Cuando estudiabas un antiguo poblado, entendías si sus habitantes tenían intención de volver y si era un abandono pacífico o bien si se iban de una manera violenta tras una guerra o invasión, dejando todo destruido atrás. Invasiones ha habido toda la vida, y la avaricia económica en forma de conquista, colonia o «inversión» hacen que casi todo valga, en nombre del medio ambiente.
Para la mayoría de los políticos, el medio ambiente es sólo un escudo, una excusa. Si quieren que nos cambiemos de coche es por el medio ambiente, si hay que producir más energía es por el medio ambiente... ¡Qué curioso! ¡Consumir recursos para «salvar» esos recursos!
En los años 70 la despoblación tal cual la conocemos ahora ya era noticia y, durante cinco décadas, el lento vaciado de la zona interior peninsular ha tocado fondo. Los pueblos de clima continental van modelando su paisaje, pero han seguido siendo una tierra viva generadora de oxígeno, de comida, de silencio... de todo lo que falta en las grandes urbes. A la carnaza de la despoblación han acudido buitres para sacar tajada, ya que no es creíble que un fondo de inversión extranjero venga a «salvarnos» de la despoblación.
Yo deseo que los pueblos con poca gente sean un lugar para poder visitar, para observar sus encantos, y que no se vendan ni se quemen.
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