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‘El chavalo de la chinela y el patín’

Relato corto
Bayardo Quinto Núñez
jueves, 3 de abril de 2025, 10:16 h (CET)

Del autor. Obra extraída y publicada en el año 2001 en una de mis obras literarias intitulada ‘En dos sitios’.


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CUENTO


La noche acariciaba suavemente los rostros de las personas que merodeaban por los alrededores del parque. Estaban sentados frente al quiosco, donde se posa en la cúspide estatua de una mujer desnuda, que señala con dedo índice hacia el universo, parte suroeste. Variedad de luces, de diversos colores, rodeaban el quiosco, la pileta del mismo absorbía la luminosidad de la luna, que la hacía más bella y refulgente.


La gente pasaba por doquier, los niños jugaban en los columpios, en los resbaladeros, otros andaban en bicicleta; todo estaba lleno de alegría y entusiasmo. La noche era cálida, bien observadora, no soplaba viento, las hojas de los árboles estaban quietas, a la expectativa de la entrada de la Navidad.

En ese devenir de cosas y pensares se aparecieron un par de niñas, dando vueltas alrededor del quiosco, patinaban sin cesar, una de ellas los manejaba con gran maestría y la otra ejecutaba con mejor técnica.


En ese momento recorría en la mente de Benjamín: “Esa niña maneja con destreza los patines, ha tenido escuela”. Observaba que las niñas disfrutaban el máximo el juego, y cada vez que pasaban por la banca donde estaba sentado Benjamín, sonreían con delicadeza e ingenuidad.


-Marina, la manera de actuar y vestir de esas niñas no es común -señaló Benjamín.


-Tenés razón, da la impresión que son de familia adinerada.


Al rato pasó un joven en una bicicleta, iba a toda velocidad, y atrevidamente le tocó la cadera a la niña más grande y le dijo-adiós amor-, y continuó su camino a grandes carcajadas. Las jovencitas estaban apenadas, se sentaron frente a Benjamín y lo observaban con rostro de preocupación.


El chavalo de la bicicleta volvió a pasar y le dijo a la niña -muñeca linda-, Benjamín las volvió a ver y la preocupación era más profunda, daba la impresión que estaban aterrorizadas.


Las niñas se levantaron y dieron una vuelta con extraña lentitud, comentaban a saber qué.

Posteriormente se acercaron a la banca donde descansaban Benjamín y su acompañante; no cabía duda, las niñas sonreían temerosas y daban la impresión que buscaban protección.


-¡Qué chavalo más vulgar! -dijo Benjamín.


-Si vuelve a pasar, lo seguiré y lo golpearé -dijo la niña agraviada.


-No le hagan caso, sigan jugando -dijo Marina.


Las niñas continuaron con su juego, daban una vuelta y se sentaban al lado de Benjamín. De repente aparecieron dos niños, que por las características de su vestir y lo clásico del patín que usaban, Benjamín señaló que esos eran niños pobres que iban a jugar con niñas ricas.


Las niñas se sorprendieron al ver a esos niños, pero agarraron confianza y se aproximaron a ellos; platicaban amenamente, entonces la pareja se dirigió a los cuatro niños y dijeron: Hagamos un juego, vayan a patinar. En ese momento , uno de los niños, el de la chinela y el patín causó impresión, en un pie tenía un patín viejo y sarroso, en el otro una chinela con hoyo. ¡Pobre chavalo!


La carrera dio comienzo, tres técnicas diferentes se iban a enfrentar, a la vista de una señal se dispusieron a salir, una de las niñas aventajó con la técnica perfecta, sin embargo, el chavalo de la chinela y el patín, manipulaba su pie enchinelado y se impulsaba, lo cual le permitía avanzar con más fuerza y velocidad, al extremo que ganó la carrera, y así sucesivamente compitieron una y otra vez, hasta el cansancio.


Las niñas estaban cansadas, se sentaron en la banca, en tanto los niños seguían dando vueltas alrededor del quiosco, y de vez en cuando se detenían a la orilla de la banca de descanso.


-¿Dónde viven ustedes? -preguntó Benjamín.


-Por el momento estamos viviendo aquí, pero nuestra residencia es en los Ángeles, California-contestaron las niñas.


-¿Con quién andan? -preguntó Marina.


-Con nuestra mamá y otros parientes.


-¿Y tú papá?


-Se quedó en Los Ángeles con los pies quebrados. Se echaron a reír.


-¿Qué le pasó tú papá?


-Se cayó de un edificio, él es Ingeniero, estaba supervisando una obra y sucedió la desgracia.


-¿Y piensan quedarse en esta ciudad?


-Tal vez por un tiempo más.


¿Cuándo piensan regresar a los Ángeles?


-El 22 de Diciembre.


-¿Y a dónde están viviendo?


-En Managua, con mi mamá, unos amigos y lógicamente los empleados. Tenemos una piscina y una computadora, a veces escribimos.


-¿Qué escriben? Las niñas sonrieron maliciosamente y no contestaron.


La pareja discurrió que no se habían equivocado, porque esas jovencitas eran de familia adinerada. Al rato las llamó su mamá, las niñas se despidieron amablemente como unos angelitos, para nunca más volver; pero quedó impregnado en la memoria, la belleza, delicadeza y relación fugaz entre el rico y el pobre. Al final de cuentas, ricos o pobres, los niños siempre se divierten. 

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La noche acariciaba suavemente los rostros de las personas que merodeaban por los alrededores del parque. Estaban sentados frente al quiosco, donde se posa en la cúspide estatua de una mujer desnuda, que señala con dedo índice hacia el universo, parte suroeste. Variedad de luces, de diversos colores, rodeaban el quiosco, la pileta del mismo absorbía la luminosidad de la luna, que la hacía más bella y refulgente.

Wafi Soraida Salih Mucharrafie (Trujillo, Venezuela, 5 de junio de 1965) es una escritora nacida en Venezuela de ascendencia libanesa educada en la Universidad de los Andes y con un posgrado en Magister en Literatura Latinoamericana. Sus obras más notables son Discípula de Jung, Huésped del Alba, e Imágenes de la ausente.

Están siempre dando leña, pretendiendo hacernos daño. ¿Si es parte de nuestra seña, porqué interfieres, extraño?

 
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