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La lucha por el sentido común en la próxima legislatura

Si por las Américas vas diciendo que quieres tomar las calles, se pensarán que eres un borracho superlativo
Mario López
viernes, 28 de octubre de 2016, 00:36 h (CET)
Hipérbole. Cuando digo que mi amigo tarda en mear lo que yo tardo en fumarme un cigarrillo, se me puede dar la vuelta a la oración y decirme que yo me fumo un cigarrillo en lo que mi amigo alivia la vejiga. Con lo cual, mi afirmación carece de significado. Si lo que yo quiero poner de relieve es el mucho tiempo que le lleva a mi amigo satisfacer sus necesidades diuréticas, me veré obligado a hacer uso de la hipérbole, afirmando que mi amigo tarda más en mear que lo que yo tardaría en fumarme una cajetilla de tabaco. Entonces, aun corriendo el riesgo de pasar por exagerado o mendaz, conseguiría que mi interlocutor tomara conciencia de que mi amigo tiene un problema con su vejiga, que es justamente lo que yo le quería transmitir a mi interlocutor.

Cuando Pablo Iglesias habla de tomar las calles, de las trincheras y de todo aquello que tanto le lleva a pasar, a los ojos de mucha gente, por un incendiario revolucionario del siglo pasado, en realidad, lo que está haciendo es valerse de la hipérbole. Y esto vale tanto en la península como en el cono sur. Si por las Américas vas diciendo que quieres tomar las calles, se pensarán que eres un borracho superlativo, y si se lo dices a un señor de Murcia, pensará que quieres hacer de las calles una especie de campamento de verano. Y no es eso.

Podemos es un partido surgido de la reflexión de un grupo de profesores universitarios alumbrada por el emergente activismo ciudadano propiciado, a su vez, por las catastróficas consecuencias de la economía neoliberal aplicada, a nivel mundial, desde prácticamente la caída del muro de Berlín. Consecuencias por todos conocidas y, en la mayoría de los casos, padecidas por el conjunto de la ciudadanía. Y de la identificación de buena parte de la ciudadanía con dichas reflexiones.

“Asaltar los cielos” es un expresión hiperbólica de un conjunto de propósitos que agrupan ideas tales como el desarrollo de las asociaciones ciudadanas, gremiales, profesionales, al fin y objeto (parafraseando al señor Tardá) de empoderar a la ciudadanía, esto es, hacer posible una interlocución más determinante entre el pueblo y sus representantes para abordar, con mayor acierto y transparencia, las políticas que han de regir el pacto social, la convivencia, el fortalecimiento del Estado social, el Estado de bienestar, el Estado fiscal, el Estado de las autonomías, así como la libertad de expresión y el derecho a la información; en definitiva, el Estado democrático.

En cambio, cuando Mariano Rajoy habla de la bonanza de nuestra economía, de su capacidad de diálogo, o de su fortaleza en la lucha contra la corrupción, aunque se lo pueda parecer a alguien, no está usando la hipérbole. Lo que está haciendo es mentir; con una desfachatez que ya no sorprende a nadie, pues está visto que este señor no sabe hacer otra cosa.

Esto es lo que se va a dirimir, a nivel dialéctico, en la próxima legislatura: la batalla por el sentido común (la hegemonía) entre un discurso veraz, aunque en ocasiones un tanto hiperbólico, y otro mendaz, reiteradamente acreditado. Está claro que Podemos ha introducido en el Parlamento, además de otras muchas cosas que se irán desgranando a lo largo de la próxima legislatura, un nuevo léxico que, como ya hemos visto, se va imponiendo en el debate político. Nuevo léxico al que aún apenas están familiarizados PP, PSOE y Ciudadanos, que lo chapurrean torpemente sin apenas entender lo que dicen. Ahí lo dejo.

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