Sor Juana de la Cruz, nacida como Juana Rodríguez de la Cruz en 1481 en una familia humilde en Cubas de la Sagra (Madrid), fue una religiosa y mística española que destacó por su vida de fervor religioso, sus dones espirituales y su gran influencia en la vida eclesiástica de su tiempo. Su biografía está marcada por una entrega radical a Dios y a la vida religiosa, además de una serie de eventos extraordinarios que contribuyeron a su fama de santidad.

A una edad muy temprana, comenzó a mostrar signos de piedad y devoción religiosa. Entrar en el convento de las religiosas de su localidad fue todo un acto de valentía y determinación para seguir una vida consagrada.
“La santa Juana de Cubas”
Sor Juana, conocida entre sus devotos como “la santa Juana de Cubas”, se entregó a la vida religiosa a una edad temprana. Con solo 15 años, dejó su hogar y se unió a las monjas de su pueblo natal, donde, tras una visión de la Virgen, abrazó la vocación franciscana.
Tras ingresar en el convento, Juana tuvo una visión de la Virgen María que confirmó su vocación franciscana. Esta visión la inspiró a dedicar su vida al servicio de Dios bajo la regla de San Francisco. Desde muy joven, se distinguió por su fervor espiritual y su dedicación a la vida monástica, marcando su camino hacia la santidad.
A lo largo de su vida, vivió experiencias extraordinarias, como el fenómeno místico del “desposorio” con Cristo en 1507 y la aparición de los estigmas un año después, que le acarrearon la pérdida del habla durante siete largos meses. Los estigmas se interpretan como signo de su unión profunda con el sufrimiento y la pasión de Cristo. Estos estigmas, junto con el hecho de que perdió el habla durante siete meses, fueron vistos como manifestaciones sobrenaturales de su santidad, siendo aportes favorables para su proceso de canonización.
Uno de los aspectos más singulares de su vida fue su nombramiento como “párroco” de Cubas, cargo que le otorgó el Papa Julio II en 1510, y que le permitió administrar los bienes y pastorear a los fieles de la parroquia. Este hecho, tan insólito para una mujer en aquellos tiempos, consolidó su fama, ya que pronto se revelaron en ella dones espirituales como la capacidad de aconsejar, recibir revelaciones divinas y hablar en lenguas. Además, se dedicó a difundir la devoción al rosario.
Abadesa Sor Juana de la Cruz
La autonomía jurisdiccional de los monasterios femeninos que formaban parte de las órdenes benedictina y cisterciense les permitía operar independientemente de la autoridad episcopal local, al estar directamente sujetos a Roma. Esto otorgaba a las abadesas un considerable poder, ya que podían ejercer varias prerrogativas propias de los obispos, con la única excepción de aquellas vinculadas al sacramento del orden. Es por esto que se las considera poseedoras de poderes "semiepiscopales". No era raro que a algunas abadesas se les permitiera llevar los símbolos distintivos de la autoridad episcopal, como el anillo, la mitra y el báculo pastoral.
Los/las franciscanos/as no son ni benedictinos ni cistercienses, aunque comparten algunas características con estas órdenes en términos de vida monástica y religiosa.
Los franciscanos fueron fundados por San Francisco de Asís en 1209 y su orden se basa en seguir el Evangelio de manera radical, viviendo en pobreza, humildad y dedicación al servicio de los más necesitados. La principal característica de la orden franciscana es su énfasis en la pobreza absoluta, la vida simple y la predicación.
Las Hermanas Franciscanas o la Orden de las Hermanas Franciscanas fueron fundadas en 1221 por Santa Clara de Asís, seguidora cercana de San Francisco de Asís. Mientras que San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos) en 1209, Santa Clara, inspirada por su ejemplo, fundó la rama femenina de la orden, conocida como las Clarisas o Hermanas Franciscanas. Santa Clara de Asís quería seguir el mismo camino de pobreza, humildad y dedicación a Dios que su amigo y mentor San Francisco. Ella y sus primeras hermanas vivieron una vida de extrema pobreza y se dedicaron al servicio de la oración y la contemplación, lo que se convirtió en el principio fundamental de la Orden de Santa Clara, también conocida como las Clarisas, y que más tarde se expandió a muchas partes del mundo bajo el nombre de Franciscanas.
La Regla de Santa Clara fue aprobada por el Papa Inocencio III en 1216 y, más tarde, revisada por el Papa Alejandro IV en 1253, lo que otorgó a la orden femenina una mayor autonomía y oficialidad dentro de la Iglesia.
Por otro lado, los benedictinos fueron fundados mucho antes, alrededor del siglo VI, por San Benito de Nursia. Los benedictinos siguen la Regla de San Benito, que pone un énfasis en la vida de oración, trabajo y estabilidad en una comunidad monástica.
Los cistercienses son una rama que surgió dentro de la familia benedictina en el siglo XI, fundada por San Roberto de Molesme. Los cistercienses buscaban una vida más austera y separada del mundo, adhiriéndose más estrictamente a la Regla de San Benito.
En resumen, los franciscanos son una orden religiosa distinta, con una espiritualidad y enfoque propios, mientras que los benedictinos y cistercienses pertenecen a una tradición monástica más antigua y comparten la Regla de San Benito, aunque compartan características en orden a su vida monástica y religiosa.
Además de la responsabilidad de Sor Juana de la Cruz en la dirección espiritual de las monjas y en la gestión de las necesidades religiosas de los fieles en sus territorios, como abadesa también actuaba como otras abadesas como señoras feudales. Se encargaban de la administración de los feudos bajo su control, lo que implicaba funciones legales y económicas. De este modo, asumían el papel de soberanas dentro de un área limitada, sobre la que también recaía la administración de la justicia civil y penal, tanto para los laicos como para el clero dependiente del monasterio.
Hay que resaltar que las abadesas tenían un papel destacado en los sínodos y concilios; y firmaban los documentos en los que participaban. Al dirigir sus abadías, convertían estos lugares en importantes centros de formación, producción artística y orientación espiritual. Este fenómeno no era aislado, sino que se extendía por toda Europa.
Párroco Juana de Cubas
La figura de Sor Juana de la Cruz, conocida popularmente como "la santa Juana de Cubas", alcanza un nivel excepcional en la historia religiosa, particularmente por su singular nombramiento como "párroco" de Cubas, un hecho que asombra y desafía los cánones de la época. Este nombramiento, que se produjo en 1510, vino directamente del Papa Julio II y representa una de las acciones más audaces y sorprendentes del siglo XVI. Julio II, sin duda, tenía un carácter especial y adelantado a su época, fue el mismo Papa que le ordenara a Miguel Ángel Buonarotti pintar el techo de la Capilla Sixtina cubriéndola totalmente de frescos; y el mismo que tantas veces le pregunta “Cuándo terminarás” y Miguel Ángel respondiera repetidamente: “Cuando acabe” o “Pronto”.
Aunque en tiempos medievales y renacentistas las mujeres tenían un papel relegado en muchas esferas de la vida eclesiástica, el Papa Julio II reconoció la extraordinaria espiritualidad de Sor Juana y le otorgó esta responsabilidad, un cargo reservado tradicionalmente a los hombres. De esta manera, la joven abadesa no solo administró los bienes materiales de la parroquia, sino que se encargó del cuidado espiritual de los fieles, pastoreándolos y predicando la palabra de Dios.
La importancia de este cargo se manifiesta en el impacto que tuvo en la comunidad de Cubas. Sor Juana no solo gestionaba los asuntos eclesiásticos, sino que era un faro de sabiduría y guía espiritual para los habitantes de la localidad y de los alrededores. Su tarea pastoral incluía la dirección de la vida religiosa y la promoción de la devoción popular, especialmente a través del rosario, que fue una de sus principales advocaciones.
Este cargo, reconocido por la Iglesia, resalta no solo la devoción y el carisma de Sor Juana, sino también la capacidad de la mujer para ejercer un liderazgo espiritual sin precedentes en una época donde las estructuras de poder estaban dominadas por el clero masculino. La santa de Cubas no solo representó un modelo de fe y servicio, sino que también desafió las convenciones sociales y religiosas de su tiempo, estableciendo una huella imborrable en la historia de la Iglesia.
Su fama trascendió las fronteras de su comunidad
Su fama trascendió las fronteras de su comunidad y llegó a oídos de la más alta nobleza. El emperador Carlos V, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba y el cardenal Cisneros acudieron a su monasterio para escuchar sus predicaciones, que se convirtieron en un faro de sabiduría espiritual.
Fue consejera de Carlos V y en su rol de consejera espiritual, Sor Juana adquirió gran influencia en la corte imperial. Su cercanía con el emperador Carlos V y su participación en el ámbito político y religioso de la época subrayan la relevancia de su figura en los asuntos eclesiásticos y sociales. Entre los milagros que se le atribuyen, destaca la curación de un ciego en 1515, un hecho que marcó un hito en su camino hacia la santidad.
Veneración y proceso de canonización
Tras su muerte en 1534, Sor Juana de la Cruz fue venerada como una santa popular y su legado espiritual continuó vivo a través de la devoción de quienes la conocieron y de aquellos que se sintieron inspirados por su ejemplo.
En 2015, se inició oficialmente su proceso de beatificación, y fue declarada Venerable por la Iglesia en reconocimiento a sus virtudes heroicas.
Sor Juana de la Cruz Venerable
A lo largo de los siglos, su fama creció, hasta el punto de que, quinientos años después de ese milagro, fue declarada venerable y su causa fue impulsada por diversas órdenes religiosas, especialmente en su localidad natal y la diócesis de Getafe.
El testimonio de Sor Juana de la Cruz es, para muchos, un ejemplo de la importancia de la mujer en la vida de la Iglesia. Su entrega, su sabiduría, su don de consejo y su capacidad de discernimiento la convierten en un modelo para todos los fieles.
Sor Juana de la Cruz fue proclamada Venerable en reconocimiento a su vida de santidad, su dedicación a Dios y sus virtudes heroicas. Esta declaración, que se produce tras un exhaustivo proceso de investigación por parte de la Congregación para las Causas de los Santos, marca un paso significativo en el camino hacia su posible canonización.
La proclamación de venerabilidad es el reconocimiento oficial de que Sor Juana vivió de acuerdo con los principios cristianos de manera excepcional y con un profundo compromiso espiritual. Para alcanzar este estatus, se investigaron diversos aspectos de su vida, incluyendo sus actos de caridad, la firmeza en su fe, y su entrega al servicio de Dios y de la comunidad. La Iglesia identificó en ella las virtudes que la colocan como un modelo de vida cristiana, como su sabiduría, su vida de oración constante, su capacidad para guiar a otros en la fe y su dedicación a la pastoral, especialmente en su rol como "párroco" de Cubas.
Ser proclamada Venerableimplica que ya se ha reconocido oficialmente que Sor Juana vivió una vida de santidad y su causa sigue avanzando, buscando la próxima etapa: la beatificación. El paso hacia la beatificación puede incluir la comprobación de un milagro atribuido a su intercesión, lo que consolidaría su camino hacia la santidad plena.
Peregrinación de fieles
Cada año, como parte de la devoción popular, se celebra una peregrinación en el primer sábado de Pascua, en la que los fieles recorren el camino que, de joven, tomó Sor Juana para escapar de un matrimonio concertado y abrazar su destino como religiosa en el monasterio de Santa María de la Cruz, un lugar que se ha convertido en símbolo de su vida y obra.
La peregrinación en honor a Sor Juana de la Cruz es una de las tradiciones más significativas en su localidad natal, Cubas de la Sagra, constituyendo un acto de devoción popular que mantiene viva su memoria y legado espiritual. Cada año, el primer sábado de Pascua, los fieles realizan una peregrinación que recorre el mismo camino que, como hemos mencionado ya y según la tradición, Sor Juana tomó en su juventud al huir de un matrimonio concertado para abrazar su vocación religiosa. Esta travesía, que comienza en la Ermita de Numancia de la Sagra, culmina en el Monasterio de Santa María de la Cruz, en Cubas de la Sagra, donde Sor Juana vivió y dedicó su vida a la oración y al servicio de la comunidad.
La peregrinación no solo es un acto de fe, sino también un momento de reflexión sobre la vida y las virtudes de Sor Juana. Los devotos que participan en esta caminata recuerdan su entrega a Dios, su dedicación a la vida religiosa y su amor por la comunidad. Además, es una oportunidad para profundizar en su legado, que va más allá de sus dones místicos y milagrosos, y se extiende a su firme vocación de servicio y su influencia en la vida eclesiástica y pastoral de su tiempo.
Este recorrido simbólico también es una forma de recordar y reforzar los valores que Sor Juana defendió a lo largo de su vida: la humildad, la sabiduría, la caridad y la fe profunda. La peregrinación ha perdurado a lo largo de los siglos, uniendo a la comunidad en una celebración de su figura y en un acto de gratitud por su ejemplo de santidad.
El evento ha crecido en importancia con el paso de los años, atrayendo no solo a los fieles de Cubas de la Sagra, sino también a personas de otras localidades cercanas y de diversas partes de España, quienes ven en Sor Juana una fuente de inspiración espiritual. La peregrinación es, por tanto, no solo un recorrido físico, sino también un viaje de renovación espiritual para quienes participan en él, con la esperanza de seguir el ejemplo de vida que Sor Juana dejó a través de su dedicación a Dios y a los demás.
Beata Sor Juana de la Cruz
El monasterio de Santa María de la Cruz, situado en Cubas de la Sagra, al sur de Madrid, fue el escenario el Domingo 2 de Marzo de una misa solemne en acción de gracias por la beatificación de Sor Juana de la Cruz, mística y religiosa nacida en 1481.
El decreto, aprobado por el Papa Francisco el 25 de Noviembre de 2024, marcó un hito en la historia de la Iglesia y la celebración fue presidida por el nuncio apostólico en España, Bernardito Auza.
A la ceremonia acudieron una docena de obispos, entre los que se encontraban el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves y el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, además de los auxiliares de ambas diócesis y varios prelados de otras regiones, como el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes y el de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo.
Fue el propio nuncio quien, con un tono solemne y profundo, recordó la vida de la nueva beata, señalando que:
… “la vida de Sor Juana de la Cruz nos ofrece el ejemplo de un alma completamente entregada a la voluntad de Dios. Su vida fue la de quien, por el bautismo, se ha revestido de Cristo y vive según su enseñanza”.
La beatificación es un proceso que reconoce oficialmente en la Iglesia Católica que una persona ha vivido una vida de virtudes heroicas y ha alcanzado una santidad ejemplar, lo que le permite ser venerada públicamente. Es el segundo paso en el proceso de canonización, que es el proceso por el cual una persona es declarada santa.
Los pasos en el proceso de beatificación son los que siguen:
1. Investigación inicial. El proceso comienza generalmente tras la muerte de la persona, cuando los fieles y la comunidad eclesiástica empiezan a reconocer su santidad, entonces la diócesis local inicia una investigación sobre su vida, virtudes y posibles milagros atribuidos a su intercesión.
2. Venerable, Si se demuestra una vida ejemplar en las virtudes cristianas, se declara "Venerable", con lo cual la Iglesia reconoce sus virtudes heroicas, pero no es aún un reconocimiento de santidad completa, sin embargo, sí es un paso importante.
3. Milagro. Para ser beatificada, se necesita la verificación de un milagro atribuido a la intercesión de la persona. Este milagro debe ser un acontecimiento inexplicable científicamente que haya ocurrido después de la muerte de la persona, y debe ser evaluado y validado por expertos en la materia. Sor Juana de la Cruz curó a un ciego.
4. Beatificación. Si se demuestra que la persona vivió virtudes heroicas y que se ha producido un milagro, el Papa puede firmar el decreto de beatificación. A partir de este momento, la persona es conocida como "Beata" y se le permite ser venerada públicamente en una región o en la Iglesia en general. En este momento, la persona puede tener su festividad establecida.
La diferencia entre beatificación y canonización estriba en que la beatificación permite que la persona sea venerada en una región o país y generalmente en su comunidad local, mientras que la canonización es el paso final del proceso, en el cual la persona es declarada oficialmente santa y puede ser venerada universalmente en toda la Iglesia.
La beatificación no requiere de la comprobación de un segundo milagro (como en el caso de la canonización), pero sí es un reconocimiento formal de que la persona ha vivido una vida ejemplar y puede ser vista como modelo para los demás. En el proceso de Sor Juana de la Cruz solamente faltaría probar un segundo milagro.
Conclusión. Legado y significación feminista
Sor Juana de la Cruz es un ejemplo de devoción y entrega a Dios, y su vida es un testimonio de cómo la fe y la vocación pueden transformar la vida de una persona y de una comunidad. Hoy en día, su figura es admirada no solo en su región natal, sino también en el contexto de la Iglesia universal, donde su ejemplo de santidad sigue inspirando a muchos.
La vida de Sor Juana de la Cruz continúa siendo un símbolo de la importancia de la mujer en la Iglesia y un modelo de santidad que trasciende el tiempo y el espacio.
La figura de Sor Juana de la Cruz sigue siendo un símbolo de la fuerza de la mujer en la vida eclesiástica y un testimonio de cómo, a través de su entrega, sabiduría y carisma, ha dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia y la espiritualidad española.
Su capacidad para guiar a otros en la fe y su dedicación a la pastoral, especialmente en su rol como "párroco" de Cubas fueron valorados en su causa. Por esto podemos afirmar que es todo un ejemplo y que su caso sienta precedente para abrir el camino de la mujer en la Iglesia en cometidos tradicionalmente vetados para ella, tales como que una mujer pueda ser párroco. ----------------------
1. El Papa Honorio III, por ejemplo, se dirige a la abadesa del monasterio de Jouarre (en Francia) como “hija amadísima” y le reconoce su autoridad sobre los presbíteros. En Italia, la abadesa cisterciense de Conversano es descrita en ocasiones llevando mitra, báculo y estola bajo un baldaquino, recibiendo homenaje de todos sus súbditos, incluidos los miembros del clero, quienes se arrodillaban y le besaban la mano en señal de respeto y obediencia. El cardenal historiador Cesare Baronio la describió como un "Mostrum Apuliae", subrayando su extraordinaria posición.
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