algoritmo arrebata al pensamiento su protagonismo en el debate y el consenso. Alguien del pasado, admirado por tantos adelantos con respecto a su época, esperaría que los sistemas políticos de estas sociedades más dinámicas y conscientes de hoy ya no necesitaran multitudes estridentes por fuera del Estado.

La insignificante y solitaria luz se acomoda con otras formando la constelación amarillenta de la acción popular: tiranía fugaz de la plebe perdida, una momentánea mayoría callejera o mediática. La sopa del actual descontento se prepara con fogones electrónicos que cocinan objetivos menos apremiantes aunque más rápidos de elaborar. Es hora de salir a la calle, sí, pero no solo a manifestarse: el conocimiento, las instituciones y el otro esperan como nunca antes en cada rincón real y virtual para renovar concienzudamente lo medios y los fines.

Noticias relacionadas

Hoy, en Cantabria, hay convocada una huelga en la educación pública. La secundaré por principios, porque la reivindicación es justa –hace 17 años que nuestros sueldos no se actualizan con el IPC, las ratios siguen siendo elevadas, se prioriza la inversión en la enseñanza concertada frente a la pública…– y porque, a pesar de que no soy muy optimista, necesito convencerme de que las cosas pueden mejorar.

El objeto de esta columna es expresar una reflexión sobre la Iglesia católica, ya que a menudo es actualidad y motivo de fuerte polémica. Mucho de lo que leo sobre la Iglesia católica podríamos afirmar, a mí modo de ver y desde siempre, que es «signo de contradicción».

Nos hemos globalizado y, eso, está muy bien; ahora nos falta sustentarnos en el verdadero amor, conocedores de que el espíritu fraterno, es lo que nos obliga a desvivirnos por vivir la acción colectiva, como fuerza orientadora para lograr la concordia, desde el abecedario del respeto mutuo y el lenguaje de la tolerancia.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto