Sánchez tiene muchos frentes abiertos porque, aunque no se cansa de decir que el Gobierno de España lo conforman el PSOE y Sumar, la realidad es que los centros de poder con capacidad de presión están fuera del Ejecutivo. Tan es así que Sánchez gasta sus días intentando taponar, a diestro y siniestro, las fugas que le provocan Junqueras y Puigdemont. La quita parecía resuelta hasta que desde Waterloo, Puigdemont ha amenazado al presidente con no apoyar la asunción de toda la deuda autonómica cuando la propuesta se convierta en Ley Orgánica y requiera del voto de 176 diputados. Y como siempre, y hasta el fin de la legislatura, los 7 diputados de Junts tienen la sartén por el mango. La cuestión de fondo no son solo las medidas políticas concretas, sino la anomalía estructural que condiciona toda la política interna. El gobierno de España se ha convertido en un prestamista que en nombre de los españoles se limita a satisfacer intereses particulares. Y esto es lo que hay que desenmascarar día a día y con machacona insistencia
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