Aunque la balanza se inclina generalmente hacia la bondad de los seres humanos, lo que aseguro en el título de mi escrito de hoy es una realidad palpable. Abundando en ello, las estadísticas bien hechas arrojan ese resultado para la mayoría de las profesiones. Hay muchos ejemplos que nos explican cómo médicos eminentísimos, ingenieros de fama y empresarios en buena posición, educadores y catequistas se van temporalmente a los lugares más pobres del mundo a prestar gratuitamente sus servicios a las personas más necesitadas. Y muchísimos misioneros que dedican toda su vida a servir a los demás, siendo la esperanza de los más desfavorecidos.
La cara opuesta de la moneda viene dada por una minoría de deportistas de élite que se creen dioses, aunque no hayan aportado a la sociedad nada especial y presumen de las dotes físicas con las que Dios les ha favorecido. Los aficionados altenis, hemos conocido a muchos tenistas que han sido un ejemplo de educación, y solidaridad con los compañeros y, también, a unos cuantos que han sido todo lo contrario. Hago esta reflexión a propósito del comportamiento del tenista serbio, Djokovic y su “contencioso” con Australia, a propósito del Open de Tenis que comenzará el lunes 17 de enero. No voy a repetir todo lo que el tenista y su familia (especialmente su padre, que ha comparado a su hijo con Jesucristo) han liado sobre las normas que el tenista (como todos los demás participantes) deberían cumplir para participar en ese evento.
El comportamiento de Djokovic, ha sido el de un pobre hombre, egocéntrico, maleducado e insolidario con los demás. Desde luego no es la primera vez que demuestra su grosería, poco respetoe ínfima categoría como persona. Recuerdo cómo, durante algún tiempo, a modo de gracieta (que él no hubiera aguantado ni un solo minuto), la tomó con Nadal del que se mofaba imitando unos gestos rutinarios que nuestro tenista suele hacer cuando juega.
Como era de prever, al impresentable Djokovic, se sumaron otros “colegas” como kyrgios, a los que nunca se les ocurrió hacer gracietas con sus respectivos progenitores. Yo creo que,a este pobre hombre, aunque sea al actual número uno del mundo, se le recordará bastante más por su mal genio cuando pierde, por sus rabietas y roturas de raquetas y -sobre todo- por los bochornosos sucesos que está protagonizando.
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